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La tutela

"Los protegemos y a los 18 años los desprotegemos"

La tutela de la Generalitat dura hasta la mayoría de edad, después los chicos deben abandonar el centro

Una gran parte de los menores acogidos acaba en la cárcel o sobreviviendo en la marginalidad

Teresa Pérez

Un grupo de menores en la Ciutat de la Justícia, a principios de noviembre.

Un grupo de menores en la Ciutat de la Justícia, a principios de noviembre. / JULIO CARBO

Los menores extranjeros no acompañados, conocidos como 'menas', son tutelados por la Generalitat cuando llegan a Catalunya, ingresando en centros hasta que cumplen la mayoría de edad. Con 18 años, deben abandonar las instalaciones, igual que sucede con los adolescentes residentes en Catalunya. "Primero los protegemos y a los 18, los desprotegemos", denuncia Pedro González, responsable de centros públicos de menores de la Unión General de Trabajadores (UGT). El psicólogo social Jaume Funes añade: "Y como no los hemos tratado bien salen de los centros con una gran crispación. Hay gente que teme que si los cuidamos se produzca el 'efecto llamada'".

Son carne de cañón. "Una buena parte, desgraciadamente acaba en la cárcel y otros sobreviven en la marginalidad", apunta el psicólogo. Los planes que tiene la vida con ellos no son los que soñaban al salir de África, continente de procedencia. Apenas un tercio de todo el colectivo de adolescentes extranjeros se integra en la sociedad y logra abrirse camino. "¿Qué les ofrecemos?", se pregunta un educador que, por precaución, prefiere mantener el anonimato. La respuesta es clara: "Poca cosa", porque faltan recursos para poderles echar una mano.

Pena y vergüenza

Los menores, además, no pasan mucho tiempo internos en los centros porque la mitad -el 53,6%- tienen entre 16 y 17 años cuando llegan a Catalunya y a los 18 años dejan de estar tutelados. "No se les facilita una oferta formativa. No hablan el idioma y en algunos centros ni siquiera les facilitan el billete del metro para desplazarse para estudiar. No están preparados para llevar una vida autónoma y necesitan tramitar la documentación para poder trabajar. Lo que quieren es ganar dinero para mandar a la familia", señala un educador social. Ese es el objetivo que se han marcado antes de iniciar el proceso migratorio. "Echamos ilegales a la calle", lamenta un portavoz de la Confederació General del Treball (CGT). "Siento pena y vergüenza de lo que hacemos con ellos", concluye.  

Pequeña paga

La falta de recursos de la Administración y, en ocasiones, la falta de voluntad del colectivo impide que los chavales estén formados cuando dejan la red protectora de la Generalitat. La escasez de propuestas formativas y alternativas no solo se da en los centros de acogida, también se reproduce cuando este grupo deja de estar tutelado. Muchos se quedan solos en la vida y únicamente los que han estado tutelados durante más de tres años "tienen derecho a una pequeña paga", apuntan fuentes sindicales.

Apenas hay 200 plazas para chavales extutelados mayores de edad en los denominados pisos de transición, afirman las citadas fuentes. Con este panorama las posibilidades de sobrevivir fuera de la marginalidad son bastante reducidas. Y la alternativa es vagabundear por la calle en busca de un mísero golpe de suerte. "Tenemos que tener un proyecto de trabajo con ellos porque han venido a Catalunya para quedarse", afirma Funes. Un informe difundido hace un año por entidades sociales ya alertaba de que solo uno de cada cuatro extutelados recibía alguna ayuda de la Generalitat.  

De centro en centro

La Conselleria d'Afers Socials tiene una versión más optimista de la situación. "Se realiza un estudio social y personal de cada caso que permita trazar un itinerario más adecuado para cada joven", señala un portavoz del departamento.

La falta de plazas provoca constantes situaciones itinerantes. Hay chavales, denuncian los educadores, que han cambiado hasta tres veces de centro en seis meses "¿Qué vinculación puede tener un educador con ellos y qué programa educativo se puede hacer con tanta itinerancia?", se preguntan fuentes de la Confederació General del Treball (CGT).

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