CAMBIOS EN EL RELOJ

El cambio a la hora de invierno afecta al estado de ánimo, pero no a las neuronas

La adaptación al nuevo horario es rápida en adultos y solo puede tener repercusiones emocionales

Amanecer en Barcelona.

Amanecer en Barcelona. / ALBERT BERTRAN

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Gisela Macedo

La madrugada de este sábado 27 al domingo 28 de octubre se atrasará una hora el reloj: a las tres de la mañana volverán a ser las dos (hora peninsular española), con lo que entraremos en el horario de invierno. La medida sigue sin tener fecha de caducidad pese a la decisión de la UE de abolirla a raíz de una encuesta en la que el 80% de los participantes estaban a favor de eliminar el cambio de hora estacional.

El Consell Assessor per a la Reforma Horària, impulsado por la Generalitat de Catalunya, emitió la semana pasada un informe que reivindicaba mantener durante todo el año el horario de inviernomantener invierno por motivos económicos y de salud. Sin embargo, el cambio es indiferente en el campo neuronal, según Diego Redolar, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, quien afirma: “No tiene repercusiones en nuestros ritmos circadianos quedarnos en un horario u otro”. Otra cosa es el estado de ánimo.

La luz no lo es todo

Según este experto, "la luz no es el único factor que controla el ciclo de sueño-vigilia, sino que se tienen que configurar diversas señales que interactúan entre sí y que nos ayudan a adecuar nuestros ritmos biológicos a los cambios del entorno".

Por lo tanto, la repercusión de avanzar o retrasar una hora la actividad diaria es mínima cara a la parte neural que controla el ciclo sueño-vigilia, porque nuestro cerebro se adapta muy rápido. “Según estudios realizados hace años, por cada hora de desfase horario necesitamos un día de adaptación. Por lo tanto, si cambiamos la hora en la noche del sábado al domingo, el lunes ya estaremos adaptados al nuevo horario. Esto se aplica al caso de los adultos, ya que en niños y ancianos este tiempo puede aumentar un poco”, apunta Redolar.

El cambio sí afecta al estado de ánimo

Si nos quedáramos para siempre en el horario de verano, muchos comenzarían la jornada laboral cuando todavía es de noche y no amanecería hasta pasadas las nueve o, incluso, las diez de la mañana. Esto, según el experto, sí afectaría a nuestro terreno emocional, a pesar de no repercutir en el neuronal: “Cuando estás a oscuras, tienes tendencia a tener un peor estado de ánimo, a no estar alerta”, asevera Redolar, quien también señala que “este fenómeno se puede ver en países del círculo polar ártico, como Noruega, donde sufren meses de oscuridad y la probabilidad de tener depresión es más alta”.

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Según el experto, quedarnos para siempre en el horario de invierno es lo más acertado, porque se ha visto que la luz de la mañana, que es la que perdemos en el horario de verano, es más beneficiosa que la de la tarde y, por eso, el hecho de levantarse con luz es más adecuado para la salud integral de la persona.