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Aprender a jugar

MIREIA RECASENS. SAVE THE CHILDREN

Aprender a jugar

Alba Lajarín (Save the Children)

El juego es la herramienta más poderosa para el desarrollo de los niños y niñas. El juego ofrece la posibilidad de apertura, da alas a la imaginación y a la creatividad, y contribuye al desarrollo social, afectivo, cognitivo y motriz de las niñas y niños. A los más pequeños les gusta jugar solos, con amigos, pero sobre todo con su familia, aunque a veces el ritmo del día a día frenético, las preocupaciones o la falta de conocimiento hacen que madres y padres no compartan este espacio con sus hijos e hijas.

En la localidad de Badia del Vallès, Save the Children tiene un espacio familiar donde aprender, intercambiar y compartir experiencias. Un sitio donde madres, padres, abuelos y tíos con necesidades e inquietudes muy comunes pasan un rato con sus hijos, nietos o sobrinos. Cómo enfrentarse a las pataletas de los niños, qué hacer para que coman o cómo jugar con ellos, son algunas de las preguntas que muchos se hacen habitualmente. En “El pati de la mainada” se abordan las dificultades que uno puede ir encontrándose en la crianza de los niños y niñas de manera grupal, siempre acompañados de las educadoras. Es un espacio para todas las familias, sea cual sea su situación socioeconómica.

“Aquí he aprendido a jugar con mis hijos, a dedicarles un ratito”, dice una de las madres. En “El pati de la mainada” insistimos que la estimulación en la primera infancia es importantísima y vital para el niño. Una estimulación temprana de calidad y periódica garantiza que el niño desarrolle áreas como la intelectual, afectiva o psicomotriz y, además, favorece los lazos afectivos entre padres, madres e hijos.

Por eso, el juego compartido con la familia aporta muchos beneficios, no solo para los más pequeños sino para todos. Jugar con ellos y acompañarles crea un vínculo irrompible. Y de juegos hay tantos como nuestra imaginación pueda abarcar. Desde el juego heurístico -o cesta de los tesoros- donde los niños y niñas interactúan con distintos objetos que no tienen una finalidad predeterminada y con diferentes tipos de materiales y formas para que así exploren las distintas posibilidades, pasando por el juego simbólico, donde imitan situaciones de la vida real poniéndose en la piel de otras personas hasta el juego libre. En definitiva, lo importante es jugar, no importa la forma sino el fondo.

“Me siento muy acompañada como madre porque tenemos apoyo emocional y psicoemocional y los niños se lo pasan en grande con la diversidad de juegos”, asegura otra madre. Educar desde una parentalidad positiva y respetuosa con los niños y niñas, compartir tiempo de calidad con ellos, sus inquietudes e intereses, sembrará las bases de la relación con nuestros hijos. El amor, el afecto y el vínculo son esenciales en la comunicación de las relaciones familiares y qué mejor que podamos hacerlo mediante el juego, llevando a cabo acciones preventivas y de acompañamiento al crecimiento saludable de nuestros hijos. ¿Jugamos?