Ir a contenido

llamamiento solidario

Refugiados en casa para que no duerman en la calle

Buscan 100 familias dispuestas a darles cobijo mientras aguardan los permisos legales

Elisenda Colell

Mamadou es uno del centenar de refugiados que participa en el proyecto Hospitalaris.

Mamadou es uno del centenar de refugiados que participa en el proyecto Hospitalaris.

Mamadou se escapó de Guinea Conakry a principios de año pasado. La familia de su novia le pegó una paliza que casi le deja muerto. Las cicatrices que tiene en la cabeza son imborrables. Después cruzó el Mediterráneo en patera y en agosto pisó Barcelona. Septiembre, octubre y noviembre los pasó durmiendo en las calles del Raval, hasta que una familia lo acogió en su casa. Ahora la ONG Migrastudium busca 100 familias dispuestas a dar cobijo a todos estos chicos que, como él, viven peligrosamente en la miseria.

Ahora Mamadou sonríe, ya ha conseguido una entrevista con Extranjería y hace un mes le dieron la tarjeta del solicitante de asilo. Atrás quedan las palizas que recibía en Guinea por la limpieza racial a que le sometió la familia de su novia. Él pertenece a la etnia poeuhl, ella es malinké. Con sus padres no ha roto el contacto, sigue hablando, pero con ella ya no hay ni una conversación. "La obligaron a casarse con un primo suyo, fue un matrimonio forzado, no quiero ni pensar en cómo lo estará pasando". Su vida tampoco ha sido fácil. Atravesar el desierto, cruzar el mar y vivir en la calle no lo es. "En esta nueva familia soy muy feliz, mi vida es más bonita, más fácil", cuenta el guineano en francés dos meses después de integrarse en la vida de un hogar de Sant Adreu.  

Mamadou señala su país, Guinea Conackry, donde tubo que huir por persecucion étnica / ALBERT BERTRAN

"Es inaceptable que estén viviendo en la calle o en los albergues, nuestra obligación es acogerles", ha explicado Ma Carmen de la Fuente, directora de Migrastudium hoy en rueda de prensa. Según de la Fuente, la realidad ha "desbordado" a las administraciones. "Si antes la Oficina de Extranjería tardaba tres semanas en dar una entrevista para los solicitantes de asilo, ahora pueden llegar a pasar hasta 6 meses", aseguran des de la entidad. En cuanto consiguen la entrevista, ya pueden entrar en un centro de acogida de las entidades que gestionan en Plan Estatal de Ayuda al Refugiado. El problema es el mientras tanto. Muchos han optado por vivir en la calle, en los albergues municipales o ocupando locales vacíos. 

Para que puedan salir de la calle, Migrastudium busca 100 familias de acogida en la ciudad de Barcelona que les puedan acoger durante 3 meses. En realidad la demanda es mucho mayor, pero Migrastudium no se ve capaz para acompañarlos a todos. Durante el día les ayudan a buscar trabajo y hacer cursos formativos. Para las familias que se quieran ofrecer solo hay dos condiciones: una habitación libre y tiempo para el migrante. 

Pero a la vez, este programa quiere ayudar a la integración de estas personas en la sociedad catalana. "Aquí están completamente solos, no tienen a nadie", dice la directora. "Una familia puede ofrecer amistad, apoyo... solo así seremos una sociedad abierta, solidaria y acogedora", insiste Llorenç Puig, delegado de los Jesuïtas en Catalunya.

En los dos últimos años han sido ya 27 las familias que han participado en el proyecto Hospitalaris. Blanca Baurier, su marido y sus tres hijos acogieron a Ibrahim durante tres meses. Aún recuerda al principio, cuando le daba miedo que el joven, de 22 años, se quedara solo en casa con sus dos hijas adolescentes. "Descubres que son personas, que también tienen miedos y mis hijos han evolucionado muchísimo. Han empatizado con él y han aprendido que hay personas que viven una realidad mucho más dura". Ahora Ibra, como ella le llama, trabaja de camarero y vive de alquiler. "Es como un hijo más", explica, "siempre presente en las comidas familiares, la Navidad y disponible para todo lo que necesitemos"