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CINE DE DENUNCIA

'Gracias a Dios', la película que da voz a las víctimas de la pedofilia

El filme de François Ozon se estrena este miércoles al desestimar la justicia la petición de la defensa del párroco procesado por abusos sexuales, protagonista de la cinta, de aplazar su difusión

Eva Cantón

Un fotograma de la película Gracias a Dios, dirigida por François Ozon.

Un fotograma de la película Gracias a Dios, dirigida por François Ozon.

'Gracias a Dios' ('Grâce à Dieu'), la película del realizador francés François Ozon sobre el escándalo de pedofilia que ha sacudido la diócesis de Lyon, se estrenará este miércoles en las salas francesas después de haber sorteado un escollo legal.

Gran premio del jurado en el reciente Festival de Berlín, el filme narra la génesis de La Parole liberée (La Palabra liberada), la asociación de víctimas de abusos sexuales del padre Bernard Preynat, procesado en enero del 2016 por haberse propasado con decenas de boy scouts entre 1980 y 1990.

La defensa del cura había solicitado aplazar su difusión hasta después del juicio, alegando que el largometraje violaba la presunción de inocencia del párroco. Sin embargo, los jueces han visto la petición desproporcionada.

En la cinta, tanto al principio como al final, se dice claramente que los hechos no han sido juzgados y que las personas que aparecen gozan de la presunción de inocencia, garantizando suficientemente este derecho. De haber fallado a favor del aplazamiento habría triunfado la censura previa.

Sufrimiento de las víctimas

“Mi película no se centra en el aspecto judicial, se centra en el aspecto humano, en el sufrimiento de las víctimas” decía Ozon tras ser galardonado en Berlín. El realizador ha querido romper el silencio que ha mantenido la Iglesia católica en Francia sobre los casos de pederastia en el clero.  

Las víctimas no solo acusan a la alta jerarquía eclesiástica de haberles abandonado sino de encubrir a quienes cometieron abusos durante años. Actualmente, esa complicidad con los curas pederastas se sienta en el banquillo en la figura del cardenal Philippe Barbarin, por no haber puesto en conocimiento de la justicia los desmanes de Preynat.