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UNA LARGA INVESTIGACIÓN

El crimen machista eclipsado por el 1-O destapó una trama de narcos

Sheriff Adewunmi, un traficante alemán, asesinó a su prometida, Luis Felicita Bruhn, y a su hija de 15 meses, Shreiffa, el día del referéndum unilateral

Al funeral del hombre, celebrado en Alemania, asistieron un germano y un español que hasta entonces la policía investigaba por separado

Guillem Sànchez

Departamento de Infografía

Luisa Felicita Bruhn y su bebé de 15 meses, Sheriffa, fueron asesinadas en Barcelona un día del 2017 en el que sus muertes quedaron eclipsadas por otro acontecimiento: el domingo 1 de octubre, el 1-O, la turbulenta jornada del referéndum independentista en Catalunya. Los leves movimientos institucionales de duelo por madre e hija tardaron casi dos semanas en producirse. El 10 de octubre, Carme Forcadell abrió el pleno en el que Carles Puigdemont iba a valorar los resultados de la consulta con una condena genérica a la violencia machista. El viernes 13 de octubre, la alcaldesa Ada Colau presidió un minuto de silencio de rechazo al doble homicidio "de una mujer y su bebé" en Barcelona. No hubo ningún gesto más.  

A Feli y a Sheriffa las mató Sheriff Adewunmi, prometido de la mujer y padre de la pequeña. Tras cometer aquel crimen a sangre fría, Sheriff se suicidó. Una historia de un asesino, dos víctimas y tres muertos que no levantó la indignación social que merecía, pero sí acabó conduciendo a la desarticulación de una violenta red internacional de narcotráfico de marihuana afincada en Catalunya.

El "herpes" que no soltaba a Feli

Feli (25 años, Hamburgo) era de madre alemana y de padre sirio. Aterrizó en Barcelona siguiendo a su prometido, Sheriff (33 años, Hamburgo). Para ella aquel viaje significó abandonar la universidad y entregarse exclusivamente a criar a la pequeña Sheriffa, que nació ya en la capital catalana, en la primavera del 2016. La pareja alquiló un estudio en la calle de Llull del distrito de Sant Martí. Feli y Sheriff, dentro de aquel edificio, en el que hay tantos domicilios como talleres y oficinas, se comportaron desde el primer día de manera casi antagónica.

Feli era una mujer joven, bella, que siempre andaba ajetreada con Sheriffa y el cochecito, o con los dos perros que completaban la familia, o con bolsas de la compra para arriba o bolsas de la basura para abajo. Si encontraba tiempo para ella, iba a correr o se acercaba al gimnasio. Se había propuesto recuperar la figura que tenía antes de dar a luz y ese reto lo compartía en Instagram. "Colgaba mensajes de pensamientos positivos y de comidas saludables". También fotografiaba cómo evolucionaba su cuerpo con el entrenamiento, algo que disparaba los celos de Sheriff, que la obligó a cerrar la cuenta de la red social.

Él la obligó a cerrar su cuenta en Instagram, donde ella colgaba fotos y mensajes positivos

Cuando los vecinos del bloque recuerdan a Feli, tarde o temprano, acaban sonriendo. Cuando son interrogados acerca de Sheriff, en cambio, cuentan que era un hombre que parecía andar siempre "con una nube negra sobre su cabeza". Él no hablaba con nadie. Y, a diferencia de Feli, él siempre entraba y salía de casa con las manos vacías. Para Sheriff cambiar pañales o barrer no formaban parte de su trabajo. Lo suyo era "traer dinero a casa". Aunque nadie sabía muy bien cómo lo conseguía.

"Discutían y en alguna ocasión habían llegado a las manos. Feli me decía que estaba harta de él y también que últimamente se estaba comportando muy raro. Una vez, cuando ella le dijo que se iría, él respondió que era como un herpes del que no se desharía tan fácilmente", recuerda una amiga de la mujer.

Tres muertos

Hacia las dos del mediodía del domingo 1 de octubre, posiblemente durante otra discusión, Sheriff sacó una pistola y disparó contra Feli. Malherida, la mujer logró escapar de casa y bajar por las escaleras comunitarias dos plantas hasta la calle. Aunque no llegó a pisarla. La entrada de la finca tiene una puerta doble. Abrió la primera y cuando metía la llave en la segunda cerradura, Sheriff la alcanzó. La cámara de seguridad del edificio grabó ese instante: la figura del hombre colocándose detrás de ella y levantando el arma. Apuntando y disparando.

La calle de Llull de Barcelona, en uno de cuyos bloques se produjo el crimen machista. / FERRAN NADEU

Tras asesinar a su mujer, Sheriff regresó a casa. Allí dentro, también mató a su hija de 15 meses. Y terminó la matanza con él mismo, pegándose un tiro en la cabeza. La tragedia sacó a los vecinos de casa en un domingo en el que habían estado pegados a la televisión siguiendo las cargas policiales del 1-O. Todos se arremolinaron junto al cuerpo de Feli tendido en la entrada. Y hubo uno que se percató de que, alrededor de la mujer, merodeaban los dos perros de la antigua familia. Estaban "nerviosos", parecían casi conscientes de lo que acababa de suceder. "Me quedé con los dos varias semanas, hasta que vino un familiar de Feli a recogerlos".

El entierro

El cadáver de Sheriff fue trasladado a Alemania para recibir sepultura. Sheriff era narcotraficante y a su funeral asistieron dos jefes de la organización criminal -uno español y el otro alemán- a la que pertenecía el asesino de Feli. Los Mossos d'Esquadra los estaban investigando a ambos, pero por separado. Su presencia en aquel entierro, al que llegaron juntos después de tomar el mismo vuelo desde Barcelona, alumbró finalmente el vínculo que existía entre ambos e hizo posible que emergiera el verdadero tamaño de una red a la que la policía de Hamburgo también seguía desde hacía tiempo.  

La organización de traficantes alemanes y españoles estaba liderada por los primeros. Los 'españoles', con un rango inferior de jerarquía, estaban a cargo de plantaciones de cannabis escondidas dentro de naves industriales del distrito de Sant Martí -cerca de donde residían Sheriff y Feli-. La red, en suma, contaba con infraestructura para transportar grandes cantidades de droga hasta Alemania y con suficientes matones como para ser temida por cualquier competencia.

Durante los últimos años, en Catalunya han anidado diversos grupos criminales similares al de Sheriff atraídos por el negocio de la marihuana. Durante el 2017, según la Cadena Ser, los Mossos intervinieron 31 toneladas de cannabis, una cifra que ha doblado la incautada a lo largo del 2016. El negocio para estas mafias consiste en cultivar la marihuana aquí -un lugar regido por un código penal más laxo con el cultivo de cannabis y cercano a la frontera francesa- y exportarla hacia el norte de Europa

Secuestro, tortura y narcotráfico

En junio del 2017 los alemanes secuestraron y torturaron salvajemente a un ciudadano holandés al que acusaban -erróneamente- de haberles robado un alijo de marihuana que iba a reportarles un beneficio de 500.000 euros. Lo capturaron, lo cargaron en una furgoneta y se encerraron con él en un almacén de Santa Coloma de Cervelló que utilizaban para empaquetar el cannabis. Golpearon al holandés durante 11 horas, utilizando tenazas martillos para romperle articulaciones. Tras coquetear seriamente con la posibilidad de liquidarlo, finalmente optaron por dejarlo con vida y liberarlo en una carretera secundaria cercana. Cambiaron de opinión porque al holandés, para salvar la vida, se le ocurrió tratar de convencerles de que, a pesar de no ser él quien se había quedado con la marihuana, estaba en condiciones de entregar al autor real del robo si le soltaban. La argucia funcionó. Semidesnudo, con los huesos rotos y la cara hinchada, no tuvo problemas para convencer a la primera patrulla de los Mossos que lo encontró de que acababa de escapar de un secuestro. Horas después, arrancó el caso 'Zange' (tenazas en alemán) en la División de Investigación Criminal. 

Más adelante, los Mossos averiguarían que el jefe de los españoles que viajó a Hamburgo para despedir a Sheriff también había participado en el secuestro de holandés, echando un cable para dirigir la furgoneta hasta la nave industrial de Santa Coloma. Sin embargo, a los españoles comenzaron a investigarlos por otro motivo. Este grupo suministraba la marihuana a los alemanes -con capacidad para llenar camiones y esconder la mercancía entre cajas de cristalería- y utilizaba trasteros de alquiler para guardar la droga. Pero un trabajador de estas empresas, que habitualmente ofrecen espacio para muebles y objetos que no caben en casa, encontró en junio del 2016 un paquete de marihuana en un almacén alquilado por ellos y avisó a los Mossos. La Unidad de Investigación del distrito de Sant Martí comenzó esta segunda investigación, que avanzó en paralelo a la del secuestro del holandés.

El desenlace 

En el funeral de Sheriff las dos líneas policiales se cruzaron porque resultó posible acreditar que estaban investigando a la misma estructura, aunque habían comenzado a escarbar por extremos opuestos. En contacto con la policía de Hamburgo, el 24 de enero, activaron una operación que acabó con la detención de todos los traficantes. Durante los registros hallaron 23 kilos de marihuana177.000 euros en metálico, cuatro armas de fuego y dos naves industriales que escondían, en suma, 4.100 plantas de cannabis. De los 23 detenidos, 18 ingresaron en prisión

Es probable que Feli desconociera realmente cómo Sheriff conseguía el dinero que traía a casa. Y no resulta descabellado relacionar el secuestro del holandés y el inicio del seguimiento policial con la época en la que ella notó que él "se comportaba raro". Pero nadie, ni siquiera sus socios, pueden explicar por qué Sheriff, un hombre serio de aspecto fornido, que parecía andar siempre "con una nube negra en la cabeza", acabó asesinando a su prometida y a su hija de 15 meses. 

Los días que siguieron al 1-O en Catalunya transcurrieron bajo una tormenta política ensordecedora. Pero durante semanas los vecinos de Feli no dejaron de depositar flores frescas junto a la puerta de su casa. Un gesto espontáneo que parecía protestar contra el poco ruido que hicieron aquellas muertes, perpetradas el único día en que podían pasar desapercibidas. 

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