Ir a contenido

Cerebro de las matemáticas

Ada Lovelace, la primera programadora informática

Avanzó el desarrollo del algoritmo que se utilizaría para programar los primeros ordenadores

La artista y experta digital Zoe Philpott narra su vida en una performance inmersiva vestida con LEDs

Claudia Pizcueta

Ada Lovelace.

Ada Lovelace.
Zoe Philpott. 

/

¿Dónde están las mujeres de la historia? En los libros, museos y calles todo gira entorno a ellos; entorno a militares, duques, reyes, escritores, pintores… en masculino. No hay ejemplos femeninos en la historia. No porque no existieran. De hecho, el primer programa informático lo hizo una mujer, mucho antes incluso de que apareciera el primer ordenador. Ada Lovelace fue una genio de las matemáticas, apasionada de la ciencia. Fue, quizás, tan avanzada a su tiempo que ni sus contemporáneos la entendieron.

Sobre ella, su historia y su trabajo, habla la artista y experta digital Zoe Philpott en su performance inmersiva Ada, Ada, Ada que ha traído esta semana CosmoCaixa a Barcelona. Philpott, con su vestido victoriano de 4.400 luces LED, narra la vida de Lovelace a partir de las pocas cartas que se conservan de ella e integrando la tecnología en un monólogo revelador y didáctico a partes iguales.

“Her-story”: una reflexión de género

“Andaba por Londres y vi a un par de turistas fotografiarse con una estatua de un hombre. Yo ni siquiera sabía quién era ese hombre, probablemente hubiera muerto hace 200 años. No me sentí identificada, no tenía nada que me uniera a él, y me pregunté por qué no había estatuas de mujeres en mi ciudad con las que sí me identificara”, cuenta Zoe Philpott. Así nació la idea de unir la tecnología, el medio natural de Philpott, con la historia de vida de las mujeres sobre las que no se habla en los libros pero cuyos trabajos han sido imprescindibles hasta el día de hoy.

Philpott habla de contar “her-stories” (“las historias de ellas”) y Ada, Ada, Ada es solo el principio. ¿El objetivo? Motivar a niñas y mujeres a adentrarse en el mundo de la ciencia, la tecnología, el arte y la ingeniería, un sector que vive aún un evidente desequilibrio de género. En España, las mujeres ocupan solo el 18% de los puestos de responsabilidad en el sector digital.

Zoe Philpott se convierte por una hora en la voz de Ada Lovelace contando su historia con sus propias palabras. 

Ada

Ada Lovelace era hija del poeta inglés Lord Byron, aunque nunca llegó a conocerlo. Él y su madre, Annabelle Milbanke, se separaron al poco de nacer Ada en 1815. Annabelle le proporcionó una educación muy estricta en matemáticas. En pleno Londres victoriano, mientras muchas niñas soñaban con bailes en salones y bodas con duques y marqueses, a sus 12 años, Ada Lovelace soñaba e intentaba construir una máquina voladora. Su idea se avanzó unos 15 años a la patente de Henson y Stringfellow del avión de vapor.

Lovelace era rebelde por naturaleza, y moderna por consecuencia. Se negó a vivir una vida religiosa en pleno siglo XIX, “soy más que nunca la novia de la ciencia”, dijo; vivió un matrimonio y varias aventuras con otros “caballeros”, era consciente del ser mujer en un mundo de hombres y se sorprendía la mantener una conversación en la que le “hablaran como a uno más”.

A los 17 años conoció a Charles Babbage, un matemático que trabajaba entonces en una máquina analítica que pretendía funcionar con los mismos principios que los futuros ordenadores. La mutua admiración llevó a Babbage a convertirse en su mentor.

Ada recibió el encargo de traducir al inglés un artículo de Charles Babbage sobre su invención. Se tomó la libertad de incorporar algunas explicaciones que terminaron por doblar en extensión el documento. Ada avanzó en sus apuntes ideas de la programación moderna y anotó el desarrollo del algoritmo que se utilizaría para programar los primeros ordenadores.

Motivada por Babbage, firmó el renovado artículo, pero con sus iniciales. “Mi ambición es más bien ser genial que ser recordada como tal”, decía Lovelace. Y es que, la discreción de su talento la acompañó hasta su muerte a sus 36 años, a la misma edad que su padre junto al que pidió ser enterrada.

El artículo traducido con las notas de Ada Lovelace se publicó en una revista científica inglesa en 1843, casi un siglo antes del desarrollo del ordenador moderno. 

Zoe Philpott recupera en pleno siglo XXI en un espectáculo interactivo la figura de la que fue la primera programadora informática de la historia. 

0 Comentarios
cargando