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El perfil

"Magentí, l'assassí": en Anglès nadie quería hablar con el detenido por el crimen de Susqueda

Jordi Magentí Gamell es un hombre raro, obsesivo y callado al que se le da muy bien la pesca

Tras cumplir condena por asesinar a su mujer, se enamoró de nuevo en Colombia, un país al que planeaba regresar

Guillem Sànchez

Jordi Magentí i Gamell en una imagen de archivo durante su juicio en el 2000.

Jordi Magentí i Gamell en una imagen de archivo durante su juicio en el 2000. / TV3

"Es un buen pescador, muy obcecado, de los que se obsesionan", explica Lluís Ribas, que dirigió durante 25 años la Societat de Pesca Esportiva d’Anglès i Comarca (SPEAC), el club en el que Jordi Magentí Gamell, el hombre detenido por el doble crimen del pantano de Susqueda, se inscribió para participar en las competeciones de pesca deportiva de carpas. "Ganó alguna vez", le reconoce. Magentí pescaba y también cazaba. Para ambas cosas, el pantano de Susqueda, y los bosques que lo rodean, son el lugar indicado. 

Magentí siempre había sido un hombre callado, raro. Y después de matar (en 1997) con una escopeta a su mujer, la madre de sus hijos, los vecinos de Anglès procuraban evitarlo. Ya no tenía amigos en este pueblo. Al salir de la cárcel, intentó regresar a la sociedad de pesca, pero nadie le quería allí. La caza tampoco podía retomarla porque, con sus antecedentes, tenía prohibido el permiso de armas. Siguió pescando, en solitario. 

Empleado de la textil, hijo de Can Cuixa

A Jordi los vecinos lo conocían por el apellido, "Magentí". Algunos incluso hacían la rima: "Magentí, assassí". También lo llamaban por el mote que recibe la casa de su familia, Can Cuixa, ubicada en el número 1 del Carrer Nou de Anglès. Esa era la residencia en la que vivía actualmente, junto a su tío, de quien cuidaba. 

Magentí había trabajado toda la vida para la empresa textil Antex, del mismo municipio. Después de cumplir 15 años de cárcel por el asesinato de su mujer, en el 2010, la fábrica le facilitó una jubilación anticipada para sacárselo de encima. Desde entonces, cobraba una pensión por invalidez. Durante el juicio con jurado que se celebró en la Audiencia de Girona se le reconoció un trastorno de la personalidad que funcionó como atenuante de la condena. Sin trabajo, y con pensión de por vida, Magentí tenía todo el tiempo del mundo para pescar. Y para viajar.

Viaje a Colombia

En su cuenta de Facebook las fotografías empiezan con fecha 2013. En estas ya aparece su mujer actual, de origen colombiano. A este país viajó para conocerla. Se casaron y, junto a una hija de ella fruto de una relación anterior, los tres se instalaron en Anglès. Sin embargo, madre e hija no se quedaron demasiado tiempo. En el pueblo sospechan que ellas aquí conocieron el pasado de Magentí. Se enteraran o no, la relación entre Magentí y la colombiana no se interrumpió. Él siguió viajando a Colombia. En realidad, en el pueblo había dejado dicho que planeaba instalarse definitivamente allí. 

El hijo de Magentí

El hijo de Magentí, de 26 años de edad, es el otro detenido por este doble crimen. En los bosques que rodean Anglès, las plantaciones clandestinas de marihuana han proliferado en los últimos años. En el pueblo no son pocos los vecinos que sabían que su hijo cultivaba marihuana. Las habían visto crecer en la terraza de su abuela, la madre de Magentí.  

Después de que su padre matara a su madre, el hijo no cortó la relación con él. Los vecinos explican que de vez en cuando veían al chico entrar en Can Cuixa. También cuentan que padre e hijo iban a menudo a Susqueda. "Pero no a pescar", añaden. Especulan que por allí habría alguna plantación de marihuana. Fuentes cercanas a la investigación, consultadas por este diario, confirman que los vecinos no van del todo desencaminados porque la detención del hijo también guarda relación con la marihuana. 

Pocas palabras

En la televisión de la cafetería BJB esta tarde estaba sintonizado el 3/24, que emitía imágenes del juicio contra Magentí que se celebró en el año 2000. Afuera estaba nevando y los clientes dividían su atención entrela tele, la partida de cartas y los primeros copos, para ver si cuajaban. Cuando ha sonado la voz de Magentí, explicando impasible cómo asesinó a su mujer, las dudas se han disipado y el bar ha enmudecido: "Disparé cuatro veces y ya no recuerdo nada". Tras escucharlo, uno de los clientes no se ha mordido la lengua: "hijo de puta", ha mascullado. 

En esta cafetería, situada a escasos 50 metros de Can Cuixa, Magentí se tomaba cada tarde, sobre las 17.00 horas, un café solo. Se sentaba siempre en la misma mesa, sin compañía. Pagaba y compraba un puro. Durante ese rato, ojeaba el diario o miraba la tele, en silencio. Magentí siempre ha sido un hombre de pocas palabras. En Anglès, además, desde que asesinó a Josefina, nadie quería hablar con él. 

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