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LAS COMUNICACIONES DEL FUTURO

El fin de la neutralidad de la red augura una internet a dos velocidades

EEUU desata los temores de los internautas con la aprobación de normas que permiten a las operadoras primar tráfico

Las grandes multinacionales de la red anuncian demandas judiciales y Europa sostiene que mantendrá el marco actual

Carmen Jané

Pancarta contra el fin de la neutralidad de la red.

Pancarta contra el fin de la neutralidad de la red. / Getty / Chip Somodevilla

Internet es una red de comunicaciones diseñada para que todo el contenido que circula por ella sea tratado bajo las mismas reglas. Es decir, todos los bits son iguales y el canal no discrimina o prioriza según el tipo de contenido y se comporta de forma neutra. En una definición muy básica, internet sería como la red eléctrica: da igual lo que enchufes que si hay servicio, la corriente llega.

Pero, como en la luz, las infraestructuras de internet no fueron construidas por lo general como un bien común sino que están en manos de operadoras que alquilan el derecho de paso (la conexión) a particulares, organismos y otras empresas, que, además, construyen servicios sobre ellas.

Estas operadoras, muchas de ellas procedentes de la telefonía fija, quieren rentabilizar sus redes haciéndolas más eficientes. Para ello, quieren reglas que les permitan beneficiar a algunos clientes sobre otros.

¿Qué es la neutralidad de la red y por qué es importante?

La discursión sobre si es admisible que las operadoras pueden controlar sobre cómo se usan las redes, con qué criterios y en qué circunstancias constituye el llamado debate sobre la neutralidad de la red.

El tema no es nuevo y se ha planteado cada vez que una tecnología disruptiva ha requerido más caudal (ancho de banda) que la precedente. Ocurrió con el intercambio de archivos (2007),  las llamadas sobre internet (caso Skype, en el 2009) y el vídeo bajo demanda (caso Netflix, 2011). Y amenaza con volver a plantearse con el vídeo en el móvil, que exige mayores consumos de datos móviles gratuitos de los que ofrecen las operadoras.

Entre los litigantes hay dos bandos extremos: los que quieren imponer sus normas y los que no quieren ninguna. Los primeros apelan al negocio y al coste de ampliar las redes indefinidamente. Los segundos recuerdan que internet es algo más que un cable, y que el ciberespacio es un territorio soberano, que no admite interferencias ni políticas ni ideológicas ni económicas, como plasmó John Perry Marlow en la Declaración de Independencia del Ciberespacio (1996).

Lo que está en juego, según los activistas del ciberepacio es "defender la red de los intereses monopolísticos de empresas de telecomunicaciones y grandes tecnológicas", explica un portavoz de Xnet.

¿Qué se ha aprobado en EEUU?

En EEUU, donde todavía hay amplias zonas con un solo proveedor de internet y las presiones de las operadoras son constantes, la Administración Obama consagró en el 2015 los principios de neutralidad de la red en su Open Internet Order, después de varios casos que acabaron en los tribunales de justicia. El último, en el 2012, la demanda a Verizon por bloquear ‘apps’ que permitían que los usuarios de móvil se conectaran al portátil para ‘chupar’ wifi (una práctica conocida como ‘tethering’).     

Ajit Pai, el nuevo responsable del organismo regulador de telecomunicaciones de EEUU, la FCC, con Donald Trump, ha desmontado esa normativa de Obama, con el argumento de "desregularizar el mercado", dando pie a que sean las operadoras quienes dicten las reglas. Unos 200 notables tecnólogos, entre ellos varios ‘padres’ de Internet como Vinton Cerf, David P. Reed o Tim Berners-Lee, le pidieron el pasado julio que retirara el proyecto de ley porque "no había entendido cómo funcionaba Internet".

¿Cuál es el marco legal en Europa?

EEUU, con la nueva regla, permitirá que las operadoras puedan cobrar más por distintos servicios a usuarios y empresas y a que puedan discriminar tráfico según su conveniencia. Eso si no prosperan las demandas judiciales que ya han anunciado varias entidades. En Europa, donde el debate también ha sido recurrente, el vicepresidente de la Comisión Europea y comisario para el Mercado Digital Único, Andrus Ansip, anunció este viernes en un tuit que en Europa "se va a seguir protegiendo la neutralidad de la red".

Las leyes europeas, fijadas en julio del 2016, establecen que las operadoras solo pueden discriminar tráfico por motivos técnicos: cuando haya riesgo para la red (ante un ataque informático malicioso, por ejemplo), cuando lo dicte un juez (veto a una web) o para los servicios de emergencia en situaciones de catástrofe.

Para la Comisión, internet es la base de la nueva economía europea, el Mercado Único Digital, y no se puede dejar a la interpretación de 28 estados las reglas sobre la red. "La libertad de los ciudadanos europeos de acceder o distribuir contenido en internet no puede depender del país en el que estén", señala el Ejecutivo europeo.


¿Cómo afecta a Europa la regulación en EEUU?

En qué medida lo aprobado en EEUU afectará a Europa está aún por ver. Las organizaciones de ciberderechos se temen que las operadoras se envalentonen y quieran reabrir el debate que se dio por zanjado en verano del 2016.

"Lo que han aprobado en Estados Unidos lo sufriremos en Europa porque todo está interconectado", afirma Pedro Linares, presidente de la Associació Catalana d’Enginyers de Telecomunicacions. "Muchas empresas europeas o servicios que consultamos tienen los servidores en EEUU y podemos llegar a depender de si disponen de un canal preferente o no. Las empresas que requieren más ancho de banda para sus servicios pueden verse obligadas a pagar más para llegar mejor a su público", añade.

"No tendríamos por qué notarlo porque en Europa no se dan esas mismas condiciones", explica David Rincón, profesor de la escuela de telecomunicaciones de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).

¿Qué dicen las operadoras europeas?

El temor a que se reabra el debate en Europa no es desdeñable. Las operadoras ya presionaron al Berec, el organismo que congrega a todos los reguladores de telecomunicaciones en Europa, contra "unas reglas restrictivas de neutralidad de la red" aprovechando las urgencias europeas para desplegar el 5G, la nueva red móvil que ha de permitir que funcione el coche autónomo, aplicaciones de smart cities o salud conectada. Afirmaban que si no podían asegurar "calidad de servicio" no tendrían sentido algunas aplicaciones.

Telefónica lo formulaba así: apoya "los principios de neutralidad de red que otorgan a los usuarios el derecho a un acceso abierto y libre de restricciones y discriminaciones a los contenidos, aplicaciones y servicios de Internet que ellos mismos decidan" pero "cualquier normativa o regulación sobre neutralidad de red debe dejar margen para la innovación y para la aparición de nuevos modelos de negocio basados en la diferenciación por calidad del servicio (QoS)".

En Vodafone, por su parte, sostienen que se sienten "relativamente cómodos" en el marco regulatorio europeo porque "no hay un listado" sobre lo que se puede o no hacer. La compañía acaba de lanzar unas minitarifas planas de servicios que permiten a los usuarios intensivos de música, apps o vídeo que este tráfico no compute para el límite de datos que tienen contratados.

En España, las competencias sobre la neutralidad de la red han dejado de estar en manos del regulador, en este caso la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC) y han pasado al Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Esto ya ha provocado a España una reclamación desde Bruselas, a la que el Gobierno del PP ha hecho caso omiso.

La posición de las compañías de servicios

Las operadoras, con un tozudo portavoz como César Alierta cuando era presidente de Telefónica al frente, llevan años pidiendo a las grandes compañías de internet como Google, Facebook, Amazon o Netflix, que contribuyan a mantener las redes que utilizan para proveer sus servicios. Todos estos gigantes de la red, todos estadounidenses, han hecho campaña activa para preservar la neutralidad de la red.

"Seguiremos trabajando con los que apoyan la neutralidad de la red grandes y pequeños para promover protecciones legislativas fuertes y aplicables", aseguraba este viernes Google. Netflix se mostraba "decepcionado por la decisión de la FCC" y anunciaba que era el "principio de una larga batalla legal", a la que también se ha añadido el lobby Internet Association, en el que están Google y Facebook. A este diario, una portavoz de Netflix afirmaba que no creía que esto fuera a tener repercusiones en Europa para la compañía "a corto o medio plazo", en parte por su política de alianzas con las operadoras.

¿Cómo va a afectar a las pequeñas empresas?

Pero el gran temor está entre las pequeñas empresas. "Si las operadoras quieren cobrar por primar servicios, será más difícil para los emprendedores que quieran ofrecerlos competir con los grandes", afirma David Rincón.

Esto lo tienen muy claro en la Comisión Europea, cuyas políticas son, sobre todo, asegurar la competencia. Los nuevos negocios, muchos de ellos basados en tecnologías disruptivas requieren marcos legales que permitan esa innovación, recordaban una treintena de fondos de inversión y empresas como Reddit, Automattic (la dueña de Wordpress) o Vimeo, cuando se planteó el debate sobre la neutralidad de la red en verano del 2016.

El ejemplo de Skype, una empresa creada por dos jóvenes estonios que popularizó las videollamadas por internet y hundió el negocio de las operadoras clásicas en ese sentido, está todavía presente. O el de Whatsapp, que ha dado una estocada mortal al SMS, que comenzó siendo de pago.

¿Saldrá perjudicada la investigación?

Un editorial de la revista 'Nature' alertaba este viernes del impacto que pueden tener las nuevas regulaciones estadounidenses sobre la ciencia a nivel mundial.

Para algunos investigadores, no poder asegurar una calidad de servicio en la transmisión de datos para una operación quirúrgica a distancia o un coche conectado, sería no solo ineficiente sino incluso peligroso si se pierde la conexión en un momento concreto, un argumento que también esgrimían las operadoras ante Bruselas para pedir poder dar servicios 'premium' basados en la discriminación de tráfico. Las grandes compañías ahora mismo aseguran esa calidad con conexiones dedicadas que tienen más ancho de banda pero que no se privilegian desde las operadoras.

También los científicos y las universidades públicas disponen de redes públicas conectadas mundialmente -la llamada Internet 2- como Rediris o la Anella Científica, que solo sirven para sus comunicaciones y experimentos. A ellos no les afectan los debates legislativos.

Pero 'Nature' alertaba sobre la posibilidad de que sí tuviera impacto en el acceso a repositorio de publicaciones científicas o en la transmisión de datos en experimentos con instituciones privadas o, planteaba, "en la transmisión de datos de un telescopio en Chile a EEUU".

Los próximos meses van a ser decisivos para saber si pasamos a un internet de primera y de segunda o el poder de los consumidores y las grandes empresas de internet ante los legisladores estadounidenses tiene su efecto. O si, como pretende la Comisión Europea, la propia dinámica de los consumidores surge su efecto y nadie quiere irse a una compañía que restrinja o haga pagar más caro lo que el usuario puede hacer.

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