30 oct 2020

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EL CALVARIO DE TRES MADRES

"Papá me molesta con el dedo". Pero no pasa nada

Tres madres relatan el infierno que viven desde que denunciaron a su pareja por abusar de su hija

J. G. Albalat

Inma, en un parque de la ciudad donde reside.

Inma, en un parque de la ciudad donde reside.

Lo que en su día fue amor se ha convertido en un infierno. La pequeña no tenía ni tres años cuando Montse constató que su hija tenía problemas para controlar los esfínteres. “La niña se hacía caca ocho veces al día, tenía pesadillas y se volvió introvertida”, relata la mujer. Esta situación coincidió con la degradación de la vida en pareja. “Nos separamos de una manera cordial”, asegura. La custodia de la niña era compartida. Un día la pequeña le comentó que su padre le hacía unas cosas que no le gustaban. "'Tengo calor en el chichi', me dice. Le pregunto: '¿Te pica?' Ella me contesta: 'No, me quema'. ¿Quién te toca?: 'Papá'. Pero papá te quita la caca como la mama y las yayas. 'No, me molesta con el dedo'”, recuerda.

Montse la graba en vídeo. Piensa que nadie la va a creer. En el Hospital Sant Joan de Deu diagnostican que la menor tiene un “eritema periuretral” y derivan el caso al departamento de detección de abusos sexuales. Armada de valor, presenta una denuncia ante los Mossos contra su expareja. Un juez dicta una orden de alejamiento para el padre, que solo dura un tiempo.

Un mes después, el servicio de detección de abusos sexuales del hospital empieza a visitar a la niña (dos veces, unos 20 minutos) y a la madre. Su  informe concluye que la menor no relata ningún abuso sexual y que la madre tiene una “preocupación mórbida”. El dictamen es determinante. La investigación judicial contra la expareja se archiva (está recurrido). En base a ello, el juez de familia acaba quitándole la custodia de la niña a la madre, que solo ve a la pequeña un día y fines de semana alternos. “No tengo presunción de inocencia. Yo soy la manipuladora y el padre nada. Me siento sin derechos e impotente”, explica.

Niña adoptada

Inma adoptó una niña de Etiopía. Un día el pediatra observó que la niña tenía vaginitis y la mujer empezó a sospechar del que era su pareja. No solo pensó que podía haber sido agredida sexualmente, sino que también la maltrataba. Interpuso denuncia y se aplicó el protocolo por abuso sexual. El informe psicológico determinó que “el estado de ánimo de la menor y su comportamiento de interacción espontánea no reflejan compatibilidad” con un supuesto de abuso. A raíz de ello, el proceso judicial se archivó. Ahora la mujer ha puesto otra denuncia (con vídeo donde la menor relata unos hechos y dos periciales) y se ha abierto otra causa. El juzgado de familia, por su parte, le retiró la custodia al estimar que estaba perjudicando a su expareja.

La historia de Marta es similar. Se quedó embarazada de su novio que, en un principio, no quiso reconocer a la niña. Después sí lo hizo y reclamó tener visitas. Cuando la pequeña tenía tres años contó a su hermano mayor lo que supuestamente le hacía su padre: “Me mete la lengua hasta dentro y me ahoga”. La madre denunció, pero se archivó, como en los otros casos, por falta de pruebas. El juez de familia determinó que había manipulación de la madre hacia la pequeña y dio la custodia de la menor a la abuela paterna. Marta solo podría ver a su hija en un punto de encuentro. La menor, ya adolescente, se escapó hace un año porque quería vivir con su madre. “Si vuelvo me suicido”, le dijo a un juez que, al final, ha permitido que la muchacha esté con su madre.