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LA LUCHA CONTRA LA EXCLUSIÓN

Teatro contra el estigma de la enfermedad mental

Iniciativas como Escenaris Especials, de Clàudia Cedó, el grupo Brots de Pallapupas y La Trifulga dels Fútils certifican los beneficios de la escena para combatir psicopatologías

El arte dramático potencia la expresión emocional, la autoestima y las habilidades sociales

Imma Fernández

Juan Ramón Muñoz, en ’El rei bastard’, de Escenaris Especials.

Juan Ramón Muñoz, en ’El rei bastard’, de Escenaris Especials. / Irene Serrat

Uno de cada cuatro catalanes sufrirá un trastorno mental a lo largo de su vida, según datos de la Generalitat que constatan el aumento de la prevalencia en esta alocada sociedad. La lucha contra el estigma de las enfermedades psíquicas tiene en el teatro una herramienta muy efectiva cada vez más presente en iniciativas que parten tanto del ámbito sanitario como del escénico. Ambos campos convergen en la dramaturga, directora y psicóloga Clàudia Cedóque en el 2006 creó Escenaris Especials con el objetivo de impartir cursos de teatro a personas en riesgo de exclusión social en la provincia de Girona, utilizando el arte dramático como instrumento de intervención psicológica.

Alumnos diagnosticados con trastornos mentales, autismo, discapacidad, en proceso de desintoxicación y niños con deficiencias neuromotoras acuden a las clases (120 alumnos distribuidos en 10 grupos) y participan del proceso creativo de las obras. Su último espectáculo, ‘Cinema’, una recreación de míticas escenas del celuloide, llegará el 12 y 13 de mayo al Teatre Lliure y el 1 de junio a la Sala Planeta de Girona

Habilidades sociales 

El teatro promueve las habilidades sociales, inyecta autoestima y ayuda a tolerar la frustración y adquirir herramientas básicas para el día a día”, explica Cedó, que subraya su idoneidad para transmitir sentimientos y emociones. “Tener un espacio para desplegar una maquinaria que nos permite reír, enfadarte, llorar... y que te prepara para afrontar mejor la vida es bueno para cualquier persona”, valora la psicóloga. Y más indicado es aún para los que ven limitada su capacidad de comunicación a consecuencia de algún trastorno mental severo. Cedó pone ejemplos: “A un autista le puede resultar muy difícil ir a comprar y preguntar el precio porque se bloquea. Sobre las tablas puede ensayar sin consecuencias graves, sin miedo a hacer el ridículo o sentirse rechazado”. 

Antonio y Quico, en 'Banyoles Park', de Escenaris Especials / IRENE SERRAt

El telón como válvula de escape es otra función terapéutica para los que sufren esquizofrenia, depresión, ansiedad... “En los centros médicos se reprimen mientras que el teatro les permite explotar y tratar desde el juego y el humor todas sus obsesiones de una manera más positiva”, expone Cedó, que cuenta cómo a un alumno con pensamientos recurrentes de imitar los ruidos de un camión se le propuso que aparcara el vehículo, con la maniobra precisa, al llegar a clase. “Aprovechamos las improvisaciones y rasgos de los actores”, agrega la creadora de la aplaudida ‘Tortugues, la desacceleració de les partícules’. 

Trabajo en equipo y aplausos

Desarrollar la concentración y la memoria, la capacidad de imaginación y la coordinación en equipo son otras ventajas, así como la enorme gratificación que reciben del público. Marcados por los fracasos o el ‘no sirves para nada’, muchos se sienten, quizá por primera vez, valorados. “Un exalcohólico nos dijo que nunca le habían aplaudido en su vida. Se sentía orgulloso”, revela la dramaturga. Que a uno le paren por la calle y le reconozcan por hacer de presidente en una obra, cuando antes era el ‘diferente’ del pueblo, le empodera. 

La psiquiatra Carme Mariscotque trabaja con los colectivos de Escenaris Especials, corrobora los beneficios que ha percibido en los alumnos. “Están más espontáneos, más abiertos, más expresivos y mejora mucho su autoestima”.

María Teresa Lluch, catedrática de Enfermería Psicosocial y doctora en Psicología, califica el teatro como una “medicina” que sirve de “modelo, medio y fin para potenciar la salud mental de todas las personas”. Experta en salud mental positiva, Lluch pone el énfasis en desarrollar la parte conservada saludable; reforzar las capacidades existentes, las fortalezas, para mejorar el bienestar psíquico. 

Espejo de la vida real, el arte dramático permite practicar y aprender comportamientos para disfrutar de cosas sencillas y valorar lo bueno. “Ayuda ver cómo los personajes resuelven problemas, modelos positivos de aprendizaje”, sostiene Lluch, que considera el teatro “muy indicado” para personas con trastornos severos como esquizofrenia, psicosis y depresión a las que les permite “potenciar capacidades que aumenten su calidad de vida”. 

Lluch aclara que la psicología positiva se ha malinterpretado. “Tiende a verse como 'happyflower' pero es importante aceptar también los aspectos negativos: la tristeza, la frustración, el desengaño...”, enfatiza la especialista, que avisa de que buscar el estado de la felicidad es “tirarse por un precipicio”. Solo hay momentos felices. “Una dosis de sentimientos y emociones negativas son saludables, lo difícil es controlar la cantidad”.

Estereotipos

En la batalla contra el estigma social, las tres expertas en salud mental consideran fundamental romper con los estereotipos y tópicos con los que se reflejan las psicopatías en la ficción. “Siempre vemos al loco que grita, el tonto... Los rasgos más negativos y limitaciones de la enfermedad, en lugar de integrarlos en el guion como cualquier otro personaje”, lamentan. Mariscot denuncia también el trato de los medios en casos judiciales cuando “banalizan” a los enfermos sugiriendo que “hacen cuento” o se generalizan sus conductas agresivas.  

El teatro, en palabras de Cedó, debería reflejar la diversidad que existe en la sociedad de forma inclusiva, porque el cliché no justifica el comportamiento. “Vemos a menudo papeles de enfermos psicopatológicos que son asesinos en serie, violentos.... Eso lleva a identificar el transtorno con la exclusión”, expone la psicóloga, para quien es importante entender que “la enfermedad mental no es una etiqueta”. “Yo misma o cualquiera puede tener mañana un brote psicótico”. 

El grupo Brots de Pallapupas en la obra 'Sopars d'etiqueta'.  / FELIPE ToBON

En esa lucha contra las etiquetas trabaja también Brots, compañía de teatro del oprimido del proyecto Pallapupas (Pallassos d’Hospital). Su director, Antonio Masegosa, explica que la intención es dar voz y respuesta a las preocupaciones y conflictos de los enfermos, acabar con los tabús y llevar a la reflexión. Historias, elegidas por los actores, como la premiada ‘Ella’, una bofetada a la industria farmacéutica con la que viajaron a Euskadi y Croacia.

“Tenemos en el grupo personas bipolares, esquizofrénicos y con otros trastornos o ninguno, pero yo nunca les pregunto su diagnóstico; el potencial y circunstancias de cada uno van apareciendo con el trabajo. El teatro se ha convertido en un pilar para ellos”, constata Masegosa, que incide en lo conveniente de separar las bambalinas, un espacio de libertad, del ámbito clínico y tratarlos como a cualquier otro actor. 

'La follia dels ocells', último espectáculo de la compañía La Trifulga dels Fútils.

En esa misma línea se sitúa La Trifulga dels Fútils, que nació hace 18 años en el centro de día Doctor 

Pi i Molist (Nou Barris) como taller y hace cuatro se independizó como compañía de teatro propia. Su director, Manel Anoro, médico de familia y entusiasta de los telones, destaca la función de "hogar" que representa para un colectivo con una vida social compleja. "La compañía es para ellos un proyecto vital, el espacio de encuentro con los amigos, donde comparten ilusiones, alegría...". Las tablas, concluye, son una "herramienta muy potente para recuperar al enfermo mental". Muy positivo es también que comporte actividades activas y creativas, no pasivas, y "el valor que supone subirse a un escenario, cosa que la mayoría no se atrevería a hacer". Ellos, sí.

De la catarsis griega a los manicomios

La historia de la enfermedad mental corre en paralelo a su reflejo en el teatro, explica la psiquiatra Carme Mariscot. Ya en la Grecia antigua se hablaba del valor terapéutico de la escena al considerarlo una “catarsis” purificadora. “Aristóteles creó un nexo entre la ciencia médica y las tragedias griegas, aunque por otra parte la locura se consideraba el resultado de conflictos entre dioses”, prosigue. En la oscuridad de la edad media las enfermedades mentales pasaron a considerarse fruto de una posesión demoniaca y siguió en el renacimiento, el periodo más nefasto para la psiquiatría con la caza de brujas y torturas. Más adelantada fue la cultura islámica medieval, apunta la doctora, que introdujo un trato digno al enfermo con cuidados como masajes, hidroterapia, sangrías e incluso prescripción farmacológica. En 1409 abrió el primer psiquiátrico del mundo en Valencia (Hospital d’Innocents follcs i orats) y durante la ilustración los enfermos siguieron aislados en los centros psiquiátricos, junto con indigentes, huérfanos, prostitutas, enfermos crónicos... Shakespeare, agrega Mariscot, relacionó la enfermedad mental con el mal funcionamiento del cerebro y citó como factores desencadenantes los celos, las manías, las obsesiones. las intrigas...