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EPIDEMIA EN ÁFRICA

El brote de ébola en el Congo mata a 72 personas

La OMS expresa su preocupación ante el hecho de que la epidemia haya traspasado las líneas rebeldes

El Periódico

Médicos visitan a un paciente afectado por ébola en Beni, en la República Democrática del Congo. 

Médicos visitan a un paciente afectado por ébola en Beni, en la República Democrática del Congo.  / AFP / JOHN WESSELS

El segundo brote de ébola al que se enfrentan esta temporada los habitantes de la República Democrática del Congo ha causado la muerte de 72 personas, según ha informado el Ministerio de Sanidad congoleño, que dispone de datos actualizados hasta el 25 de agosto. Las dos provincias afectadas por el nuevo brote, Kivu del Norte e Ituri, en el noreste del país, registran 111 casos de la enfermedad, 83 confirmados y 28 probables y en observación. Las autoridades investigan otros seis casos posibles e informan de que 14 pacientes han conseguido recuperarse.

En un país donde la enfermedad es endémica, la diferencia con otros brotes es que estos dos, el de Kivu del Norte e Ituri y el que ya se había registrado en la provincia de Ecuador, tienen lugar en zonas de conflicto. Se trata de regiones que viven desde hace años una situación de permanente conflicto y donde hay noticias de constantes matanzas protagonizadas por rebeldes congoleños, ruandeses y ugandeses, que se enfrentan a las tropas gubernamentales y a las fuerzas de la ONU (MONUSCO).

La epidemia traspasa las líneas rebeldes

La epidemia declarada el pasado 1 de agosto en Kivu del Norte ha traspasado las líneas rebeldes, tal y como temía la Organización Mundial de la Salud (OMS). En esta zona hay más de cien grupos armados activos y se han registrado más de 120 incidentes violentos en lo que va corrido de año. Es una de las regiones más inestables del país. En la ciudad de Oicha, bajo control gubernamental pero rodeada y bajo asedio de los rebeldes ugandeses de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), se ha registrado un caso de contagio y otro paciente está bajo observación. 

"Por primera vez tenemos un caso confirmado en una zona de gran inseguridad", declaró el viernes pasado el director general adjunto de la OMS y responsable de las operaciones de emergencia, Peter Salama, en el marco de una rueda de prensa convocada expresamente para informar de la situación. "Anticipábamos el problema y temíamos que ocurriera", añadió. El caso confirmado de Oicha complica mucho la labor del personal sanitario y humanitario desplazado al Congo para hacer frente a la emergencia, se lamentó Salama, que subrayó que la única manera en que los trabajadores de la ONU pueden desplazarse y entrar en la ciudad es con escolta. Voluntarios, sacerdotes y empleados del Gobierno se cuentan actualmente entre los rehenes de los rebeldes. "Estamos en una encrucijada", denunció el responsable de la OMS. Si la lucha contra la enfermedad es ya lo bastante difícil, la perspectiva de llevarla a cabo en un entorno de guerra multiplica de modo preocupante la complejidad del desafío.

Campaña de vacunación

Con la colaboración de expertos de la OMS, el Ministerio de Salud congoleño ha vacunado a 3.591 personas con el tratamiento experimental rVSV-ZEBOV. La metodología empleada es la de la vacuna en anillo, es decir, la vacunación en el círculo de personas más próximas a casos sospechosos, sus contactos y sus cuidadores en los hogares o en los hospitales. El virus del ébola se transmite a través del contacto directo con sangre y fluidos corporales contaminados y es más virulento cuanto más avanzado está el proceso. Llega a alcanzar una tasa de mortalidad del 90% y su desarollo recuerda al de una criatura con una especial voracidad. Actúa con gran rapidez.

La peor epidemia de esta enfermedad se declaró en marzo del 2014 -con los primeros casos que se remontaban a diciembre del 2013- en Guinea Conakry, país desde el cual la enfermedad se expandió virulentamente a Sierra Leona y Liberia. La OMS solo pudo dar por finalizada la epidemia en enero del 2016, después de registrar 11.300 muertes y más de 28.500 casos. La ONU admitió que las cifras reales podían incluso ser más altas.

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