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Juegos Mediterráneos 2018

Orgullo de ser de Campclar

Los vecinos del barrio del Palau d'Esports Catalunya celebran las inversiones

Óscar Hernández

José Antonio Martínez, que vive justo delante del Palau dEsports de Campclar.

José Antonio Martínez, que vive justo delante del Palau dEsports de Campclar. / JOAN REVILLAS

«Un familiar contestaba que vivía delante del Pryca para no decir Campclar», explica Isabel Mañogil a pocos metros de la puerta principal del Anillo Mediterráneo, el complejo deportivo del barrio colindante con Bonavista que incluye un velódromo, dos piscinas y el flamante nuevo Palau dels espeorts Catalunya, donde desde mañana se realizaránbuena parte de los Juegos Mediterráneos.

La mujer se ha acercado a visitar a su hija que vive en unos pisos bastante nuevos construidos justo delante, al lado de uno de los dos bloques mas antiguos del barrio. Y se detiene a charlar en la sombra con Gregorio Galván, de 73 años,  que descansa en un banco frente a la casa de su hijo. «El ayuntamiento está muy encima de los barrios. Esto ha mejorado mucho. Hasta nos han pintado los bancos», afirma.

Los vecinos y los curiosos no dejan de vigilar los últimos retoques en los alrededores de lo que algunos taxistas llaman ya «la villa olímpica».

Campo de avellanos

«Yo llegué hace 37 años. Compré el piso porque era muy joven, me iba a casar y estaban bien de precio. Pero aquí no había casi nada. Y esto de enfrente era un campo de avellanos y con muchos matorrales. Ahora estoy esperando que acaben los Juegos y abran todo para pode recorrer el parque y ver también el nuevo lago», explica José Antonio Martínez, orgulloso de haber podido seguir desde el balcón de su casa la evolución de las obras, ya concluidas, del complejo deportivo de Campclar.

Otro jubilado, Antonio Sánchez, de 74 años, descansa sentado ante una mesa de pícnic de madera en frente al acceso principal al Palau dels Esports Catalunya y las dos piscinas. Observa el ir y venir de coches de policía y de los diferentes servicios durante la cuenta atrás del inicio de las pruebas deportivas. «Todo era campo hace 40 años. No lo echo de menos. Me gusta mucho lo que están haciendo. Va a beneficiar a toda la ciudad y dejará dinero. ¡A ver cuando nos dejan dar una vuelta!», suspira.

Andrés Soler, patrón de gabarra, de 56 años, lleva 30 años viviendo en el bloque 4 de Riu Algar, justo delante del Anillo Mediterráneo. «Este barriada estaba muy abandonada. Teníamos la piscina y la pista de atletismo municipales, pero alrededor solo había matorrales. Ahora falta que lo mantengan  y que le den vida, que organicen muchas cosas para potenciarlo».

En eso confía también, entusiasmada, María José Ramírez, de 49 años, propietaria de un curioso bar en los bajos del bloque de Riu Algar. Firmó el contrato de arrendamiento de Ca La Jose hace dos años, cuando empezaron las obras de los Juegos. «Llevo 10 años en el barrio y sabía que esto iba a dar mucha vida. Campclar es un barrio de gente trabajadora y ahora vendrán muchas personas», afirma la dueña del bar de referencia para los centenares de operarios que han rematado la ciudad deportiva de Campclar.

Sin pisos

Los vecinos consultados celebran otras mejores menos evidentes como la nueva rambla que da entrada al barrio.  «Pero le falta más vida.A ver si dejan poner quioscos», afirma Martínez. Mejoras que ùeden influir en el precio de los pisos. «Ahora valen entre 60.000 y 80.000 euros, pero ya no quedan», desvela la dueña de Ca La Mari. 

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