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LA CARA OCULTA DE LA VIVIENDA

Retratos de miseria de la vida en un cuartucho de alquiler en Barcelona

El arrendamiento de habitaciones aumenta el 18% en un año y las ocupaciones de pisos, el 28%

Las entidades sociales denuncian las condiciones insalubres de los cuartos, un mercado al margen de la ley

Teresa Pérez

Anuncios de alquiler de habitaciones en un locutorio del Eixample.

Anuncios de alquiler de habitaciones en un locutorio del Eixample. / ÁLVARO MONGE

La radiografía de la vivienda en Barcelona refleja situaciones descorazonadoras. Realquiler de habitaciones con chinches, otras sin derecho a cocina ni ducha, cuartuchos sin ventanas que semejan zulos, pero todos sin excepción a precios de países del G-7. Familias que ocupan pisos vacíos en Nou Barris y, como ellas no se atrevieron a hacerlo, pagaron hace tres semanas 1.600 euros a la persona que pegó la patada a la puerta y les dio la llave para entrar. Días después, el banco, propietario del piso, desahució a la pareja y a sus dos hijos. Y a la calle y sin el dinero.

Gente que ha alquilado un trastero para dormir a falta de otras alternativas más humanas… y así infinitos casos que hasta da vergüenza explicar. Todos estos ejemplos tienen cara y ojos. Son personas que han transmitido su testimonio a entidades sociales y vecinales de Barcelona, que comentan que su salario les ha hecho renunciar a alquilar un piso. Y cuando parece que no puede haber algo más desalmado en cuestiones de alojamiento se desciende otro peldaño y surge el alquiler de habitaciones en pisos que han sido ocupados previamente.

Son situaciones que, como desgranan en Cáritas, están rompiendo proyectos de vida de las personas, desestabilizan a las familias porque esa itinerancia provoca que solo piensen en dónde van a comer y dormir al día siguiente. Son gente atrapada en las redes de las pirañas inmobiliarias. En el último año, del 2016 al 2017, la ocupación de pisos ha crecido el 28% y el alquiler de habitaciones, el 18%. Son datos recopilados por Cáritas entre las personas a las que atienden. "Son gente que tiene techo, pero no tiene un hogar", resumen. 

Fianza para una habitación

El realquiler de habitaciones tiene demasiadas aristas para garantizar servicios básicos y dignos. La oferta se canaliza en muchas ocasiones a través de anuncios colocados en los locutorios. En algunos se puede leer: "Alquilo habitación a parejas sin hijos" o la demanda de una mujer: "Busco alojamiento con derecho a fumar y llevar a familiares". La ley de la oferta y la demanda ha hecho que los precios se hayan duplicado y "hasta exigen una fianza de dos meses, tal y como se hace en los arrendamientos de pisos", señala Ester Sánchez, responsable del departamento de Apoyo a la Persona de la Fundació Arrels. La demanda se ha disparado. "Es muy difícil conseguir habitaciones", apunta. Y añade: "Hay mucho timo, mucha vivienda insalubre a precios turísticos". Por ejemplo, en Ciutat Meridiana, barrio conocido como 'Villa Desahucio', se arriendan cuartos a 450 euros mensuales. La falta de pisos sociales para familias en riesgo de exclusión ha ocasionado un mercado inmobiliario sumergido. 

"Hay mucho timo, mucha vivienda insalubre a precios turísticos"

Ester Sánchez

Fundació Arrels

Los requisitos que exigen para acceder a una habitación son disparatados. Así, hay "límites horarios para usar el agua y la luz", explican las asociaciones. Fina Contreras, responsable del programa de vivienda de Cáritas Barcelona, reconoce que las familias son el colectivo que tiene más dificultades para alquilar cuartos porque muchos no quieren niños. Hay ocasiones en que los pequeños tienen que permanecer confinados en la habitación al estar mal visto que alboroten y correteen por el piso. 

Desahucios silenciosos

Los usuarios que residen en habitaciones no tienen derecho a nada si el titular del contrato los echa. Son lo que las entidades sociales llaman "desahucios silenciosos" porque no hacen ruido y tampoco figuran en las estadísticas. Lucía Delgado, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), cuenta que "estas familias al no tener contrato no pueden acceder a la mesa de emergencia habitacional", que además tiene lista de espera de un año. "La precarización de estas personas es brutal -continúa Delgado-, su única alternativa es la calle".  

Contreras tiene claro que las familias vulnerables mejorarían su situación "si hubiera voluntad política para ello". La Generalitat, afirma, tiene unos índices de precios para alquileres pero "no son obligatorios", apunta la experta de Cáritas. Cuestiona que los contratos sean de solo tres años desde la reforma de la ley del alquiler del PP del 2013, porque si se alargaran se garantizaría la estabilidad familiar. El aumento de los importes de los arrendamientos "no es coherente con el de los salarios, lo que provoca que cada vez haya más gente abocada al realquiler o la ocupación", añade. También ha subido el 23% el grupo de personas que buscan cobijo en casa de familiares y amigos.

Comer menos para pagar el techo

Cruz Roja considera que la situación empeorará en los próximos años. Susanna Roig, directora de Intervención Social de Cruz Roja en Catalunya, indica que "los casos que se ven ahora son la punta del iceberg de lo que vendrá en el futuro, porque habrá un gran colectivo de personas que cobrará pensiones bajas. Son los actuales parados de larga duración que han cotizado poco". La entidad afirma que cada vez destinan más ayudas a impagos de alquiler. "La ayuda puntual no es la solución. Es urgente hacer pisos sociales para prepararnos para el futuro", señala, y se pregunta: "¿Qué alternativa hay si el 40% de las personas que atendemos tienen menos de 800 euros mensuales?" A su juicio, el problema no solo es el alojamiento, también los bajos salarios. "La gente está reduciendo gastos en alimentación para pagarse un techo", apunta Roig. 

La 'burbuja de las habitaciones' ha obligado a Arrels a modificar su política. Hace años, la fundación apostó por el intercambio solidario en el barrio del Raval de forma que una persona sola y en situación precaria alquilaba un aposento a un usuario de Arrels, la entidad avalaba este pacto. "Este sistema era una solución rápida. Ahora hemos renunciado porque además es difícil conseguir habitaciones, antes pedían 200 euros mensuales, ahora 400. No podemos competir con los turistas", aclara Ester Sánchez. De hecho la entidad ha pasado de tener alquiladas 70 habitaciones a 30 en la actualidad.

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