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INTERCAMBIO INTERGENERACIONAL SOLIDARIO

María Teresa, 97 años: "Vivir con un estudiante me rejuvenece"

El proyecto 'Viure i conviure' proporciona alojamiento a universitarios en casas de personas mayores solas

Imma Fernández

Carme y Mauri, participantes del proyecto Viure i conviure.

Carme y Mauri, participantes del proyecto Viure i conviure. / ALBERT BERTRAN

"¿A una residencia? ¡Ni hablar! Allí solo se habla de enfermedades. A uno le duele el pie; al otro, la cadera...". María Teresa lo tiene claro. Ha encontrado el elixir de la juventud en el proyecto 'Viure y conviure' que lleva 20 años alojando a estudiantes en domicilios de personas mayores en situación de soledad o que necesitan compañía. "Cuando se te va acabando la vida, la poca que te queda es más pobre en salud, en relaciones sociales, en conversación... Se va achicando. Pero vivir con un joven te rejuvenece. Solo de verlos reír ya me contagian y me alegran", argumenta María Teresa, que luce unos espléndidos 97 años.

A la feliz longevidad ha contribuido Josep, un veinteañero menorquín con el que comparte sus días y sus noches. O al menos las noches, ya que la única norma común es que los estudiantes regresen a las 22.30 todos los días excepto uno. Luego, cada pareja establece unos pactos (ayudar con la compra un día, por ejemplo), según las circunstancias particulares.   

Sin miedo a un extraño

La dicharachera María Teresa anima a todo su colectivo de la tercera edad a lanzarse a la piscina y seguir su ejemplo. "A muchos les cuesta decidirse porque eso de meter a un extraño en casa les da miedo. Pero hay que probar. A mí me ha enriquecido mucho".

Desde septiembre del 2017, el programa se desarrolla bajo el paraguas de la Fundació Roure y con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona y el Consell Interuniversitari de Catalunya. En el curso recién acabado han convivido 71 parejas -mayoritariamente señoras (de 87 años de media) y chicas-, que este miércoles celebraron juntos el éxito de la iniciativa, al que contribuye el seguimiento constante de dos psicólogas.

Todos, jubilados y jóvenes, elogiaron una convivencia muy positiva para ambas partes. A veces, eso sí, aparecen chavales que olvidan los compromisos. Montserrat recuerda a una mexicana demasiado viajera. "No paraba en casa. 'Me voy a Milán, aquí , allá... Soy joven', me decía. Yo le replicaba: 'Y yo vieja". 

Además de paliar la soledad en la vejez y promover la ayuda mutua, el programa permite a los estudiantes con pocos recursos -que no deben residir en el lugar- el acceso a la universidad. Más aún con unos alquileres por las nubes que les cierra todas las puertas. 'Viure i conviure' les proporciona un techo gratis (a veces tienen que pagar 50 o 60 euros por los gastos) que la mayoría de las veces se convierte en hogar por los lazos afectivos que se crean.

"Vicenta me ha tratado siempre como una nieta y aun siendo de origen marroquí nunca me he sentido una extraña", ejemplifica Laia, mientras su nonagenaria 'abuela' le echa flores: "Es pulida, limpia, un sol. Lo malo es que la quiero demasiado y el día que marche lloraré mucho". 

"Él es mi medicina"

Carme se le abrió el cielo cuando su médico le recomendó 'Viure i conviure' como única salida para seguir viviendo sola y autónoma en su casa de Cerdanyola (el resto son de Barcelona). Aquejada de una grave insuficiencia respiratoria que la mantiene atada a una máquina de oxígeno, anuncia agradecida: "Mauricio es mi medicina. Él me aporta tranquilidad y ya no sufro por si me pasa algo".

Mauricio, abogado colombiano que cursa un posgrado de gestión pública, se sincera: "Al principio eliges esta opción de alojamiento por motivos económicos. La vivienda aquí es muy cara. Haces tu lista de prioridades y optas por restringir las salidas de noche y estudiar, que es lo importante. Luego, los efectos de la convivencia te hacen sentir en casa. Y esto no tiene precio".

Los vínculos que se construyen son una brecha de "esperanza en esta sociedad individualista y llena de desconfianza", agrega el abogado, que aporta otros beneficios: "El hecho de que estas personas estén acompañadas reduce los costes de sanidad, porque si estuvieran solas necesitarían más a los médicos de urgencia y a psicólogos para tratar depresiones". 

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