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orgullo gay

Jubilados LGTBI, una vida de soledad

La Fundació Enllaç alega que las residencias y centros de día no se adaptan a las personas mayores del colectivo

El Ayuntamiento de Barcelona implantará un programa de formación para hacer de estos centros un espacio abierto a la diversidad

Felipe Valenzuela

Pere Traveria, de 75 años, uno de los primeros miembros del Front dAlliberament Gai de Catalunya

Pere Traveria, de 75 años, uno de los primeros miembros del Front dAlliberament Gai de Catalunya / CARLOS MONTAÑÉS

Las residencias y los centros de día no están hechos para las personas mayores LGTBI. Los lugares donde la tercera edad disfruta de sus últimos años pasan a ser sitios donde miembros del colectivo no se encuentran a gusto. "Es lógico, no tienen gran cosa en común con los otros usuarios, más que nada porque ellos hablarán sobre la mujer o los nietos", asegura Jaume Piqué, coordinador de Formación y Sensibilidad de la Fundació Enllaç. El Ayuntamiento de Barcelona llevará a cabo un programa de formación para centros de la tercera edad. Según Laura Pérez, concejala de Feminismos y LGTBI, es importante dar a conocer que se puede ser mayor y vivir fuera del armario.

Un estudio realizado por la Universidad de Barcelona mostraba la diferencia estratosférica entre la vida social de las personas mayores LGTBI a la de la población general: solo un 6,2% de los ancianos de este colectivo son usuarios de 'casals' mientras que úncamente el 0,4% se atreve a ir a residencias.

Un ambiente lejano a la diversidad

“El ambiente en los centros de día es muy machista”, afirma Pere Traveria, un señor de ya 75 años y uno de los primeros miembros del Front d’Alliberament Gai de Catalunya. “No importa la edad, todos los hombres que van ahí lo hacen con la intención de ligar con mujeres”. El activista denuncia que ninguno de estos centros está vinculado al sistema de lucha por el colectivo. “Yo fui a uno donde el director era gay y aun así lo único que hacían era jugar a las cartas y al dominó”.

La situación en las residencias tampoco es favorable para personas LGTBI. “Conocí a una pareja de mujeres en Sabadell que lo único que querían era estar juntas hasta la muerte. Las trabajadoras las pusieron en habitaciones diferentes”, explica Traveria. Para Piqué, el tema de los 'casals' es tan simple como sensibilizar y visibilizar. “Poniendo una bandera, por ejemplo, envías un mensaje: a miembros del colectivo les dices que es un sitio donde serán aceptados y a los homófobos les avisas de que están entrando en un centro abierto a la diversidad”. 

Rafael Arteaga, de 71 años, afirma que la vida social del colectivo es complicada. "Si tienes pareja se hace más amena porque no tenemos lugares de encuentro, no entramos en la nueva tecnología, los 'casals' y las residencias están enfocadas al mundo heterosexual", asegura. "El gay de la tercera edad está marginado, no tenemos ni carroza en el mismo pride. Yo porque tengo 71, pero hay gente de 80 o 90 años que no tienen contacto con nadie".

“Todas las ancianas de aquí crecieron con la idea de que el sexo solo era para procrear, así que imagínate lo que deben pensar sobre estar con alguien del mismo sexo”, explica una trabajadora de una residencia de Barcelona. “Algunas usuarias se atreven y dicen ‘¿por qué no?’, pero porque la situación está más relajada. Hay un señor que es homosexual y lo lleva muy mal. Se casó y tuvo dos hijos pero él mismo se lamenta de que nunca pudo vivir como realmente quiso, nunca pudo estar con un hombre”, concluye.

La solución del ayuntamiento

El Ayuntamiento de Barcelona ha sido uno de los primeros en tomar cartas en el asunto. Laura Pérez afirma que se debe romper con una realidad donde se piensa que todos los miembros del colectivo son jóvenes. “No debemos caer en los estereotipos. Hablamos de personas que llevan en la lucha ya más de 40 años”, afirma la concejala.

El proyecto del consistorio se aplicará a centros de día y a residencias para que los trabajadores puedan tener una formación que les enseñe cómo tratar una persona mayor LGTBI. El programa también incluirá exposiciones y actividades culturales en varios espacios de la ciudad. “Debe haber un reconocimiento por aquellos que, durante el franquismo, gritaron por la libertad”, afirma Pérez.

Una parte olvidada del Orgullo

“Se ha perdido el respeto, y por mucho Orgullo que se celebre los jóvenes se han olvidado de la historia, es una fiesta que ha perdido su motivo”, se lamenta Traveria. “Es hora de que los partidos políticos, ayuntamientos y diputaciones se pongan en serio con la tercera edad, nos sentimos olvidados y estamos muy enfadados”, exige.

“Nos gustaría que un Orgullo se dedicase a la tercera edad”, afirma Piqué. “Han pasado 40 años y nunca se ha hecho un reconocimiento explícito no solo a las personas que salieron a manifestarse por primera vez sino a todos aquellos que sobrevivieron al franquismo”.

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