"Me acusaron de querer quitarle la niña al padre"

C.M. denuncia el trato recibido en la unidad que atiende abusos sexuales a menores

El servicio de Sant Joan de Déu ha sido cuestionado por abogados, personal de salud primaria y madres de presuntas víctimas

C.M., madre de una menor que presuntamente ha sufrido abusos, el viernes.

C.M., madre de una menor que presuntamente ha sufrido abusos, el viernes. / ROBERT RAMOS

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Teresa Pérez / Barcelona

Las voces contra la actuación de la Unidad Funcional de Atención a los Abusos Sexuales a Menores (Ufam) del Hospital San Joan de Déu hace tiempo que se oyen, incluso han llegado hasta el Parlament. Este servicio ha sido cuestionado por abogados, personal de salud primaria y madres de las presuntas víctimas. Las quejas vienen de lejos y las avalan numerosos testimonios.

Gemma Lienas, parlamentaria de Catalunya Sí Que es Pot en la anterior legislatura, ha recopilado "muchas críticas" de colectivos que han acudido a la unidad. Asegura que, en la mayoría de los casos, las denunciantes "se sienten maltratadas por este servicio. Van a pedir ayuda y se topan con el enemigo porque cuestionan su testimonio". A este servicio, que funciona desde 1995, se llega, entre otros casos, derivado por el colegio del menor, por el Centro de Asistencia Primaria (CAP) o por la madre, ante las sospechas de que se hayan producido abusos. La Ufam de Sant Joan de Déu fue la única unidad que funcionaba en Catalunya para atender casos de abusos sexuales a menores hasta la apertura de otra en Can Ruti.

C. M. explica su experiencia, tras ser derivada por el servicio de urgencias ante posibles agresiones de su expareja a su hija. "Al pedir la cita, ya por teléfono me dijeron que yo podía ser culpable de inventarme los hechos", relata la madre de la pequeña, que entonces tenía casi 4 años. Tras pasar el primer filtro llegó el turno de la psicóloga, que se ha jubilado recientemente. Esta experta apenas dejó intervenir a la madre: "Me acusó de quererle quitar la niña al padre. Y me dijo que si el día que llevara a la niña a la consulta, antes de entrar esta se agarraba a un pierna, significaba que la había manipulado". La madre presentó una reclamación ante el Col·legi de Psicòlegs y el Hospital de Sant Joan de Déu.

Personal sanitario de un CAP de un municipio del área metropolitana, que prefiere que no se publique el nombre, también ha puesto el foco en esta unidad y ha protestado por su funcionamiento al propio hospital y al Síndic de Greuges. El CAP incluso elaboró un manifiesto en el que se critica que  "las madres denunciantes son muchas veces obligadas a explicar los hechos ante el menor, con el perjuicio que eso supone". El texto, elaborado el año pasado, alega: "Estamos en contra de que en muchas ocasiones se etiquete a la mujer de manipuladora. De que se la considere mujer despechada o con preocupación mórbida por los hijos". El documento, además, revela que los informes de médicos, enfermeras y pediatras de los CAP "son muchas veces cuestionados y no se les da el valor probatorio que deberían tener tanto en los procedimientos de familia como penales".

Otro caso es el de V. R., una mujer que trabaja en el mundo de la enseñanza, que se encontró en la visita de la Ufam "al padre y presunto agresor sexual de los menores, sin que nadie me hubiera alertado", afirma. La afectada muestra su disconformidad "con los protocolos seguidos por la Ufam, cuya valoración ante un juzgado es de un valor supremo para la protección de los menores".

Preocupación mórbida

Lienas explicaba en su interpelación parlamentaria que el diagnóstico sobre algunas madres es que sufren "preocupación mórbida". En estos casos "son amenazadas con una retirada de tutela de la criatura si continúan presentando alteraciones de conducta". Esto lo sufrió el ginecólogo Sergio Haimovich a raíz de unos dibujos realizados por su hija hicieron sospechar al hospital que podría haber sufrido abusos, que finalmente se descartaron, pero para entonces la Dirección General de Atención a la Infancia y Adolescencia (DGAIA) ya había declarado "el desamparo" de la niña y de paso el de sus dos hermanas y las ingresó en un centro de menores.

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La exdiputada y escritora cita también la frase de un informe de la unidad: "Las razones que motivan la consulta son poco consistentes. La exploración física es normal". Lienas puntualiza: "Esos motivos poco consistentes son dos procedimientos judiciales penales contra el padre, uno por posesión y otro por producción de pornografía infantil".  

Un portavoz del Hospital Sant Joan de Déu restó importancia a las quejas. "Se valoran más de 300 casos al año. Las denuncias son mínimas, además son antiguas", dijo. El servicio valora no solo al niño, sino también el rol del progenitor con el menor. "Los niños dicen cosas para satisfacer al adulto, repite lo que le dicen y a veces no es un abuso, sino cosas que no se hacen correctamente", concluye.