Ir a contenido

TESTIMONIO CONTRA EL ESTIGMA

El actor que venció al demonio mental

Mark Lockyer recrea el infierno de su trastorno bipolar y alcoholismo en la aclamada obra 'Living with the lights on'

El monólogo se programa en L'Altre Festival, que pretende visibilizar las enfermedades mentales

Imma Fernández

Mark Lockyer, en Barcelona.

Mark Lockyer, en Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

Triunfaba en los 90 en la prestigiosa Royal Shakespeare Company y en The National Theatre y el ego se le disparó. “Me creía el mejor actor del mundo, el más guapo. ¡Ridículo!". Hasta que se le apareció el demonio -en forma de alucinación psicótica- y descendió al infierno. Trastorno bipolar y alcoholismo. “Lo perdí todo y me convertí en un vagabundo, bebía mucho, tomaba drogas, ni me lavaba...”  Atiborrado de ansiedad, miedos y paranoia, ahogaba sus episodios maniacodepresivos en sexo y alcohol. Gritos, peleas, infidelidades, dejadez, mentiras… De la gloria, a hostales de mala muerte, hospitales psiquiátricos y cárcel. Ya recuperado de sus adicciones, el actor británico Mark Lockyer cuenta su viacrucis en el aclamado y apasionante monólogo ‘Living with the lights on’. La obra, regada de humor negro, regresa este sábado a Barcelona (Fabra i Coats) en el marco de L’ Altre Festival, que se ha propuesto visibilizar la enfermedad mental.

Lockyer habla de su colapso mental con la serenidad de quien ha encontrado la calma y sabe bien que la felicidad no existe. “Solo hay momentos felices y estos los tienes, los pierdes, los buscas… A los 53 años, estoy contento con mi vida, acepto las decepciones. Quizá era necesario pasar por esa etapa de oscuridad. Fue mi lección y he aprendido”.

Entró en el túnel en 1993 mientras representaba a Mercutio en ‘Romeo y Julieta’. “Empecé a hacer cosas raras y me convertí en un mentiroso. Engañaba a mi novia y me parecía bien”. La adicción a la botella y a la marihuana se acentuó, y el estrés, dice, precipitó los estados maniacodepresivos. 

En la Navidad de 1995 su yo se hizo añicos y ya no pudo recomponerlo. “Estaba en casa de mi madre y no pude levantarme de la cama para ir al teatro. Dejé de luchar”. Un doctor erróneamente le recetó Prozac, lo que desbocó la fase maniaca y la ansiedad, hundiéndolo aún más. 

Tentado por el suicidio, prosigue, se fue a comprar gasolina y se roció el cuerpo. Dos ángeles de la guarda le salvaron. “Apareció la policía, me pidieron las cerillas y me llevaron al psiquiátrico”. Otro episodio incendiario le llevó a prisión. Prendió fuego al piso de su novia, que lo había echado. “Ella era mi único apoyo. No sé por qué lo hice. Quemar era como borrar. Me entregué a la policía”.

Teatro o cárcel

Fue a prisión y el día del juicio se le apareció otro ángel.  “El juez me dijo que me había visto actuar y que debía volver a los escenarios. Me dio tres años para regresar al teatro, si no, me metía en la cárcel”. Eligió la libertad y se agarró al telón. “Hice un ‘Hamlet’ en el teatro Globe e invité al juez. Su decisión fue muy acertada”.

Pasó ocho años con el demonio mental sometido -“acepté mi desorden bipolar, me casé, estaba bien”- hasta que en el 2008 su apego a la botella le devolvió al lado salvaje. “Era vulnerable y volví a caer. Casarme fue también una equivocación”. Finalmente, en el 2013, tras su paso por Alcohólicos Anónimos y la insistencia de un doctor que ante sus excesos no le daba más de 10 meses de vida, volvió a la luz, donde sigue ahora iluminando el camino de otros. “Dar esperanza es lo mejor que puedo hacer con mi testimonio”.

Pregunta si aquí en España hay tantas personas sintecho como en su Gran Bretaña natal. “Más que darles dinero, hay que hablarles, estar con ellos y no tratarlos como idiotas”. A los enfermos mentales, afirma, hay que acompañarles, escucharles… y tener paciencia. “Yo sé lo que es. Es clave que tengan un servicio apropiado. A mí me falló el psicoterapeuta que al inicio del proceso puso en mí toda la responsabilidad y no intervino”.

Dice que aquí en Barcelona su obra funciona mejor que en su país porque el público ríe más y tiene el corazón más abierto. Los ingleses temen hablar de los avernos mentales. Está pensando en venirse a vivir al soleado sur. “La gente es más cálida, sonríe más”. El pasado año pasó tres meses en un pueblecito de pescadores del sur de España. “No conocía a nadie pero me sentí seguro. Fue un feliz viaje en mi mente. Encontré la paz”.  Y se encontró con los personajes de su nueva obra, ’Keep on walking Federico’, que presentará en el Lliure en octubre. 

Cultura de la avaricia y la ambición

El actor vaticina la debacle de esta apresurada sociedad manejada por Don Dinero. “En 10 años habrá una epidemia de enfermedades mentales consecuencia de esta cultura acelerada de la avaricia, el poder y la ambición, que puede matarte”. A los estudiantes de arte dramático les aconseja que cada día dediquen 20 minutos a escucharse. Él tiene claros los ingredientes para una vida sana: “Intento tener amabilidad, compasión y humor, y valoro a la gente que merece la pena. Y ya no me comparo con nadie. No quiero ser el mejor actor”.

0 Comentarios
cargando