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el doble crimen del pantano

Las cámaras grabaron en Susqueda los coches de Magentí y de las dos víctimas con solo 28 minutos de diferencia

El sospechoso utilizó a su pareja como tapadera para ocultar pruebas y la obligó a huir a Colombia

Guillem Sànchez / Víctor Vargas

Levantado el secreto de sumario en el crimen de Susqueda / VÏDEO: ATLAS / FOTO: ICONNA / JORDI RIBOT

A Marc (23 años, Arenys de Munt) y a Paula (21 años, Cabrils), los dos jóvenes asesinados en el pantano de Susqueda el 24 de agosto del 2017, solo pudo matarlos Jordi Magentí Gamell, el hombre que los Mossos d’Esquadra arrestaron a primera hora de la mañana del lunes 26 de febrero. Sobre este vecino de Anglès, de 60 años, que en 1997 ya asesinó a su esposa, recaen demasiados indicios "sólidos". 

28 minutos 

Las cámaras de seguridad del pantano grabaron el Opel Zafira de la pareja del Maresme y el Land Rover Defender de Magentí durante la mañana del 24 de agosto. Ambos vehículos fueron captados con una diferencia de tan solo 28 minutos. Un hecho que permitió a los Mossos conectar por primera vez a las dos víctimas con el sospechoso. A pesar de que el coche de Magentí no estaba a su nombre, los investigadores pudieron situarlo al volante del Defender gracias a un testigo clave. El mismo que también aseguró que Magentí estuvo en el lugar del crimen durante esos días, también cuando se produjo.

El crimen

Marc recogió a Paula el 23 de agosto, por la noche, cuando ella terminó su turno en la pizzería en la que trabajaba. En el Opel Zafira viajaron hasta el pantano de Susqueda pero no llegaron a subir al embalse. Se quedaron a dormir en el coche. Al día siguiente, 24 de agosto, fueron a sacar dinero de un cajero -existe una fotografía de ese instante- y tomaron un café en el bar La Parada, ubicado junto al camino que conduce al pantano. Sobre las 10.30 horas, llegaron al embalse. Se encontraron con Magentí poco después, en la Rierica, el lugar al que siempre acudía a pescar este vecino de Anglès. No existe ningún móvil conocido para lo que sucedió a continuación, solo especulaciones como que el presunto asesino utilizaba artes prohibidas. Porque Magentí sigue negando los hechos.

La principal hipótesis es que fue a causa de una discusión fortuita. Bajo tratamiento psiquiátrico y con un carácter inflamable, capaz de sulfurarse y perder el control enseguida, cuadra que optara por disparar contra Marc y, acto seguido, tras percatarse de lo que había hecho, abriera fuego contra Paula. Los testigos que escucharon ese día disparos cerca de la Rierica a las 12.00 horas hablan de una ráfaga de tiros, un grito de mujer (Paula) y un último disparo. La autopsia halló un disparo en la cabeza de la joven. 

La ocultación de los cuerpos y el Opel Zafira

Los investigadores de la Unitat Central de Persones Desaparegudes de los Mossos, a cargo del caso, creen que Magentí optó por deshacerse de los cuerpos porque se dio cuenta de que si los encontraban en la Rierica podrían relacionarlo con el crimen. Por eso les colocó una mochila que cargó con una pesada piedra y los lanzó al agua, si bien Carles Monguilod, que ejerce la acusación particular, ha explicado que los cuerpos fueron trasladados en kayak hasta el lugar cercano en el que se descubrieron. Los cadáveres aparecieron desnudos el 26 de setiembre. Solo se encontró la mochila de Marc. Y la piedra que contenía, a través de estudios geológicos, ha conducido hasta la casa en ruinas ubicada en la Rierica.

Al día siguiente, 25 de agosto, Magentí despertó de madrugada a su novia y la obligó a ir a pescar a Susqueda, un plan que para ella resultó sorprendente. Ni siquiera había amanecido cuando la dejó sola pescando en una orilla y desapareció durante al menos dos horas. Los Mossos creen que durante ese tiempo, Magentí se deshizo del Opel Zafira. 

La persona que había matado a Marc y a Paula había demostrado un conocimiento exhaustivo de un terreno salvaje como el del embalse. Un pescador o un cazador -Magentí era ambas cosas- encajaba mejor que nadie en el perfil de sospechoso. La persona que sumergió el coche condujo más de una hora por un camino impracticable porque sabía que en La Platjeta existía uno de los dos accesos que permiten entrar con el vehículo hasta el agua (el otro es el embarcadero). Un pescador, además, sabría que en ese punto el pantano se tornaba profundo repentinamente, lo bastante como para tragarse el Opel Zafira. La planificación para ocultar cadáver y coche demostraba otra cosa: no se había puesto nervioso. Y Magentí no era la primera vez que mataba

La huida a Colombia

El 28 de agosto los Mossos encontraron el coche y eso alteró a Magentí, que compró un billete de avión a Colombia para su pareja. A pesar de que ella no tenía ningún interés ni intención de dejar Anglès, la localidad en la que residía junto a Magentí. Fuentes policiales aclaran que si él no se marchó todavía fue porque pensaba hacerlo en cuanto reuniera más dinero: tenía una plantación de marihuana con su hijo que en breve daría beneficios. Lo que sí hizo Magentí fue acelerar el papeleo para cobrar la pensión. 

Los Mossos, que habían instalado micrófonos en su domicilio, captaron asimismo una conversación en la que Magentí aleccionaba a su mujer, cuando ella ya estaba en Colombia, que ambos mantuvieron después de que él supiera que los policías querían hablar con ella. "Tienes que decirles esto y no esto", ilustra una fuente policial. 

La marihuana 

La plantación de Magentí y su hijo, arrestado también el 26 de febrero -horas después de que fuera detenido su padre-, no explica el doble crimen. Pero sí aporta un dato interesante. Magentí había buscado en su ordenador información sobre pistolas como la que posiblemente asesinó a Marc y a Paula. Se da por hecho que adquirió una -de manera ilegal ya que al tener antecedentes no podía tener permiso- para proteger la plantación de marihuana. Es decir, cada vez que iba a comprobar cómo estaba, lo hacía armado. El día en que Marc y Paula fueron asesinados, Magentí fue a la Rierica después de pasarse por la plantación de marihuana, lo que implica que llevaba encima la pistola.

Un caso muy complicado

Magentí fue detenido el 26 de febrero porque planeaba huir a Colombia el día 28. Pero la investigación para acreditar su culpabilidad no ha sido nada sencilla y sigue en marcha. No existen pruebas de ADN, ni de balística, ni huellas dactilares que lo incriminen. Sin embargo, lo que se ha recogido hasta la fecha, le señala con poco margen de error. La piedra, la compra de la pistola, la plantación de marihuana, las conversaciones intervenidas, su obsesión por Rierica, sus antecedentes de sangre, la fuga a Colombia y, sobre todo, su conocimiento de Susqueda y la presencia de su coche en el lugar y el día del doble crimen. Todo ello aísla a Magentí como el único hombre que pudo matar a Marc y a Paula y también el único que, añadiendo así una sobredosis de dolor a sus padres, escondió sus cuerpos y su coche en las aguas de un pantano al que ha unido su apellido para siempre.

Carles Monguilod: "La Fiscalía avanza en la línea correcta"

El abogado Carles Monguilod, que ejerce la acusación particular contra Magentí a petición de las familias de Marc y de Paula, no tiene ninguna duda de que la fiscalía “va en la línea correcta”. “No tenemos ningún interés en acusar a alguien inocente porque sería inmoral y porque eso obstaculizaría que persiguiera al auténtico autor del delito. Estamos convencidos y, por eso, el próximo martes nos adheriremos a la fiscalía para pedir que se desestime el recurso para dejarle en libertad que ha solicitado la defensa de Magentí”.

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