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COMIENZA EL JUICIO

El acusado del doble crimen de Aspa dice que se quedó "en blanco"

Alega que sufre problemas derivados de una patología crónica no diagnosticada

La fiscalía y las acusaciones rechazan esta versión y reclaman una condena por asesinato

El Periódico

Empieza el juicio contra el cazador que mató a dos agentes rurales en Aspa (Lleida). / RAMON GABRIEL (VÍDEO: EFE)

Ismael Rodríguez, el cazador que disparó mortalmente contra dos agentes rurales hace ahora dos años en un coto de caza de Aspa (Lleida), ha declarado este lunes durante la primera jornada del juicio que tan sólo recuerda ver a las víctimas en el suelo porque en el momento en que usó su escopeta "me quedé en blanco".

El juicio, que está previsto que se alargue como mínimo tres días, ha empezado este lunes, cuando hace exactamente dos años del doble crimen de Xavier Ribes (43 años) y David Iglesias (39 años), el 21 de enero del 2017 cuando hacían un control rutinario de caza en el coto de Aspa.

Rodríguez ha afirmado en el juicio que los agentes se le acercaron por la espalda, aunque no apercibió sus pasos cuando se aproximaron, y que recuerda que le dieron los 'buenos días" y le pidieron que descargara su arma. A partir de ese momento, "sólo recuerdo ver la insignia de agentes rurales, verles a ellos en el suelo e irme hacia el coche" con el que había viajado al coto con otros cazadores desde Terrassa.

Allí se encontró con uno de sus compañeros de caza y le confesó: "Creo que he disparado a dos personas". El grupo de cazadores que habían acompañado a Rodríguez hasta Aspa y que se habían dispersaron se pusieron en contacto entre ellos para reunirse de nuevo en el coche y hablar sobre lo sucedido.

Rodríguez ha argumentado que no llamó antes a los servicios de emergencia ya que esperó a que se encontraran todos los miembros del grupo. El imputado ha asegurado que no se sintió presionado para llamar al teléfono de emergencias 112 cuando se lo pidieron sus compañeros y que fue él mismo el que preguntó al grupo: "¿A quién hay que llamar?".

Mossos creen que fue "certero"

Un agente de los Mossos d'Esquadra que declaró en el juicio consideró que el acusado disparó porque temía que le quitaran la escopeta ya que no tenía licencia de armas.

"Lo atribuyo a que le había caducado la licencia de armas. La suya, de altas prestaciones, la había comprado en agosto de 2016 sobre 2.500 euros y, aunque debía haberla depositado en la Guardia Civil, la cedió a un amigo para mantenerla en su poder", ha explicado un agente.

"El acusado colaboró. En fase de declaración llegamos al punto crítico de descripción de la dinámica de los hechos en el que se bloquea. Había sido consciente de las irregularidades administrativas. En fase policial no dice que tiene espacios en blanco", afirmó el agente. Uno de los agentes ha declarado que los cuatro disparos del acusado, I.R., "fueron certeros y de alta precisión"; que las víctimas no tuvieron tiempo de reaccionar, por lo que, si la policía catalana hubiera actuado, las consecuencias habrían podido ser las mismas; y ha coincidido con otros policías en que el relato del acusado fue coherente.

"Los disparos son certeros, de alta precisión --ha explicado un mosso--. Efectúa tres disparos sin tener que cargar. Requiere la carga de otro cartucho, no albergamos ninguna duda en cuanto al doble asesinato".

Y, según otro agente, "se mostraba nervioso por lo que había hecho" pero en todo caso coherente y razonable en la narración de los hechos, sin lapsus y narrada bastante cronológicamente dentro del nerviosismo del hecho, y que se mostró dispuesto a colaborar en una reconstrucción de los hechos que se hizo de manera rápida.

Defensa alega problemas psicológicos

Durante el interrogatorio, el cazador también ha declarado que padece problemas psicológicos derivados de una especie de epilepsia que sufre desde pequeño y que, por eso, hay episodios de su vida que no recuerda. En palabras de su abogada,  Montserrat Torres, el acusado sufre una patología crónica no diagnosticada ni medicada, que hace que tenga "crisis y explosiones incomprensibles y desmesuradas" y que disparó de manera "irreflexiva" e "inconsciente".

La fiscalía y las acusaciones descartan esta teoría al entender que actuó con intención de matar, y solicitan que se le condene por asesinato. Según el ministerio público, el acusado efectuó dos disparos a cada agente, los primeros a una distancia de entre 3 y 6 metros cuando ya estaban en tierra y a la altura de la cabeza. La escopeta que llevaba, añade, solo podía disparar tres disparos, por lo que "tuvo que recargar el arma para disparar el cuarto".

Es por eso que la fiscalía considera probada la intención de matar del acusado y califica el crimen de asesinato con alevosía en concurso con un delito de atentado contra agentes de la autoridad porque actuó "para evitar ser descubierto otros delitos". Y solicita que se le impongan 23 años y 8 meses de prisión por cada asesinato (teniendo en cuenta la atenuante de confesión) y un año de prisión más por tenencia ilícita de armas, ya que el cazador se encontraba con la licencia caducada y estaba utilizando una escopeta a nombre de un amigo que tampoco disponía de la autorización necesaria. En total, 48 años y cuatro meses de prisión.

Además, pide que el acusado indemnice a los familiares de las víctimas (mujeres, hijos y padres) con más de un millón de euros en total.

Las acusaciones particulares que representan las familias de las víctimas y el cuerpo de agentes rurales, aumentan la petición de pena hasta los 51 años de prisión, al añadir un delito contra la flora y la fauna.

Medidas de seguridad

En una sala de vistas de la Audiencia de Lleida que ha quedado pequeña, se encontraban presentes, visiblemente emocionados, las esposas y varios familiares de los dos agentes rurales fallecidos.

A las puertas del edificio judicial se ha concentrado un grupo de agentes rurales con una pancarta en la que se pide que se implementen todas las medidas de seguridad para el cuerpo que el gobierno de la Generalitat se comprometió a establecer tras el crimen de sus compañeros

El asesino confeso, vecino de Vacarisses (Vallès Occidental) y de entonces 28 años, les disparó con una escopeta, sin licencia, a nombre de Miguel Àngel F. S., acusado de cooperador necesario.

El delegado de prevención de riesgos laborales de CCOO de los Agentes Rurales, Manel Vidal, ha denunciado que desde el doble crimen de Aspa, las medidas de seguridad promesas siguen sin implantarse. "Se nos prometió que los agentes haríamos más de 100 horas de formación y solo llevamos 24 y no llevamos ni armas, ni defensas extensibles como se prometió. Solo se nos han dado chalecos", ha explicado.

Por todo esto, piden la implicación de toda la Generalitat y que se salga adelante el reglamento de armas. El presupuesto no es excusa, lamenta, porque "estamos hablando de la seguridad de 500 trabajadores que cada día salimos a defender la natura con un bolígrafo, un papel y el pecho por delante".