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EDIFICIO REUTILIZADO

Los inmigrantes llegan a Sancho de Ávila

Serveis Funeraris cede a Cruz Roja el viejo edificio del tanatorio barcelonés para la acogida de extranjeros

Mauricio Bernal

Inmigrantes recién rescatados del mar esperan en el puerto de Algeciras.

Inmigrantes recién rescatados del mar esperan en el puerto de Algeciras. / AFP / JORGE GUERRERO

Si alguien visitara por estos días el viejo edificio del tanatorio de Sancho de Ávila no vería las caras largas de los deudos llorando por sus muertos, ni escucharía la melancolía de la música fúnebre puntuando las ceremonias de despedida, ni las conversaciones sobre largas y penosas enfermedades o accidentes súbitos, sobre la muerte. Vería inmigrantes. Los vería tendidos en una colchoneta, descansando. O recibiendo atención médica. O saliendo de la ducha, acaso la primera que han tomado en días. O llamando por teléfono a ese primo que vive en Barcelona para decirle: "Lo he conseguido. Estoy aquí". El edificio que hasta hace unos meses estaba al servicio de lo fúnebre ha sido temporalmente convertido en un espacio de acogida para inmigrantes en virtud de un acuerdo firmado hace unos meses entre Cruz Roja y Serveis Funeraris de Barcelona – Mémora. En cierto modo, se ha vuelto un espacio de vida.

La cesión del edificio es producto de un convenio entre ambas entidades para atender situaciones de emergencia

Más de 1.400 inmigrantes recién llegados a la ciudad han sido atendidos en el edificio del Poblenou, jubilado de las funciones que desempeñó durante décadas en abril, cuando la funeraria se trasladó a su nueva sede, a la vuelta de la esquina. El acuerdo firmado a principios de año estipulaba que la empresa ponía a disposición de Cruz Roja sus instalaciones y recursos humanos para situaciones de emergencia, cualquier situación de emergencia, por ejemplo una de tipo migratorio, como la actual. "Y un día, a principios de junio, llamó alguien de la Cruz Roja y preguntó: ‘¿Tenéis algún espacio donde podamos montar esto?’ Vinieron a verlo y les pareció ideal", cuenta Juan Jesús Domingo, presidente de Serveis Funeraris de Barcelona y consejero delegado de Mémora. Algún día el viejo edificio será derribado, pero de momento las circunstancias le han deparado una segunda vida.

Psicólogos para el duelo

La gran mayoría de los inmigrantes llegan en autobús desde el sur de España. La gran mayoría son subsaharianos que vienen en busca del familiar que ya se encuentra instalado en Catalunya, y la gran mayoría tienen órdenes de expulsión pendientes de ejecutar. "Cuando llegan aquí lo primero que se hace es una criba –explica un portavoz de Cruz Roja–: hay inmigrantes que al subirse al autobús en Andalucía declaran ser mayores de edad, pero al llegar aquí explican que son menores, y entonces pasan a tener una protección especial. Mujeres, personas vulnerables… Aquí permanecen unas horas. Se les hace una revisión médica, si es necesario reciben asistencia, se dan una ducha, se cambian de ropa, se hidratan, comen… Les damos un teléfono para que llamen a ese familiar, se tumban, descansan y luego marchan".

Psicólogos de la funeraria expertos en gestión del duelo atienden a los inmigrantes

Unos 40 de los 300 trabajadores de la funeraria se han ofrecido voluntarios para ayudar en el nuevo centro de acogida. La labor de los psicólogos es capital. "La gestión del duelo es perfectamente aplicable a la situación de un inmigrante en la situación en que se encuentran los que acoge la Cruz Roja –explica Domingo–. Están desorientados, confusos, desubicados, son personas que al marchar de sus países han perdido a sus seres queridos". A su manera, pasan por un duelo que los psicólogos de la funeraria intentan mitigar. En general, su situación es delicada y Cruz Roja protege al máximo su intimidad. Por descontado no se permite la entrada de prensa, pero además, nadie que pase por allí hallaría apenas pistas para abrigar sospechas sobre lo que ocurre en el interior. Puede que algún vecino ni se haya enterado. Tal vez lo único que llama a la interrogación es el símbolo de la oenegé en las puertas del garaje por donde antes entraban los coches funerarios. Ahora, el párking acoge unas cuantas ambulancias.

No hay que imaginar a los inmigrantes descansando o recibiendo atención médica en las antiguas salas de velación, o en las capillas donde tenían lugar las misas fúnebres. El centro de acogida funciona en la parte que estaba vetada al público. "El 'backstage', por decirlo así", dice Domingo. Por ejemplo, el lugar donde se preparaba a los muertos, o los vestuarios y duchas hasta hace poco al servicio de los trabajadores. "En cierto modo, es un lugar que siempre estuvo vinculado a la muerte y ahora está vinculado a la vida". Serveis Funeraris – Mémora hizo algunas obras para adecuar el espacio al nuevo uso, y hace unas semanas empezó la llegada de inmigrantes. Debe ser otra cumbre de su asombro de recién llegados saber que allí donde reciben tanta humanidad hasta hace nada se maquillaba a los fallecidos.