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El salto de los menas desesperados

Menores inmigrantes tratan de llegar a la península abordando buques

Los tripulantes y la Guardia Civil han sorprendido en Ceuta, Melilla y Nador a adolescentes saltando desde el muelle, escalando las sogas de amarre o intentado embarcar en estampida

Juan José Fernández

Menores inmigrantes intentan abordar buques para llegar a la península.

Los inmigrantes africanos que saltan las vallas de Melilla o de Ceuta también han de saltar después el mar hasta Europa, o al menos hasta un barco que les cambie de continente. Y en ese salto no hay concertinas, pero sí peligros aún mayores.

Menores extranjeros varones no acompañados (los MENAS) intentan abordar los cargueros y ferries que viajan la península y las ciudades españolas del norte de África o sus proximidades, con frecuencia poniendo en grave riesgo sus vidas. En los últimos dos años se han hecho frecuentes estos saltos, según fuentes del sector náutico andaluz.

Las escenas de estos tres vídeos están protagonizadas por inmigrantes magrebíes que no han cumplido aún los 18 años. Ellos son mayoría en los abordajes a los ferries de Balearia y Trasmediterranea (esta última ahora integrada en Naviera Armas) que cruzan el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán.

Salto mortal

El método más espectacular es también el más peligroso. Consiste en esperar a que el buque haga las maniobras de desatraque para zarpar, coger carrerilla, correr con todas las fuerzas y saltar desde el muelle hasta un costado intentando quedar agarrado a algún gancho, saliente u oquedad.

Con frecuencia el asaltante cae al agua noqueado, o simplemente no sabe nadar, o queda a merced del movimiento del barco sin que a bordo se perciba su presencia.

Si consigue engancharse, el inmigrante intentará esconderse en unos huecos sobre las hélices, o en estrías que lleva el portalón trasero del ferry, según explican las mismas fuentes. En el caso de la línea Melilla-Almería, son ocho horas, muchas veces de mar movido. "Es muy difícil sostenerse así todo el viaje. Yo creo que la mayoría cae al agua", sospecha un capitán de transporte de pasajeros.

El vídeo del salto que abre este reportaje está tomado desde la borda de un buque de Balearia el 28 de noviembre de 2017 en el puerto marroquí de Beni Enzar, que comparte ensenada con el de Melilla. El saltador se dañó la mandíbula con el golpe.

Un joven inmigrante regresa al CETI de Melilla para pasar la noche. / EL PERIÓDICO

Algunos chicos saltan con la falsa creencia de que, si ponen pie en un barco español, ya habrán entrado en territorio de España. Pero los que son sorprendidos en el barco, al llegar a la península son retenidos por la tripulación a la espera de que lleguen las Fuerzas de Seguridad del Estado. "Y sistemáticamente nos los devuelven para que los dejemos en el punto de origen", lamenta la misma fuente.

Últimamente los menores se lo saben, e intentan no llegar a tierra estando a bordo. Al amanecer y tras una noche agotadora, cuando están ya cerca de Almería, ciudad de destino de las líneas de Melilla y Nador, saltan al agua para intentar alcanzar a nado la playa de El Zapillo, que se extiende a la vista cuando el ferry gira para dirigirse a la bocana del puerto.

Escalada de estachas

Hay otro método, ya en territorio español, que intentan los menas con cierta frecuencia: subir por las estachas (sogas de amarre a tierra) e intentar colarse por la borda en alguna hora en la que crean que afloja la vigilancia.

Nuevamente el peligro es mortal, porque la borda de los ferries tiene varios pisos de altura. A menudo caen entre el barco y el muelle, o se golpean con los norais de hierro o con el borde de cemento del muelle.

Intento de abordaje de dos menores escalando las estachas del ferry Sorolla de Trasmediterranea. / EL PERIÓDICO

El vídeo que ilustra este método se grabó en febrero de 2018 en el puerto de Melilla, a la sombra del buque Sorolla de Trasmediterranea, y en él se ve una interceptación a cargo de la Guardia Civil. "Antes, cuando atracábamos, se ponían coches con guardias civiles a proa y a popa en el puerto para evitar esto –relata un tripulante veterano de las líneas entre África y la península-, pero ya no. Se ve que les faltan efectivos".

Los capitanes de los ferries se ven obligados a destinar personal a vigilar las estachas para que los menas no se suban. Pero, con la tripulación tan ajustada en las navieras, esa vigilancia no siempre puede ser contínua.

Avalancha en la popa

El tercer método, el menos usual, es intentar colarse en el aparcamiento del ferry en avalancha, saltando previamente la alambrada que cierra el puerto e intentando burlar a la Guardia Civil por el sistema de correr en todas direcciones. De nuevo son adolescentes los que ponen en práctica este intento de llegar a Europa. Saben que solo unos pocos, quizá uno o ninguno, conseguirán entrar y esconderse en el buque, en este caso el Fortuny de Trasmediterranea.

Intento de abordaje en avalancha de menas durante la Nochevieja pasada en el puerto de Melilla. / EL PERIÓDICO

El vídeo se grabó poco después de las campanadas de la pasada Nochevieja en los aledaños del puerto de Melilla. Los chicos inmigrantes intentaron aprovechar ese momento de la fiesta del fin de año y entrar en un ferry que tenía hora marcada para zarpar a las 00:30 con destino a Málaga.

Pero la tripulación del buque los vio llegar y cerró el portalón de popa. Varias decenas de menas corrieron por el puerto y las calles aledañas, hasta el caso viejo de la ciudad, esperando a que se volviera a abrir. El buque partió con retraso. "En una ocasión se colaron quince. Hubo que echarlos", relata lacónicamente el tripulante.

Cristal en mano

Jóvenes desesperados, algunos alojados en el CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) de Melilla, rondan el puerto a la espera de una oportunidad.

La acción policial se ha intensificado en la zona recientemente y ahora se ven menos. Al atardecer, enfrente del CETI y cerca del paso fronterizo de Mari Guari, adolescentes africanos de diversas procedencias se juntan en pequeños grupos para encender una hoguera, charlar, algunos incluso beber o drogarse, mientras preparan nuevos intentos de pasar a la península; si no es en abordaje, en los bajos de algún camión.

Hogueras al atardecer junto al paso fronterizo melillense de Mari Guari. En torno al fuego, menores extranjeros no acompañados. / EL PERIÓDICO

La vigilancia policial se incrementó después de una oleada de atracos en los alrededores del puerto. En verano, un grupo indómito de jóvenes, que dormía en un cercano acantilado, acechaban a los paseantes agazapándose entre los coches aparcados. Si la víctima era fácil de atacar, le salían al paso armados con pedazos de cristal roto. Intentaban hacerse con fondos para su próximo paso.

"Cuando entran en el barco, suelen escoger la sentina o el parking para esconderse –relata la fuente náutica–. Algunos llegan nadando, y les pillamos cuando nos ponemos a buscar, porque siempre dejan un reguero de gotas de agua hasta su escondite".