14 ago 2020

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falta de control

La grieta de la Fiscalía de Menores para burlar la protección

Los adolescentes que son detenidos por los Mossos vuelven a huir en cuanto el fiscal decreta su libertad

Las entidades sociales aún esperan que se cumpla la promesa de construir un centro de acogida dentro de la Ciutat de la Justícia

Elisenda Colell / Guillem Sànchez

Jóvenes migrantes, en las dependencias de la Fiscalía de Menores de la Ciutat de Justícia.

Jóvenes migrantes, en las dependencias de la Fiscalía de Menores de la Ciutat de Justícia. / JULIO CARBO

Los menores que cometen un delito y, tras pasar a disposición judicial, quedan en libertad, deben esperar a que sus tutores les recojan. En el caso de los desamparados, son los equipos de traslados de la Generalitat los que los devuelven hasta los centros. Sin embargo, en los últimos meses, la Ciutat de la Justícia ha dejado una ranura que aprovechan todos los menores que quieren escapar de la protección. Fuentes consultadas por este diario afirman que Fiscalía y Generalitat están trabajando en una solución para intentar resolver el problema.

En Barcelona, cuando un menor de 14 a 18 años comete un delito y los Mossos le logran detener, es trasladado a la Fiscalía de Menores en la Ciutat de la Justícia. Los chicos aguardan en las celdas antes de pasar a disposición del fiscal. En este espacio trabajan un grupo de educadores que los acompañan y asisten a sus declaraciones. Después, el fiscal de guardia decreta si salen en libertad con cargos o se quedan para responder ante un juez. 

El delito tiene que ser realmente grave -tentativa de homicidio o violación, por ejemplo- para que un joven acabe retenido. En la mayoría de los casos, especialmente entre estos especializados en hurtos, se resuelve dejarlo en libertad con cargos a espera de juicio. El educador avisa entonces a la UDEPMI, el equipo de emergencias de la DGAIA, que activa una plaza de un centro y el equipo de traslados. Actualmente la Generalitat sí encuentra plazas y conductor disponibles en cuestión de pocas horas. Unas horas, sin embargo, que por pocas que sean algunos aprovechan para huir. 

El educador vuelve a las celdas para atender los otros chicos. Los Mossos se van a sus oficinas y los chicos se quedan solos en la sala de espera de la Fiscalía de Menores. "Los que no quieren ir a los centros tutelados se escapan y cuando llegan las furgonetas ya no están", apuntan varias fuentes, tanto sociales como policiales. Y todo ello pasa ante la mirada de los agentes de seguridad de la Ciutat de la Justícia.

Lo que podría ser un espacio de contención se ha acabado convirtiendo en una vía de escape que reinicia el problema. Según constatan algunas fuentes del sistema de protección, tanto la Fiscalía de Menores como la Conselleria d'Afers Socials tienen previstas algunas reuniones en las proximas semanas, conscientes de que es necesario un cambio del protocolo.

La negativa a vivir en el campo

Numerosas fugas de menores no acompañados de origen extranjero de las que sufren una gran cantidad de centros, en concreto unos 70, vienen motivadas porque detestan vivir en comarcas alejadas del área metropolitana. "Los niños huyen de zonas rurales buscando una vida próspera en la ciudad, en cuanto ven que están fuera de Barcelona, creen que no van a prosperar", señala el vicepresidente del Col·legi de Educadors Socials, Lluís Vila, que apunta, no obstante, que la inserción en el campo es mucho más fácil que en la urbe. "Si no hay posibilidad de empleo, la ciudad favorece la caída en los robos".

Hace al menos dos años que diversas entidades sociales apuntaron la necesidad de habilitar un espacio de acogida en la Ciutat de la Justícia para jóvenes que esperan en Fiscalía. Diseñado para chicos que esperan la plaza de protección, que permitiera asesorarles en su idioma y con calma sobre lo que les puede ofrecer Catalunya. El año pasado, en distintas ocasiones, el Govern se comprometió a crear este espacio. Incluso planteó la propuesta a la Cruz Roja. Hoy sigue sin existir.

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