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informe anual

El 40% de los excluidos sociales hallan trabajo un año después de formarse

La fundación Formació i Treball advierte, sin embargo, de que la mitad de los contratos son aún de menos de dos meses

La entidad, vinculada a Caritas, confirma que la pobreza es cada vez más joven, femenina y autóctona

María Jesús Ibáñez

Una mujer trabaja en la planta que la fundación Formació i Treball tiene en Sant Esteve Sesrovires.

Una mujer trabaja en la planta que la fundación Formació i Treball tiene en Sant Esteve Sesrovires. / JOAN PUIG

Dos de cada cinco personas en riesgo de exclusión social encuentran un empleo en los 12 meses siguientes a haber participado en un programa de formación para el mundo laboral, aunque los puestos de trabajo que desempeñan son todavía muy precarios e inestables, con contratos que en la mitad de los casos tienen una duración de menos de dos meses. El dato, facilitado este lunes por la fundación Formació i Treball, que trabaja desde hace 25 años en la inserción laboral de los colectivos más vulnerables, viene acompañado de una buena noticia: la tasa de incorporación de estas personas en empresas convencionales mejoró un 17% en el 2017 respecto al año anterior.

La fundación, por la que el año pasado pasaron 4.367 personas sin ningún tipo de prestación, es conocida sobre todo por su proyecto Roba Amiga de recuperación y venta de prendas de vestir de segunda mano, y este año ha creado una empresa de trabajo temporal (ETT) especializada en la contratación de personas que se encuentran en riesgo de vulnerabilidad. "Es gente que, a veces, no puede ir a trabajar directamente a empresas privadas o a instituciones públicas, porque necesitan un acompañamiento antes de salir al mercado laboral ordinario", ha precisado Albert Alberich, director general de Formació i Treball. Mientras se preparan, trabajan en alguna de las 13 empresas de la fundación, todas ellas con carácter solidario.

Desde su creación en 1992, la entidad, promovida por Caritas y con implantación en las provincias de Barcelona y de Tarragona, ha atendido a más de 26.000 personas, con perfiles que han ido variando. "Desde la crisis, ha aumentado el porcentaje de mujeres y la edad de estas personas ha descendido. También hay una mayor presencia de autóctonos frente a los inmigrantes", ha señalado Marina Arnau, directora de Inserción de la entidad.

Un impacto de 20 millones de euros

"Somos un motor de innovación social, que ha apostado por proyectos sostenibles económicamente a largo plazo", ha proclamado Àngel Cànovas, presidente de la fundación. El año pasado facturó 13,5 millones de euros, "pero si se tienen en cuenta indicadores como la gente que ha empezado a cotizar o las prestaciones que se han dejado de pagar, el valor social que se generó fue de 20 millones", ha dicho Cànovas.

Entre los sectores de empleabilidad destacan los servicios, "como camareros, cáterings, limpiezas especializadas, ayuda a domicilio o camareras de piso", ha detallado Arnau. "Aunque como lo que se ofrece es una formación muy individualizada, en función de las habilidades de cada persona y de las necesidades del mercado, ahora, por ejemplo, estamos formando carniceros y pescateros".

Se trata, ha subrayado el presidente honorífico de la fundación, Manuel Ribas, de "formar a la gente para que salga de la marginación, y no solo luchar contra las necesidades".

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