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transformación en la enseñanza

La innovación desembarca con timidez en la formación profesional

Las escuelas jesuitas transforman su FP en Catalunya, como primer paso para la reforma que reclaman estos estudios

Grupos de alumnos más pequeños y más colaboración con las empresas son algunas de las novedades del nuevo método

María Jesús Ibáñez

Estudiantes del ciclo de Laboratorio Clínico y Biomédico de los Jesuitas de El Clot de Barcelona en el laboratorio de Microbiología del Hospital del Vall dHebron.

Estudiantes del ciclo de Laboratorio Clínico y Biomédico de los Jesuitas de El Clot de Barcelona en el laboratorio de Microbiología del Hospital del Vall dHebron. / JOAN PUIG

Un paciente que llega a Urgencias puede saber, en poco más de media hora, si lo que le provoca esa fiebre tan alta es una simple gripe o si, por el contrario, está afectado de algún otro virus más agresivo. Si solo es un gripazo, ese enfermo volverá a casa con el correspondiente tratamiento. Si lo que tiene es más serio, ingresará de inmediato. "Es muy importante, por lo tanto, que los técnicos del laboratorio de Microbiología seamos rápidos y precisos. De nosotros, de vosotros muy pronto, depende que esa persona tenga que entrar o no en aislamiento, por ejemplo", avisa el doctor Mateu Espasa, microbiólogo y parasitólogo del Hospital del Vall d'Hebron, a un grupo de estudiantes del ciclo superior de Técnico de Laboratorio Clínico y Biomédico de los Jesuitas de El Clot, en Barcelona.

La visita que esta veintena de alumnos de formación profesional (FP) realizan a las instalaciones hospitalarias forma parte del programa de innovación que la fundación Jesuïtes Educació ha empezado a introducir este año en algunos de sus ciclos formativos. No es casualidad que el cambio metodológico en estos estudios empiece en una red de centros concertados (la misma que hace cuatro años desarolló un método propio e innovador en la secundaria obligatoria, la ESO), entre otras razones porque para poner en marcha una reforma de este calado son necesarios recursos materiales y de personal y una formación específica para el profesorado.

"Hemos arrancado con dos grados superiores, el de Técnico de Laboratorio y uno de Márqueting y Publicidad, pero la intención es expandirlo a los más de 40 que impartimos", explica Cristina Cabanach, directora de Innovación en la FP en los colegios de los jesuitas catalanes. Más que el trabajo por proyectos o el trabajo en grupo (algo que hacen desde hace tiempo los centros de FP, públicos y privados), la principal característica de este cambio pedagógico son las mentorías, explica la responsable del proyecto. "Las clases cuentan con agrupaciones de cinco alumnos que cada semana mantienen reuniones con un profesor, de manera que el docente acaba creando vínculos con los estudiantes, va conociendo las habilidades sociales y emocionales de cada uno de ellos y así puede asesorarles con un mayor conocimiento", detalla. Cada trimestre el alumno recibe un boletín en el que se valoran sus competencias y su evolución.

La relación con las empresas colaboradoras es también distinta a lo que era hasta ahora, subraya la directora de Innovación de la FP. "El aprendizaje de los alumnos ya no se realiza solo en el aula: puede haber seminarios de expertos en nuestras escuelas, pero puede haber también una clase de uno de nuestros profesores en las instalaciones de una empresa externa", señala Cabanach.

El mundo real

No se trata, aclara, del modelo de formación profesional dual, en la que los trabajadores de las firmas privadas son también docentes. "En nuestro caso, lo que hemos hecho alguna vez es que la empresa ceda sus equipamientos, sus espacios y sus materiales para que nuestros alumnos hagan una clase allí", concreta la profesora. A los estudiantes, añade, "se les plantean problemas o retos, que requieren de una componente importante de creatividad y en los que se les exige poner en práctica los aprendizajes ya adquiridos", cuenta.

"Es importante que veáis cómo se trabaja aquí, que conozcáis bien cómo es el día a día", prosigue el doctor Espasa durante la visita por el laboratorio de Microbiología del Vall d'Hebron. Entre placas, cultivos, tinciones, siembras e incubadoras, el especialista explica a los futuros técnicos lo rápido que está cambiando la profesión.

Los alumnos, que escuchan en silencio, asienten. "Es verdad que este es un sector que está cada vez más automatizado, pero eso no significa que no vayáis a hacer falta en un futuro... Significa que vais a tener que saber manejar más máquinas y que vuestras tareas van a ser distintas", les avisa Fina Rodríguez, la coordinadora de los técnicos de este macrolaboratorio, por el que pasan a diario miles de muestras.

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