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UNA PRÁCTICA DIFÍCIL DE ERRADICAR

Los Mossos evitaron el año pasado 15 mutilaciones genitales femeninas

Los especialistas reclaman que "la represión" sea el último recurso y apuestan por sensibilizar e informar

La suma de la prevención y la actuación policial hizo que no llegara ninguna denuncia por ablación consumada en el 2018

Marta Alcázar

Juicio en la Audiencia de Barcelona a un matrimonio acusado por la ablación de sus dos hijas.

Juicio en la Audiencia de Barcelona a un matrimonio acusado por la ablación de sus dos hijas. / RICARD CUGAT (ARCHIVO)

Los Mossos d'Esquadra evitaron la mutilación genital femenina (MGF) de 15 menores catalanas en el 2018, seis más que en el 2017, año en el que se registraron nueve intervenciones. Del total de los casos registrados el año pasado, ocho fueron en el área metropolitana de Barcelona, tres en Girona, dos en Tarragona y uno en las comarcas leridanas. Las familias de las niñas eran originarias del continente africano. La policía catalana no registró ninguna denuncia por mutilaciones consumadas.

La alerta a los Mossos llegó por diferentes vías: “Seis casos fueron denunciados por un familiar directo, cuatro por el pediatra, tres denuncias llegaron de los servicios sociales y dos de la escuela”, contabiliza la cabo Andrea García, responsable del Grupo Central d’Atenció a la Víctima. “Todos los casos fueron preventivos y el juez emitió las medidas correspondientes, como prohibir la salida de la menor del país o tomar declaraciones a los padres”, añade.

Represión como último recurso

El protocolo para la prevención de la mutilación genital de niñas en Catalunya, en marcha desde el 2007, conecta a profesionales sanitarios, trabajadores sociales, profesores, Mossos y fiscalía. Pero los sanitarios coinciden en que la falta de coordinación provoca la intervención precipitada de la policía: “El protocolo deja la represión como último recurso, pero a menudo se aplica este recurso ante un viaje inminente sin que haya habido el trabajo de prevención con las familias para desactivar el riesgo”, explica Anna Moyà, pediatra en La Bisbal de l’Empordà. “Sabe mal cuando se judicializa a una familia que está en contra de la mutilación de forma precipitada”, opina Imma Sau, pediatra de Santa Coloma de Farners.

“Con una buena prevención no se llega a los Mossos, pero si se ha de ser coercitivo se actúa”, reconoce Oriol Amorós, secretario de Igualdad, Migraciones y Ciudadanía desde el Departament d’Afers Socials. Los planes de la conselleria pasan por sensibilizar a todo el colectivo en los próximos dos años: “La prevención llegará a toda la población de riesgo y lo haremos con el padrón en la mano”, ha avanzado Amorós, a la espera de recibir los recursos correspondientes.

Tres millones de niñas al año

La ablación sexual supone la mutilación parcial o total de los genitales externos femeninos y es delito en España con penas de 6 a 12 años de cárcel. No lo es en algunos países de África, donde constituye una tradición difícil de erradicar. UNICEF estima que 200 millones de mujeres han sufrido esta atrocidad y que tres millones de niñas están en riesgo cada año.

Catalunya es la comunidad con más mujeres originarias de países practicantes de la MGF. Proceden sobre todo de Senegal, Gambia, Nigeria, Guinea y Ghana. Un total de 21.298 mujeres, entre ellas 6.295 menores de 14 años eran de estos países en el 2016, según el Mapa de la Mutilación Genital Femenina en España elaborado por la Fundació Wassu-UAB. Esta ONG, que trabaja en la investigación y prevención de la MGF, puntualiza que no todas han sido mutiladas ni son población de riesgo.

Compromiso de renuncia

El país de origen, la lengua materna, el historial de mutilación en familiares directos y un viaje a su país son algunas de las señales de alarma. En estos casos, los pediatras ofrecen a los padres la firma de un compromiso en el que manifiestan conocer la legislación y renuncian a mutilar a sus hijas. “Algunos padres dicen que les ayuda a quitarse la presión social”, afirma Amorós. Si los progenitores se niegan a firmar dicho compromiso, el caso llega a la fiscalía.

Fatou Secko, formadora originaria de Gambia, cree que hay puntos a mejorar: “El protocolo va bien pero ellos son astutos. Hay familias que ceden ante la presión familiar, mutilan a las niñas y las dejan en África por miedo a la cárcel. Luego, las niñas regresan a Europa ya casadas y cuentan como recién llegadas”, lamenta. La pediatra Imma Sau, que también estudia los casos de riesgo en una mesa local, considera que son casos aislados: “Ahora las familias nacionalizan a sus hijas. Hacemos seguimiento y si perdemos a alguna de vista es porque se mudan a otros países y cambian de nacionalidad”, comenta.

Hemorragias, anemias e infecciones son algunos de los riesgos de las niñas mutiladas. Más adelante, las mujeres pueden sufrir molestias sexuales y complicaciones en el parto. Los profesionales coinciden en que la práctica sigue viva por falta de información. “Nadie les ha hablado antes. Conocen las complicaciones pero no las atribuyen a la mutilación. Cuando reciben la información tienden a cambiar de opinión”, explica la pediatra Anna Moyà.

Los hombres

La sensibilización pasa ahora por los hombres. El Departament de Afers Socials organizó en noviembre las primeras formaciones dirigidas a la población masculina de origen africano. “Hemos visto que hay una gran ignorancia sobre la mutilación entre los hombres y al conocer las consecuencias se sorprenden”, subraya Amorós. Secko incide en la importancia de que tomen partido: “En nuestro país, es la abuela paterna quien pide mutilar a la niña y solo su hijo puede negarse” aclara.

Secko también forma a profesionales en comunicación intercultural y a recién llegados: “Es una práctica milenaria. Se hace para que la mujer llegue virgen al matrimonio, sea fiel, pura a los ojos de Dios y fértil. Son creencias fáciles de desmontar pero es importante debatirlo desde su el punto de vista de allí porque muchas proceden de entornos rurales y no saben leer”, comenta. Ella les muestra imágenes de genitales sin mutilar y compara sus problemas con los de mujeres autóctonas: “La primera reacción es siempre de sobresalto. Creen que es algo normal”, explica. A algunos les costará cambar de opinión porque la mutilación forma parte de su identidad étnica: "Una mujer mandinka no se concibe a sí misma como mujer y como mandinka si no ha pasado por el ritual que la hace miembro del grupo, pero tampoco quieren ningún mal para sus hijas" explica Moyà.