Ir a contenido

¿Hay algo más raro que un 'tió'?

Pocas culturas pueden presumir de tradiciones navideñas tan extravagantes como el tronco defecador de regalos, pero hay rivales

Mauricio Bernal

Un tió de Navidad.

Un tió de Navidad. / JOAN CORTADELLAS

Fue ampliamente comentada en su día la mención que hizo en televisión el actor británico Stephen Fry a esas dos tradiciones navideñas catalanas: el 'caganer' y el 'tió'. Presentaba entonces el programa concurso de la BBC 'QI'('Muy interesante' en inglés), y en una emisión surgió el tema. Naturalmente, la revelación –para algunos lo era– de que en los pesebres de este rincón de Europa había hombrecitos acurrucados defecando, y de que en Navidad la gente golpeaba un tronco con ojos exhortándolo a evacuar fue recibida con risotadas por parte del público. “Es extraño, pero es cierto”, decía Fry ante el asombro general.

En Islandia tienen a los 13 'yules', y en Suecia se congregan en torno al pato Donald

No es extraño que tanto el 'caganer' como el 'tió' sean mencionados sistemáticamente en cada lista que aparece en internet sobre tradiciones navideñas raras. Bien visto, deberían encabezarlas. ¿Hay algo más extraño que eso? Los recopiladores de rarezas suelen mencionar a los 13 'yules' de Islandia, una suerte de pandilla de duendes nórdicos que no defecan los regalos ni perpetran nada de orden escatológico; pero tienen nombres islandeses impronunciables y con significados extravagantes. A la mención de los 'yules' por teléfono, el Consulado de Islandia en Barcelona remite toda la información al respecto.

De brujas y demonios

Los duendes en cuestión responden a nombres como Bjugnakraekir (el ladrón de salchichas), Huroaskellir (el golpeador de puertas) o Gatapefur (el oledor). Más llamativo es el trío de lamedores: Pottasleikir (el lamedor de ollas), Askasleikir (el lamedor de cuencos) y Pvörusleikir (el lamedor de cucharas). Etcétera. Los 13 duendes viven en la montaña con sus padres. Cada noche, entre el 12 y el 24 de diciembre, se turnan para llevar regalos a los niños, de modo que los pequeños islandeses tienen un regalo por noche hasta llegar a 13. A los que se portan mal les llevan patatas podridas.

En Japón se forman largas colas para comprar pollo del KFC

Hay lugares donde los encargados de llevar los regalos son 13 duendes, otros donde es un anciano obeso con uniforme rojo y otros donde lo hace una bruja con una verruga en la nariz vestida como pordiosera. “Vuela con una escoba y a los niños malos les trae carbón”, dice Ana María Ciaravola, italiana radicada en Barcelona involucrada en temas culturales. No debe ser agradable ser niño en Italia y recibir carbón de parte de una maga pérfida y fea, pero es menos amable ser niño en Austria y vivir la víspera de fiestas con la amenaza de ser secuestrado por el Krampus, la némesis del gordo de rojo. Su misión es llevarse a los niños malos y arrojarlos al infierno.

Los japoneses y el pollo

No tiene el encanto de un defecador navideño, pero es excéntrico poder decir que uno viene de un país donde la Navidad es sinónimo de pollo, y además: pollo de comida rápida. Lo confirman fuentes de la comunidad japonesa de Barcelona: en Japón no celebran en torno a un pavo, el centro de la mesa es una cesta de KFC. “En Japón -explican- se importó la idea del pavo navideño para la noche del 24, pero como no es habitual comer pavo, en los supermercados no hay, así que se transformó en pollo”. La cadena estadounidense hace grandes campañas navideñas y los japoneses suelen reservar su pollo con antelación. Otros países producen imágenes decembrinas donde hay guirnaldas, gente cargada con bolsas o familias patinando sobre el hielo; en Japón se pueden hacer fotos de largas colas navideñas en los locales del coronel Sanders. La Navidad estadounidense no se ha exportado solo en la forma del Papá Noel de marras.

El 'tió' representaba en principio algo tan místico como un regalo de fuego

De hecho, se ha exportado a sí misma de otra llamativa manera: en Suecia, en Navidad, padres, madres, hijos y abuelos tienen la costumbre de reunirse junto al televisor cada día 24, siempre a las tres de la tarde, a ver al Pato Donald. A ver, en concreto, el programa especial de Disney 'El Pato Donald y sus amigos le desean una feliz Navidad', que la televisión pública sueca emite religiosamente el mismo día y a la misma hora desde 1959. No es un programa distinto cada año. Ven el mismo programa, año tras año. No es raro encontrar suecos que se saben los diálogos de memoria. Y no es difícil imaginar a Stephen Fry en la BBC diciendo: “Es extraño, pero es cierto”.

Pero quizá no produciría las mismas risotadas que el 'tió', ese tronco entrañable, ese tronco cagador entrañable; ese pedazo de árbol que según la artesana de 'tiós' del Montseny Anna Rodon representaba en principio algo tan místico como un regalo de fuego. “Lo que regalaban los troncos era el calor, se encendía el tronco y el regalo era el calor. A partir de ahí ha ido evolucionando y ahora caga regalos”. No existe nada igual.

0 Comentarios
cargando