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UN FENÓMENO QUE SALPICA A TODO EL LITORAL

Los municipios catalanes urgen un plan global para combatir el 'top manta'

Reclaman que se impliquen todas las administraciones y una reforma legislativa que contemple penar la reiteración de la venta ilegal

"La situación es insostenible", clama la alcaldesa de Roses, mientras el Síndic propone un proyecto social para la integración de los manteros que incluya formación

Imma Fernández / Anna Rocasalva

Manteros, en la localidad costera de Roses.

Manteros, en la localidad costera de Roses. / JOAN CASTRO ICONNA

La batalla contra el ‘top manta’ requiere una estrategia global, un plan de choque que “implique a las diferentes administraciones”. Esta llamada de auxilio de la alcaldesa de Roses, Montse Mindan, apoyada por la Associació Catalana de Municipis (ACM), es compartida por el resto de localidades afectadas por la venta ambulante ilegal. Las 'guerrillas' locales se limitan a convertir el ‘top manta’ en un fenómeno ‘guadianano’ –desaparece en unas poblaciones y aparece en otras-. La solución, convienen, pasa por combatirlo desde todos los frentes.

A esos frentes se han referido Mindan y el presidente de la ACM, David Saldoni, al afirmar que no son suficientes las actuaciones policiales y las iniciativas municipales, sino que es preciso una reforma legislativa que contemple la reiteración de la venta ilegal –que es una falta administrativa- como un asunto penal. “Es preciso una política de extranjería que abra la puerta a los manteros a no vivir en la marginalidad, una política social que fomente la inclusión, una de comercio y una penal que detenga las falsificaciones”, proponen.

El Síndic de Greuges, Rafael Ribó, también ha tomado cartas en el asunto reclamando medidas urgentes y efectivas. En julio impulsó una cuarta reunión interadministrativa (se ha establecido una mesa permanente) en la que propuso elaborar un plan de actuación social destinado a la integración de los manteros, que incluya una formación para facilitar la inserción laboral, y planteó pedir al Gobierno permisos de trabajo temporal para regularizar su situación. También solicitó sanciones para comerciantes y consumidores, y campañas informativas que impliquen a todo el sector turístico, entre otras recomendaciones. 

En Roses, asegura su alcaldesa, la situación es “insostenible”. El municipio costero vive este mes un “alud” de manteros -unos 400- que constata que el incremento de efectivos policiales y la vigilancia privada “no han logrado los resultados esperados”. Peor aún, se ha llegado a cierto empoderamiento de los vendedores. Mindan explica que en julio un grupo de 25 manteros le manifestaron su malestar porque la policía “este año les estaban molestando mucho y empezaban a estar nerviosos”.

Vigilancia privada

El 'top manta' también salpica el litoral al sur de Barcelona. Sitges se une a la demanda de un frente común. “Estamos luchando contra un fenómeno global con muchas causas que no está en nuestras manos solucionar. Lo único que podemos hacer es minimizar el problema”, declara el alcalde, Miquel Forns. Como novedad, desde hace unos días, la Policía Local, cuyo objetivo número uno en verano es la venta ambulante, dispone de un refuerzo de agentes auxiliares destinados a la vigilancia de los manteros. En los últimos años la localidad había conseguido reducir su número, del centenar a unos 70 u 80 como máximo, pero en las últimas semanas se ha observado un repunte con la llegada de unos 30 o 40 más.

El principal logro del municipio ha sido eliminar el ‘top manta’ en las calles céntricas. La Policía Local y los Mossos d’Esquadra se coordinan, aunque no hacen patrullas conjuntas, y una de las consignas es evitar las carreras y los trompazos para evitar consecuencias peligrosas para terceros. Y en el caso de que no se retiren, evitar los alborotos.

Comparando los datos de decomiso de los periodos 2010-2014 y 2014-2018, se constata la reducción de material y la tendencia a diversificar la venta y un cambio en los artículos ofertados. Así, en el primer periodo se incautaron: 20.344 dvds y 13.747 objetos de bisutería, mientras que en los últimos años se han decomisado: 969 pantalones, 857 pareos, 552 pulseras y 532 gafas.

Tanto Sitges como en el resto de municipios se enfrenta ahora a un cambio en la actitud de los manteros. Si antes se marchaban cuando veían a la policía ahora se limitan a tapar la mercancía y llegan en algún caso a forcejear para retenerla, a veces con cierta agresividad. La razón es que antes se les entregaba el material y ahora, tras los habituales decomisos, deben comprarlo con lo que la pérdida les afecta directamente.

Campañas para los compradores

Después de haber sido un municipio con una elevada presencia de ‘top manta’, el Ayuntamiento de El Vendrell hace años que trabaja desde diferentes ámbitos para reducir la práctica. A través de actuaciones conjuntas y continuadas de la Policía Municipal y Mossos y de campañas de concienciación para que no se compre, se ha conseguido reducir sustancialmente el número de vendedores. Además, desde el año pasado se han añadido agentes de vigilancia privada. Según el inspector jefe de la policía municipal, Jordi Altarriba, el dispositivo hace que la “presencia de manteros esté controlada y con cifras bajas”. Si años atrás se detectaron hasta 200 manteros, actualmente hay unos 25-30 con puntas de unos 40 en verano.

Lo que más ha funcionado es la prevención y los controles de acceso en carretera y en tren (controles del tráfico de pasajeros que llegan a la estación de Sant Vicenç de Calders) para evitar que los manteros lleguen al paseo marítimo. También se han hecho importantes actuaciones de decomiso de artículos y se han organizado jornadas para analizar y dar a conocer diferentes experiencias. El concejal de Gobernación, Rafael Gosalvez, ha anunciado que "para finales de este año se planteará una nueva jornada para tratar qué solución de país puede haber".

El Ayuntamiento reitera que la actuación policial no resuelve el problema; únicamente lo desplaza o lo hace desaparecer temporalmente. Gosalvez hace hincapié en que hay que hacer “un ruego” a los compradores ya que “fomentan su existencia y perjudican el comercio".

El jefe de la Región Policial Metropolitana Sud, el comisario Carles Anfruns, confirma que una de las prioridades en el territorio es luchar contra esta venta. “Hay municipios como Castelldefels en los que queda mucho por hacer”. Propone intensificar la colaboración de los Mossos con las 37 policías locales de la región y conviene en que la respuesta al problema “no puede ser solo policial”.  Hay que ofrecer, dice, una salida a la gente que se dedica a ello, “que siempre son los mismos”, y destaca los esfuerzos de Castelldefels para ofrecer trabajo y ayudas sociales a los ‘manteros’.

En el lado de los municipios turísticos que han logrado esquivar el ‘top manta’ figura Blanes. “La Policía Local, que en verano se refuerza con agentes interinos, tiene controlada esta y otras casuísticas que, afortunadamente, no afectan a nuestro municipio. En Blanes no tenemos ninguna calle o zona donde se haga 'top manta ', y las infracciones detectadas son ventas ambulantes itinerantes, o bien en la playa durante la temporada de verano”, explica el alcalde, Mario Ros. Durante los primeros seis meses del 2018, solo se han levantado dos actas por esta situación.

Hace una década se regularizó la venta en el paseo de la Marina en el Paseo de la Marina y S'Abanell -la zona susceptible de alojar el 'top manta'-, de modo que todos los que tienen una parada actualmente deben tener un permiso y pagar. Esto ha provocado que sean los mismos comerciantes quienes estén muy al tanto de que no haya venta irregular en su zona.

Para controlar a los manteros en el mercado de tejidos semanal que se hace en el paseo de Mar central cada lunes, se ha establecido un patrullaje con agentes a pie, entre las paradas.

Campañas de sensibilización

En Salou, aseguran fuentes municipales, han desaparecido los manteros tras un trabajo que incluye la concienciación de las asociaciones de senegaleses. El Ayuntamiento, desde hace ya tres lustros, buscó soluciones y la alternativa social han sido los mercadillos ambulantes autorizados, con licencia para la venta, donde están prohibidos los productos falsos. Los Gucci de postín son sustituidos por objetos de artesanía y otros artículos sin engaño. 

También hay campañas de sensibilización a la ciudadanía y los hoteles –la ordenanza contempla una multa de 300 euros a los compradores- y la videovigilancia e intensa labor de Mossos y Policía Local. Según el Ayuntamiento, la erradicación ha sido también posible porque el operativo de vigilancia se realiza durante todo el año. Pero no todo es Jauja y la venta ilegal prosigue con personas que pasean cargando con las falsificaciones. Tampoco se libra de incidentes como los como el del 1 de agosto cuando dos mossos resultaron heridos en un enfrentamiento contra vendedores en el límite con Cambrils, donde “sí hay 'top manta”. Un altercado que refuerza la necesidad de una “normativa supramunicipal”.

Francia y el discreto 'top manta' 

En Francia, comprar un bolso Channel en los mercadillos improvisados puede terminar costando muy caro al consumidor. Adquirir un producto falsificado constituye un delito penado con una multa cuyo montante pude alcanzar hasta dos veces el valor del objeto original. La ley francesa también estipula una pena de entre tres y 10 años de prisión para aquellos que tengan en su posesión mercancía falsificada.

A pesar de la estricta legislación, Francia pierde anualmente cerca de 7.000 millones de euros por la venta de copias de productos 'made in France'. Ropa, accesorios, medicamentos, productos cosméticos o móviles son los sectores más afectados por el fenómeno. 

A diferencia de otros países europeos donde los ‘top manta’ llegan a inundar las calles, la presencia de los manteros en las ciudades turísticas francesas es más bien discreta. En París, los vendedores se pasean con prudencia en torno a la Torre Eiffel, Nôtre-Dame, el Sacré-Cœur o el Louvre, proponiendo llaveros o estatuillas a los turistas. Son los barrios populares donde se encuentran los verdaderos manteros. En la Goutte d'Or, al norte de París, el tráfico de paquetes de tabaco falsificados, bolsos o perfumes forma parte del día a día.

En Niza, la Unión de Fabricantes (Unifab) -asociación creada para defender la propiedad intelectual- lanzó este verano una campaña para «sensibilizar» a los consumidores distribuyéndose más de 100.000 panfletos, en francés e inglés, advirtiendo de las consecuencias. Aun así, según la Unifab, un tercio de los franceses ha comprado una falsificación (el 37% pensaba que se trataba de un objeto original). En el 2017, las aduanas francesas requisaron 250.000 artículos falsificados en el departamento de los Alpes Marítimos, que engloba, entre otras, Niza y Cannes. En toda Francia, la cifra de mercancía confiscada ascendió a 8,4 millones. IRENE CASADO SÁNCHEZ

Italia, industria clandestina en Nápoles

Los lugares de Italia donde hay más presencia de ‘top manta’ son los alrededores de los monumentos más importantes, desde el Coliseo de Roma a la plaza de San Marcos de Venecia o la catedral de Milán o la plaza de la Signoria de Florencia. Durante el verano, una parte de la 'turba', generalmente de africanos y asiáticos, se traslada a las playas de la península, aunque este año y por primera vez Interior se lo ha puesto más difícil: tienen prohibido desplazarse sobre la arena, por lo que se instalan en los accesos a las playas. La prohibición vale también para masajeadores y toda suerte de ofertas en la playa.

 El ‘top manta’ está prohibido en toda Italia, pero no hay un control permanente, sino puntual, generalmente encomendado a la policía tributaria y, en algunos casos, a la municipal. De vez en cuando se producen protestas callejeras de los comerciantes, que lamentan la venta de piezas ilegales en el exterior de sus tiendas.

 Los objetos que venden proceden generalmente de Nápoles y alrededores, donde existe una industria clandestina especializada en falsos bolsos de marca, recuerdos, camisetas de jugadores famosos… Aun así, existe una especie de geografía del ‘top manta’, por la que hay un “reparto” de zonas, que no se pueden ignorar. Si uno está autorizado por las mafias del sector a vender en Roma, no puede trasladarse a Génova o Venecia, porque en cada localidad tiene establecidos peajes distintos o acuerdos diferentes con algún policía.

 La ley prevé que, en caso de pillar ‘in fragante’ a los vendedores, la policía secuestre la mercancía y el eventual comprador sea multado al momento. La multa por un falso bolso puede costar al turista unos 300 euros. ROSSEND DOMÈNECH