Ir a contenido

La niña que entra en clase desde el hospital a bordo de internet

Una menor que recibe tratamiento contra la leucemia conecta a diario con su colegio para no perder el curso

Un sistema de cámaras permite que Judith pueda incluso participar en los trabajos en grupo

Óscar Hernández

Judith, una niña afectada de leucemia, sigue la clase a través de Skype desde el Hospital Sant de Déu.

Judith, una niña afectada de leucemia, sigue la clase a través de Skype desde el Hospital Sant de Déu. / RICARD CUGAT

En la clase de tercero de primaria de la escuela pública de Puig-Reig (Berguedà) se escucha un llanto desconsolado, “¿Qué es eso?”, pregunta una alumna. “Tengo a un bebé llorando detrás”, contesta Judith quien no está en el aula, sino a 80 kilómetros de distancia, en el Hospital Sant Joan de Déu, en Esplugues de Llobregat, donde sigue un largo tratamiento contra la leucemia. Una tableta, un ordenador, dos cámaras y el wifi hacen posible que Judith comparta la clase con sus compañeros como un alumno más pese a su larga enfermedad.

Aunque el Hospital Sant Joan de Déu cuenta con un servicio de profesores para ayudar a los niños ingresados y la Conselleria d'Educació también gestiona el envío de un maestro a domicilio cuando se necesita, el caso de Judith Pelfort es único. La pequeña está enamorada de los estudios, el  colegio y sus compañeros. Su buena actitud , la complicidad de su madre y la de la tutora de la escuela han hecho realidad una escolarización virtual a través de internet.

La historia, que aún no ha  concluido, comenzó hace año y medio. "Fue en julio del 2017 cuando estábamos en la piscina y vimos que Judith tenía un color diferente. Fuimos al hospital de Manresa. De allí la trasladaron a Sant Joan de Déu donde se quedó un mes. Tenía leucemia", explica Anna Torramorell, la madre de Judith, en el box del hospital de día donde este mes de diciembre aún le inyectan defensas durante 12 horas seguidas un día a la semana, el único que ahora no va físicamente al cole.

Leucemia de alto riesgo

“Me dijeron que tenía una leucemia de alto riesgo y tuvimos que ir a vivir a Barcelona para seguir el tratamiento en el hospital. Iban a ser dos años, así que antes de empezar el colegio fui a ver a su tutora para explicárselo”, añade Torramorell, que también es maestra, minutos antes de que Judith se conecte de nuevo a su clase con la tableta desde la cama del hospital de día.

Teresa Costa, la tutora de la pequeña el curso pasado, enseguida se puso manos a la obra. “En el primer día de colegio hice un vídeo con el móvil en la clase y se lo envié a su madre para que lo viera Judith. Luego, pensé que si yo a menudo hablaba con mi hijo por Skype mientras estaba de Erasmus podía hacer algo parecido con la niña. Así que se lo comenté a un padre de la escuela que sabe de informática”, cuenta Costa, entonces tutora de los  alumnos de segundo de primaria.

El padre voluntario instaló dos cámaras. Una cenital que ofrece una panorámica de toda la clase y otra portátil que sirve para hacer planos cortos de los alumnos o la profesora. Esa segunda cámara, instalada en un trípode, también permite que la pequeña vea, por ejemplo, la pizarra o participe en un trabajo de grupo. “Judith es una alumna muy aplicada y responsable. Si salíamos de excursión al Poble Espanyol, por ejemplo, nos llevábamos la tableta y conectábamos con ella vía wifi”, añade la profesora, entusiasmada con el éxito de la iniciativa, que sido premiada por la Fundació Carulla.

Implicación de toda la escuela

En estos dos cursos toda la escuela se ha implicado. “Fue algo que surgió de golpe. Recibimos la mala noticia de la enfermedad de Judith y tuvimos que darle respuesta. Todo ha funcionado muy bien porque la propia Judith era la que quería estar en el aula”, cuenta Salvador Moles, director de la escuela. “Además ha sido algo que ha dado prestigio al colegio en un momento en que se habla tanto de las escuelas inclusivas”, apunta.

Los efectos colaterales positivos de la leucemia de Judith han sido muchos. “Los niños y niñas han aprendido valores  y han podido aprender cosas sobre el cáncer. Han visto a Judith con mascarilla cuando los médicos dejaban que viniera a vernos. También hemos colaborado en hacer candelas para venderlas y recaudar dinero para Sant Joan de Déu. Y hasta la otra escuela del pueblo se apuntó. Recogimos 6.000 euros en Puig-Reig para el hospital”, explica emocionada y satisfecha Costa.

Ya son las 14.35. A la tableta de Judith, en su cama del hospital de día,  llega la señal desde la clase del colegio. Después de la pausa para comer y el patio, la profesora saluda a los alumnos y por supuesto a Judith, que escucha perfectamente a su compañeros con los cascos. Y ellos también la ven y oyen a ella. Empiezan dos clases de tres cuartos de hora, como cada día por la tarde. “Cuando no se atasca el wifi es muy guay porque participo en todo”, cuenta la pequeña, quien incluso levanta la mano si tiene que intervenir. Su profesora ve todos sus gestos en otra pantalla en el aula de los Cuiners, la clase de tercero que comparten 25 niños y niñas.

Hasta disfrazarse a distancia

“Mi hija ha podido hacer de todo. Incluso en una ocasión se disfrazó y participó en una obra de teatro con la cámara. También ha podido participar en ejercicios de lectura como si estuviera físicamente en clase”, detalla Torremorell, la madre. “No sé que hubiera hecho Judith todo el día si no fuera por las clases.  Hasta yo he tenido tiempo para hacer otras cosas mientras ella estaba virtualmente en el aula”, dice satisfecha.

Ahora la pequeña y su familia ya viven de nuevo en Puig-Reig, y la pequeña ha vuelto a clase cuatro de los cinco días de la semana lectiva (el quinto día lo pasa en el hospital). Atrás quedan los días en que la niña iba con mascarilla a ver a sus compañeros en el patio (no podía entrar en el aula para no infectarse). La pequeña, que no ha dejado de ir a clase ya sea física o virtualmente, ya planea su futuro: “Me gustaría ser maestra, o diseñadora de moda o escritora de cuentos”, afirma. Lo tiene claro y solo tiene 8 años. Y muchas ganas. 

3.200 alumnos en las aulas de los hospitales

La Conselleria d’Educació ofrece dos posibilidades para que los alumnos que por una enfermedad o un accidente no pueden acudir a clase durante su convalecencia no pierdan el curso. La más común son las denominadas aulas hospitalarias, que consiste en que los alumnos acudan a un espacio en el hospital donde participar en alguna clase o actividad educativa o que el docente se pase por su habitación para reforzar sus conocimientos o hacer seguimiento de los deberes. La otra posibilidad es la atención domiciliaria, en la que el docente se desplaza al domicilio particular del alumno convaleciente.

Las aulas hospitalarias fueron utilizadas en el curso pasado por 3.279 alumnos, repartidos en los siguientes centros hospitalarios: Trias i Pujol (415), Althaia-Manresa (490), Sat Joan de Déu (387), Clínic (155), Sant Pau (39), Vall d’Hebron (215), Josep Trueta (401), Arnau de Vilanova (407), Parc Taulí (370) y Benito Menni (200).

“El tiempo ha demostrado que el trabajo de los docentes dentro del entorno sanitario mejora las condiciones de vida del niño y el joven como estímulo y motivación para continuar aprendiendo mientras está ingresado en el hospital o en los periodos de convalecencia cuando debe estar en casa”, explicaba un documento publicado en la web de Educació.

Para Conchita Peña, coordinadora de Atención a la Ciudadanía y Trabajo Social del Hospital Vall d’Hebron, y responsable por tanto de las aulas hospitalarias del Hospital Materno Infantil de esta ciudad sanitaria barcelonesa, explica que para este servicio es fundamental la colaboración con la Conselleria de Ensenyament. “Nosotros ponemos el espacio físico, en el hospital, y Ensenyament facilita los profesores, un total de cinco docentes”, cuenta Peña. Uno de estos profesores incluso está especializado en inglés. “Se trata de cubrir el máximo de áreas educativas”, indica.

Estos profesores hablan con el paciente y también se coordinan con el centro escolar donde estudia el alumno enfermo. Los médicos deben dar su visto bueno para que el alumno pueda asistir a las clases o realizarlas en su habitación. “Lo más normal es que el profesor visite al alumno en su habitación, pero a veces sí hacemos alguna actividad conjunta con varips pacientes”, explica la especialista de Vall d’Hebron.

Peña añade que su centro médico no se ha planteado todavía la posibilidad de quelos niños ingresados participen virtualmente en las clases de los centros educativos, somo ha hecho durante dos cursos Judith en Sant Joan de Déu. “No podríamos hacerlo todavía porque necesitaríamos una mejor calidad del wifi así como pactar los medios a utilizar y cómo hacerlo con el Departament d’Educació”, explicó.