EL CALVARIO JUDICIAL

Niños obligados a ver al supuesto pederasta

En la demanda a la Eurocámara se incluyen cinco historias reales de las víctimas que han sufrido las deficiencias del sistema

Dos jueces en una foto de archivo.

Dos jueces en una foto de archivo. / JOSE LUIS ROCA

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La demanda presentada ante la Eurocámara incluye cinco relatos de casos de ocho niños y niñas que supuestamente han sufrido abusos sexuales o maltrato por parte de su padre. Las asociaciones que han impulsado la iniciativa sostienen que "son paradigmáticos, pues muestran un patrón de comportamiento de la justicia española" y permiten observar "cómo se contempla el interés" del menor, de qué forma se realizan las evaluaciones forenses y cómo se investiga.

Cristina, de 10 años, era víctima de abusos sexuales desde los cinco años. No quería ver a su progenitor, pero se vió "obligada" a cumplir el régimen de visitas. Una psicóloga constató que su relato era veraz, pero un equipo forense del juzgado, en una única sesión, concluyó que la explicación de la menor no aportaba suficientes datos, introduciendo la idea de una supuesta "cristalización en la memoria de hechos abusivos". De esta manera, se proponía la idea de la inducción materna en un relato falso de abuso sexual. No se tuvo en consideración la opinión de la niña y el equipo técnico del punto de encuentro la llegaron a calificar de mentirosa.

Miedo y pánico al padre  

En otro caso de presuntas malos tratos por parte de su padre a lo hermanos, María y Luis, de 10 y 7 años, el juzgado escuchó al niño un año después de la presentación de la denuncia. En los pasillos, además, el chico se topó con su progenitor, "desencadenándose una reacción de pánico". El auto de archivo determina que no se puede considerar que se cometiera delito porque algunas lesiones graves se produjeron de "manera accidental" y que en el resto de ocasiones se trató de simples "cachetes". De forma casi inmediata, el padre inició acciones para conseguir la custodia de los menores. La madre ha estado encausada porque, ante las lesiones que presentaban sus hijos, no les llevó a las visitas con el padre.

Eva es una adolescente de 14 años. Convivía con el padre por acuerdo de ambos progenitores. Al cabo de un tiempo, la chica le confiesó a su madre sus miedos respecto al hombre. Relató que le insultaba y la golpeaba y pidió irse a vivir con ella. La mujer acudió a la Guardia Civil y denunció. De forma paralela, en otro proceso civil se establecieron nuevas medidas. Pero un día, cuando Eva iba paseando con una amiga, se encontró con su padre. Perseguida a la carrera y agarrada por los pelos, fue introducida a la fuerza en el vehículo que conducía el progenitor. La amiga declaró todo en el juicio, pero la joven, que fue al juzgado acompañada por el hombre, lo negó. Nadie evaluó si habían existido amenazas o coacciones.

Internados en un centro

David y Alejando son dos hermanos de 15 y 17 años. Cuando se presentó la demanda hacía cinco años que estaban internos en un centro de menores porque no querían vivir con el padre. Ambos fueron testigos de la violencia ejercida contra su madre y, según su versión, ellos también recibieron maltrato físico y trato vejatorio por parte del progenitor. Una psicóloga del servicio público llegó a emitir un informe advirtiendo del riesgo de que fueran a vivir con él. A pesar de ello, un juzgado estableció la custodia del padre basada en que la negativa a convivir con él se debía a la influencia materna. Dada la edad de los chicos, la medida fue imposible de ejecutar y acabaron en un centro. La queja recoge otro caso de abusos sexuales donde fueron denegadas "sin motivación" las pruebas solicitadas.

La demanda no lo recoge expresamente, pero sí se ha tenido en cuenta el caso de Blanca (nombre ficticio), publicado en abril del 2017 por EL PERIÓDICO. Su hija tenía 3 años cuando una pediatra le preguntó qué le había hecho su padre, ante la sospecha de que hubiera abusado de ella. "Empujarme, pegarme... tocarme la vulva, chafarme el 'cap' (cabeza), los ojos, las manos, los dedos, la nariz, las piernas, los pies". Y esto de tocarte la vulva, ¿cuándo lo hace?, continuó la doctora. "Cuando yo le rasco el 'penis'", respondió la cría. ¿Y cuándo es eso? "Cuando me meto en la bañera".  El encuentro fue grabado en el mayo del 2016. 

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Mientras un juzgado penal archivó el caso, una jueza de familia acordó, en una resolución pionera, la suspensión de las visitas y comunicación de la menor y de su hermano pequeño con el progenitor. La resolución desacreditaba por "falta de coherencia" el dictamen de la unidad de servicios de detección de abusos del Hospital Sant Joan de Déu. Una pediatra y una psicóloga concluyeron que la madre, que nunca fue visitada, podría haber influido en el discurso de la pequeña. Blanca ha recibido hace unos días un fuerte revés. La Audiencia de Barcelona ha estimado el recurso de su expareja y tiene que llevar a sus dos hijos a punto de encuentro y a uno de ellos al pediatra para “desbloquearla”. 

Este diario, en octubre del 2018, explicó otro caso, el de Montse, una mujer a la que se le ha retirado la custodia de su hija tras denunciar presuntos abusos por parte del padre. Sin pruebas, se determinó que la mujer sufría "preocupación mórbida".