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ANIVERSARIO DE UNA PROTESTA

Refugiados, casi olvidados

Las entidades que ayudan al colectivo denuncian la escasa respuesta política frente a la movilización popular

El acceso a la vivienda y la inserción laboral son algunos de los grandes problemas pendientes

Teresa Pérez

La gran manifestacion a favor de la llegada de refugiados e inmigrantes, el año pasado en Barcelona 

La gran manifestacion a favor de la llegada de refugiados e inmigrantes, el año pasado en Barcelona  / JOAN PUIG

Tras la fuerza de la tempestad llegó el silencio. La fuerza la aportó el clamor popular del medio millón de personas que hoy hace un año salieron a la calle en Barcelona a favor de los refugiados al grito de «Volem acollir». El silencio es la nula respuesta política para paliar el drama, porque los refugiados siguen llegando. La sociedad civil y algunos municipios han cogido el relevo de la innacción institucional.

El año pasado hubo un récord de solicitudes de asilo en España: 31.700, lo que ha planteado serios problemas para acceder a formalizar la solicitud. Por ejemplo, la espera en la provincia de Barcelona es de hasta cinco meses. Estas demoras tienen como consecuencia el retraso para acceder al programa estatal de acogida y el inicio de su proceso de inclusión.

La Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado (CCAR) constata que de los ecos de aquella manifestación ha quedado «un sabor agridulce» porque no se han recogido los frutos deseados. La plataforma Casa Nostra Casa Vostra, organizadora de aquella movilización, sentencia: «Como las cosas están igual o peor, ahora no podemos volvernos a casa». 

¿Qué ha cambiado en un año? es la pregunta de un debate este domingo en el CCCB 

¿Qué ha cambiado en un año? Esta pregunta será el eje de la jornada organizada hoy en Barcelona por Casa Nostra Casa Vostra en el CCCB, en la que participarán entidades, representantes políticos y afectados. Las entidades vecinales confirman que el sufrimiento de los refugiados ha quedado desplazado de «la agenda mediática» y Jaume Buch, coordinador en Catalunya de la plataforma Refugiados Bienvenidos, constata que cuando logran llegar aquí, tras sortear fronteras y dificultades, topan con otras barreras casi insanvables como la de la vivienda.

La concienciación ciudadana no ha ido paralela a las acciones del Gobierno español. «Las buenas intenciones han quedado en nada, no ha habido frutos políticos», explica Judit Pastor, portavoz de la plataforma. A su juicio «no hay una estructura bien preparada y con garantías para darles una vida digna».  Sin embargo, se muestra optimista en un punto: «La sensibilización de la gente ha cambiado. Hemos llegado a ciudadanos que no estaban concienciados». Estel·la Pareja, directora de CCAR, tiene claro que «la gente ha estado a la altura. La sociedad está preparada para un mayor grado de compromiso con los refugiados, en contra de lo que hacen los gobiernos de España y del resto de  Europa».

Ayuda muy escasa

Desde Refugiados Bienvenidos, Buch señala que la vivienda es una de las grandes barreras de inclusión de los desplazados. «La ayuda estatal para pisos solo cubre 370 euros mensuales por persona y 500 euros por pareja, unas cantidades que están muy por debajo del precio del mercado», afirma. Laia Creus, coordinadora de Casa Nostra Casa Vostra, añade: «Hemos detectado que muchos refugiados se encuentran con dificultades muy graves para encontrar piso. ¿Qué tipo de acogida estamos dando si estas personas no tienen un techo?»

Para Buch, la vivienda no es el único reto, hay muchos más: colapso, plazos largos y rígidos en la tramitación de solicitudes y sistemas de ayudas. El idioma es otro hándicap, como también lo es la limitaciones de la tarjeta roja, un documento que caduca cada seis meses. A juicio de Buch, «es una vergüenza lo que está sucediendo con estas personas».

Otros temas

La reflexión que hace la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona tampoco es optimista. «Estamos muy preocupados porque este tema ha desaparecido del ideario público», alerta Joan Maria Soler, portavoz de la entidad. «Los refugiados no están en la primera línea mediática como el año pasado porque los han sustituido otros temas». Barrios como el Poblenou y algunos municipios han puesto su grano de arena en la acción solidaria. 

Montse Milà, del grupo Poblenou Acull, expresa un lamento. «Tras la manifestación, el panorama sigue siendo triste y crudo», dice. «No se  ha logrado nada, solo mantener la conciencia de la gente para no perder de vista que nosotros podemos encontrarnos en su misma situación», relata. Las movilizaciones vecinales han tocado múltiples frentes: campañas de sensibilización, frenar los rumores infundados y xenófobos, charlas... «Tenemos que hacer presión política», insiste. Ahora se va a poner en marcha una campaña para facilitar el empadronamiento «porque sin este trámite no pueden acceder a la vivienda ni al trabajo», señala. 

Venezuela, Ucrania y Honduras

El Servei d’Atenció a Persones Inmigrants, Emigrants i Refugiats (SAIER) del Ayuntamiento de Barcelona batió el 2017 el récord de personas atendidas (4.405), y multiplicó por tres la cifra del 2015. La mayoría de las peticiones fueron de ciudadanos de Venezuela, Ucrania y Honduras. Según datos municipales «el consistorio está alojando cada día entre 90 y 100 personas que deberían estar atendidas por el Estado español, que no se ha hecho cargo».

La CCAR destaca que el grito #VolemAcollir del año pasado se ha traducido en la creación de unos pocos programas municipales de acogida como el Nausica (Barcelona), Tenderol (Sabadell) y Bienvenidas Refugiadas (Sant Boi de Llobregat), así como el Programa Catalán de Refugio.