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Igualdad

El embarazo, el primer lastre laboral de las mujeres

El Gobierno se muestra "sorprendido" porque Dolera prescindiera de Clotet y admite que "las reglas a veces no están claras"

La brecha salarial entre hombres y mujeres se dispara a partir de las edades en las que se tiene el primer hijo

Patricia Martin / Olga Pereda / Gabriel Ubieto

Una mujer, en la recta final de su embarazo.

Una mujer, en la recta final de su embarazo.

Lo saben las mujeres que retrasan su embarazo, o incluso renuncian a tener hijos, para que la maternidad no les perjudique en sus trabajos. Los saben muchos empresarios que, a sabiendas de que no es legal ni ético, prefieren optar por un hombre a la hora de formalizar un contrato o promocionar a un empleado. Lo demuestran los datos. En España la brecha salarial aumenta con la edad, principalmente a partir de los 30 años, momento que muchas españolas viven su primer embarazo. Y lo ha vuelto a poner de manifiesto la polémica entre Leticia Dolera y Aina Clotet. Pese a que la directora de cine es una reconocida feminista, prescindió de la actriz –tras conocer que estaba embarazada- para encarnar el personaje de una mujer que renuncia a tener más hijos y redescubre la sexualidad en la serie 'Déjate llevar'. La realizadora no veía compatible el personaje con la gestación de la intérprete.

La polémica entre Dolera y Clotet ha tenido un gran eco en la sociedad y las redes sociales, fundamentalmente por dos motivos: En primer lugar, porque supone una contradicción importante que una empresaria feminista presuntamente caiga en los errores que ella misma denuncia. Y, en segundo lugar, porque pone de manifiesto que incluso entre las personas convencidas de la necesidad de no discriminar existen situaciones que les obligan a renunciar a sus principios.

La secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, en declaraciones a EL PERIÓDICO, se muestra por ello "sorprendida" ante la decisión de Dolera de prescindir de Clotet, si bien señala que desde el Gobierno, aunque le "encantaría cambiar la situación", no puede "actuar directamente porque la legislación [ya] ampara situaciones así", a través de la ley de igualdad, que reconoce como una "discriminación directa" el "trato desfavorable a las mujeres relacionado con el embarazo y la maternidad".

Murillo reconoce, aún así, que "las reglas a veces no están claras" y que, en el caso de Clotet la justicia podría alegar que no existe un contrato y que no está ante una empresa y organización tradicional y al uso, entre otros argumentos, puesto que Dolera ha señalado que intentó reajustar el personaje pero que fue “imposible” y esgrimió un problema con la póliza del seguro.

La legislación laboral también pesa

No obstante, desde el mundo sindical también se señala hacia la actual legislación laboral española. En opinión de la secretaria de igualdad de UGT Catalunya, Eva Gajardo, esta "promueve la desigualdad y hace mucho más vulnerable a las mujeres". Los altos índices de temporalidad, principalmente entre los jóvenes, incentivan a la no renovación de contratos en casos de embarazo.

Los actuales mecanismos para denunciar una discriminación de este tipo también son motivo de críticas. Si bien la carga de prueba recae en la empresa, para llegar a juicio la víctima debe aportar un indicio sustancial. Algo que difícilmente se puede extraer de una conversación verbal, como es una entrevista de trabajo clásica. 

La secretaria de Estado considera, no obstante, que la polémica es una "excelente oportunidad para que se abra una reflexión" porque, lamentablemente, las mujeres en este país aún sufren el "dilema" de si ser o no madres ante los posibles perjuicios a su carrera profesional. La estadística así lo corrobora. La diferencia salarial entre hombres con estudios superiores y mujeres con la misma formación es, entre los 23 y los 27 años, del 20%; crece hasta el 27% a la edad de 37 a 42 años y sigue creciendo hasta el 35% a la edad de los 41 a los 46 años.

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"Para que la maternidad no sea un obstáculo en nuestras carreras, debemos exigir total corresponsabilidad tanto a nuestras parejas, como a las empresas como al Gobierno", considera la socia-directora de Cobertis, Anna De Quirós. Esta empresaria de una pyme de 27 empleados reivindica mayores permisos de paternidad, pero con un acompañamiento por parte del Gobierno para cubrir las bajas, así como más inversión en servicios sociales, como, por ejemplo, guarderías.

En consonancia con Murillo, la directora de la Fundación Mujeres, Marisa Sotelo, destaca la desprotección absoluta que sufren algunos colectivos concretos. Sotelo recuerda, por ejemplo, cómo muchas deportistas de élite tienen prohibida la gestación o cómo las pilotas de avión y azafatas tienen que demostrar que no están en cinta cuando aspiran a un puesto de trabajo. "El embarazo, en pleno siglo XXI, es un freno a la vida laboral a pesar de que son dos facetas de la vida de las mujeres perfectamente compatibles", concluye. Y critica al mundo empresarial por su falta de reacción: "¿Cómo puede ser que las empresas no sepan qué hacer cuando una mujer está embarazada?" 

Mientras, la socióloga Gemma Altell recuerda que el embarazo no debería ser nunca un problema en ningún sector profesional, ya sea el cine, la ingeniería, la política o el comercio. "Debemos encontrar estrategias y soluciones para todo el mundo", afirma tras recordar que traer niños al mundo es "un asunto colectivo que forma parte de la especie humana aunque sean las mujeres las únicas que demos a luz". La corresponsabilidad, por lo tanto, "es de todos y todas". Artell concluye que los recién nacidos son ciudadanos de pleno derecho, son los futuros políticos, ingenieros y maestros del país.

Los valores culturales de una sociedad que históricamente ha atribuido las tareas de cuidados a las mujeres es uno de los elementos a cambiar, según coinciden las diferentes expertas. No obstante, el legislar de los Gobiernos sobre cuestiones como los permisos de paternidad también son claves. En Suecia el permiso de paternidad empezó siendo optativo en 1974. "Casi nadie lo utilizaba y a aquellos que si lo hacían les llamaban despectivamente 'padres de terciopelo'", explica la investigadora de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) Elena Costas. Esta docente, actualmente de permiso por maternidad, cuenta por teléfono desde Estocolmo, con las risas de su hijo recién nacido de fondo, que en la década de los noventa los permisos por paternidad pasaron a ser obligatorios y paritarios, es decir, si el hombre no usaba esos días, la mujer no podía aumentar los suyos en consecuencia. "Más del 80% de los padres pasaron a usarlos", concluye.