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PROBLEMA SOCIAL

Alerta por los ancianos que mueren en el abandono más absoluto

Un juez pone el foco con un exitoso tuit sobre el creciente número de personas mayores que fallecen solas

"Indica el tipo de sociedad hacia el que nos dirigimos", señala el magistrado Joaquim Bosch

Nacho Herrero

Un grupo de jubilados, en un abanco de la plaza del Centro de València, esta semana.

Un grupo de jubilados, en un abanco de la plaza del Centro de València, esta semana. / MIGUEL LORENZO

Algunos ancianos mueren tan solos que no hay ni estadística que lo registre. Joaquim Bosch, exportavoz de Jueces para la Democracia, alertó el paso martes de que los casos se multiplican. "Cada vez me pasa más, como juez de guardia, encontrarme con cadáveres de ancianos que llevan muchos días muertos. No sé si está fallando la intervención social o los lazos familiares pero indica el tipo de sociedad al que nos dirigimos", tuiteaba.

Más de 15.000 personas han compartido ya el mensaje de Bosch, pero más allá del gesto no existe una reflexión institucional y social. "No soy un experto en la materia -explica Bosch a EL PERIÓDICO- y al ver la repercusión he buscado información y no he encontrado nada". La falta de datos tiene una explicación burocrática y es que una vez se alza el cadáver, cuando se descarta un posible delito, se archiva el caso. "Ahí se acaba todo, no deja rastro institucional", explica. Nadie indaga en qué ha pasado para que no se repita. Pero pasa cada vez más, según el juez, que explica que ha compartido su "sensación" con médicos forenses, secretarios judiciales y empleados funerarios. "Y todos me lo confirman", dice.

El juez Joaquim Bosch. / MIGUEL LORENZO

No es, en efecto, una situación infrecuente. Descartados los delitos y accidentes y los casos en los que el aviso llegó en cuestión de horas, al menos 14 ancianos han muerto solos en el 2017, han tardado días en ser localizados y su caso ha trascendido a los medios.

En julio, en Cambre (A Coruña), un ladrón descubrió el cadáver de un hombre de 90 años que llevaba muerto desde Navidad. En Gran Canaria se descubrió hace unas semanas el cadáver de una mujer de 89 años que había perecido hacía más de 10 días y se llegó a detener a su nieto al pensar que la había dejado morir de hambre, algo que finalmente se descartó. En Badia del Vallès (Barcelona), una mujer de 96 años convivió durante días con el cadáver de su hijo, de 67, que la cuidada, hasta que ella misma falleció, algo que no se descurbió hasta una semana después. Y en San Blas (Madrid) este otoño una comisión judicial descubrió el cadáver momificado de un hombre de algo menos de sesenta años que llevaba cuatro años muerto cuando le iban a desahuciar.

La punta del iceberg

Son solo los casos más llamativos y Bosch advierte que se trata de "la punta del iceberg". "No he visto noticias de ninguno de los muertos en estas circunstancias que he tenido como juez de guardia en mi partida judicial y así será en muchas", reflexiona. Otro dato permite avanzar en esa dirección. En el 2015, los Bomberos de Barcelona tuvieron que abrir las puertas de las casas de unos 100 ancianos que estaban muertos en el interior.

Todo indica que estas situaciones se van a multiplicar porque la sociedad envejece y se aísla. En España el 17,1% de la población tiene más de 65 años (el 16,8% en Catalunya) y según el Institutto Nacional de Estadística (INE) en el 2016 crecieron un 4% los hogares de una sola persona de esa edad o más hasta rozar los dos millones. Pero Bosch subraya que por sí mismos estos datos no deberían abocar a estas situaciones. "Conozco bien un país como Dinamarca y allí hay muchos más ancianos que viven solos pero hay unos instrumentos sociales que creo que hacen que esto no ocurra tanto", señala. "Aquí hasta hace no tanto cubría esta eventualidad la red familiar pero se ha debilitado y no se ha reforzado el sistema institucional", apunta. 

La fundación Amics de la Gent Gran lleva desde 1987 acompañando a mayores en Catalunya (actualmente a 1.500 con 1.800 voluntarios). Albert Quiles, su gerente, asume que "nos falta madurez como sociedad" para gestionar esta situación. "La propia gente no se esperaba vivir tanto, no lo habían planificado y la sociedad no esta organizada", señala. Apunta que existe una responsabilidad de las familias y las administraciones, "pero también de los vecinos en particular y de la sociedad en general". 

"Para que no pasen esas barbaridades tenemos el reto de mantener a los ancianos vinculados a la sociedad y eso pasa por su vecindario, su comunidad. Debe haber una buena red de proyectos de proximidad, de centros sociales, de voluntariado o de centros culturales, por ejemplo", desgrana Quiles. Y afirma que, vistos los ofrecimientos de colaboración que tienen, mantiene "un punto de esperanza". "Si nos coordinamos mejor esto no tiene que seguir pasando", concluye.

Fallecimientos "de clase"

La falta de datos no esconde que este tipo de situaciones en las que nadie se da cuenta de la muerte de una persona mayor hasta días o meses después se dan con mayor frecuencia en personas sin hijos y con poco dinero. "Mi memoria me dice que cuando te pones a buscar para pagar el entierro acabas hablando con sobrinos lejanos más que con hijos", señala el juez Joaquim Bosch, que admite también que la falta de expectativa de herencia reduce el interés de los familiares lejanos. "No recuerdo este tipo de alzamientos de cadáveres en domicilios ostentosos o con signos de riqueza, aunque sea solo estética. No suelen ser casas de grandes dimensiones, suelen tener más bien una apariencia económica pobre. Cuando no hay herencia hay menos gente pendiente, puede ser un patrón. Hay un componente de clase social" en estas muertes en el abandono, afirma.

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