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segunda oportunidad

"En el instituto tenía la sensación de ser un estorbo"

Adolescentes que acaban en escuelas de adultos aseguran sentirse expulsados de los centros convencionales

En las aulas de formación permanente encuentran una atención individualizada que les anima a progresar

María Jesús Ibáñez

Hatja, Andrea y Rafa, exalumnos de Can Lletres, de frente, explican su experiencia a los estudiantes de este curso.

Hatja, Andrea y Rafa, exalumnos de Can Lletres, de frente, explican su experiencia a los estudiantes de este curso. / NÚRIA PUENTES

Una de las preocupaciones que los alcaldes suelen transmitirle a Rafael Homet, diputado responsable del área de Educación en la Diputación de Barcelona, alude a los grupos de jóvenes que pasan el día sin hacer nada en las plazas de los pueblos. "Suelen ser menores absentistas, que pasan de ir al instituto, o jóvenes que han dejado definitivamente los estudios y no encuentran trabajo... Preocupan no porque causen problemas, sino por su futuro incierto", explica Homet. 

Carlos e Iker podrían ser dos de esos chavales, reconocen ambos. El uno, Carlos, tiene 17 años y dejó el instituto sin haber terminado la ESO porque no le interesaba nada lo que allí le explicaban. El otro, Iker, de 16, lo abandonó cuando tuvo que repetir curso en tercero. "Yo nunca había dado problemas, no era para nada de esos que montan bronca a cada momento, simplemente iba tirando. Pero cuando tuve que repetir curso, me tocó con un grupo de niños con los que no me adapté en absoluto", cuenta. Ahora están ambos en la escuela de adultos Can Lletres de Llinars del Vallès, donde se preparan para intentar superar, dentro de unas semanas, las pruebas de acceso a los grados medios de formación profesional.

El trabajo de autoestima que hacen estos centros es impresionante. "Trabajamos también los hábitos, para que por ejemplo sepan organizarse mejor con sus cosas y en la vida en general", señala Neus Ramia, la directora de Can Lletres. Eso ha permitido que estos jóvenes, muchas veces con problemas añadidos (con conflictos familiares, con adicciones o con un bajo concepto de sí mismos y de sus capacidades), "recuperen el deseo de hacer cosas, de seguir adelante", indica Ramia. "O, al menos, que sientan que pertenecen a algún lugar", subraya.

Rafa, Hatja y Andrea, tres exalumnos del centro, dan fe de que la fórmula funciona. "Supongo que en cierta manera todo esto nos ayudó madurar, y también fue muy importante cómo ayudaron los profesores", reflexiona el chico. "En el instituto yo era uno más entre un montón de gente, mientras que en la escuela de adultos tuve profesores que estaban pendientes de mí y que me decían las cosas como eran, con claridad y sin maquillajes". "En el instituto tenía la sensación de ser un estorbo y creo que a nadie le preocupó demasiado que lo dejara", reflexiona.

Algo parecido sintió Hatja cuando abandonó sin haber terminado tampoco tercero de la ESO. "Yo no estaba cómoda… Por los profes, sobre todo, porque si no iba tampoco pasaba nada, porque daba la impresión de que les daba completamente igual si estabas en clase o no, les sudaba", explica la chica, alumna actualmente de un ciclo de Auxiliar de Enfermería en un centro concertado de Granollers. "Estar seis horas seguidas en el instituto era una rayada, no las soportaba… En Can Lletres era distinto, mucho más interesante", agrega Rafa.

Cada alumno recibe una atención individualizada. "Escuelas como esta de Llinars, que tienen una estrecha relación con su entorno, son también laboratorios de innovación educativa", sonríe Mireia Martínez, técnica del área de Educación de la Diputación de Barcelona. El profesorado, explica Martínez, "lo forman personas con un amplio conocimiento social, que sabe lo importante que es, muchas veces, priorizar los vínculos por encima de los contenidos". El modelo de las escuelas de adultos, para el que la corporación provincial ha diseñado un plan de trabajo para los dos próximos años, se inscribe, además, en el sistema del programa Educació 360, de formación permanente.

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