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LOS RIESGOS DIGITALES

Nueve pistas para distinguir cuándo la obsesión por los videojuegos es patológica

Convertir el juego en la principal actividad del día y mostrar irritabilidad y tristeza son criterios para diagnosticar un trastorno

Imma Fernández

Unos adolescentes juegan a videojuegos en 3D en una feria de Barcelona.

Unos adolescentes juegan a videojuegos en 3D en una feria de Barcelona. / Adriana Domínguez

La psicóloga Susana Jiménez-Murcia, coordinadora de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Bellvitge, aporta una serie de claves para discernir cuándo el exceso en el uso de videojuegos se convierte en patología. Si se cumplen cinco de los siguientes nueve criterios durante 12 meses, puede establecerse el diagnóstico de adicción a videojuegos:

Primero

Preocupación por los videojuegos que, además, se convierten en la principal actividad de la persona.

Segundo

Síntomas de abstinencia cuando no se juega que, básicamente, consisten en intensas emociones de irritabilidadansiedad y tristeza.

Tercero

Síntomas de tolerancia que se expresan a través de la necesidad de jugar cada vez más.

Cuarto

Fracasos repetidos por controlar o reducir la participación en los videojuegos.

Quinto

Pérdida de interés por mantener relaciones sociales en la vida real y por aficiones e intereses previos.

Sexto

Persistencia de un patrón de juego excesivo, a pesar de los problemas psicosociales derivados de esta actividad.

Séptimo

Mentir para ocultar la implicación en los videojuegos, tanto a familiares como a terapeutas.

Octavo

Uso de los videojuegos para regular estados emocionales negativos.

Noveno

Perder oportunidades académicas, profesionales, familiares, etcétera, o ponerlas en riesgo, por seguir jugando.

Existe, sin embargo, agrega la doctora, un aspecto nuclear para el diagnóstico de adicción a los videojuegos: que "esta conducta tenga una repercusión clínicamente significativa para el individuo". Este punto puede ayudar a diferenciar claramente lo que puede ser una conducta problemática o excesiva (que puede autorregularse sin necesidad de tratamiento especializado) de una verdadera adicción.

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