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FAMILIA REUNIDA

Beatriz recupera a sus niños tras dos años de lucha con la Generalitat

La DGAIA, después de dos sentencias en contra, devuelve a dos menores a su madre de acogida

Afers Socials retiró a los hermanos del hogar familiar en el 2015 y los ingresó en un centro de protección

Teresa Pérez

Beatriz, Nieves y Adrián, con su peluche, se abrazan tras el reencuentro, ayer en Barcelona. 

Beatriz, Nieves y Adrián, con su peluche, se abrazan tras el reencuentro, ayer en Barcelona.  / FERRAN NADEU

Esta es una historia que comenzó como un cuento de miedo el 8 de septiembre del 2015, cuando la Generalitat retiró a dos menores del hogar familiar, y ha acabado este viernes teniendo un final feliz cuando Beatriz Ortigosa, Bea, ha recuperado a sus dos pequeños: Nieves, de 15 años, y Adrián, de 12. La dirección general de Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA) ha convocado este viernes a esta mamá de acogida en fase de preadopción para comunicarle que tras 26 meses de penalidades, los menores vuelven con ella.

Han hecho falta dos sentencias, una demoledora del pasado 6 de marzo del juzgado de Primera Instancia número 15 de Barcelona y otra, de similar argumento, de principios de noviembre, para que la Conselleria d'Afers Socials haya dado su brazo a torcer y todo haya vuelto a su origen. Los dos hermanos, que llevaban viviendo siete años con su madre de acogida, han estado más de dos años sin dormir en casa: el niño ha pernoctando en un centro de menores de la Generalitat y la niña, que también debía estar ingresada, ha estado fugada.

A Ortigosa le habían pedido que acudiera este viernes con Nieves a la sede de la DGAI. Allí, tras tres horas de reunión, se ha enterado de que la dirección general no va a recurrir el último fallo judicial y le han entregado al Adrián. Y la familia que era el 8 de septiembre del 2015 vuelve a serlo el 24 de noviembre del 2017. La Generalitat, sin embargo, solo le ha podido entregar a Adrián, a Nieves la tenido que localizar Beatriz y llevarla con ella porque estaba fugada del centro y la Administración ignoraba su paradero. Ahora, la madre les prepara a los niños una fiesta de bienvenida con familia, amigos y la gente que los quiere.

"Los compañeros me han dicho que tengo mucha suerte. Y es que allí casi todos se quieren ir", dice Adrián

Adrián estaba exultante. El jueves le habían hecho una despedida en el centro de menores donde vivía. Allí ha dejado a sus amigos. "Sobre todo a Saadet. Se escribe con dos as", puntualiza. Sobre el adiós, cuenta: "Me dijeron que tenía mucha suerte. Y es que allí casi todos se quieren ir". El niño narra algunas de las últimas palabras que pronunciaron sus colegas: "Que lo pases muy bien. Te echaremos en falta". Sus vivencias son ahora algo más dulces que las que tuvo la noche del 8 de septiembre del 2015 cuando, con 10 años, durmió por primera vez en el centro: "Me sentí solo y dormí así, acurrucado", dice abrazándose el pecho con los dos brazos. Ahora comienza una nueva vida: "Cuando llegue a mi casa miraré si todo está igual".

El niño llevaba dos maletas, toda su vida encerrada con cremalleras, y dos grandes peluches que no tienen nombre: un oso y un elefante. "Aunque me lo han cuidado, lo lavaron y se ha encogido. Era mucho más grande", señala. Nieves afirma tajante que no piensa volver "nunca más a un centro porque se vive mal. Sin privacidad". Por eso se escapaba. Una tarde del pasado marzo tocó el timbre de la casa familiar. "Me había fugado y echaba en falta a mi madre", explica.

Beatriz todavía no se cree que los niños hayan vuelvo con ella. "No digerí la noticia cuando se los llevaron y tampoco ahora que me los han devuelto", apunta.  El regreso a casa lo ha definido así este viernes: "Todavía estoy asimilando la inmensa alegría de volver a comer los tres juntos en el comedor", los tres forman una familia monoparental que hasta el momento de la separación llevaba siete años de convivencia.

"No pienso volver a un centro. Se vive mal, sin privacidad, indica Nieves

Niños distintos

La madre cuenta que los niños que le han devuelto no se parecen a los que se llevaron: "Eran del Barça y ahora son del Real Madrid". Pero una vez zanjada la risa añade: "Cuando se fueron eran unos niños alegres y los han vuelto tristes". Esta misma observación ya la detectó un juez que destacó en la sentencia "la extrema tristeza" de Adrián "y su profundo deseo de volver con la familia". Beatriz recuerda con añoranza cómo, tras retirarle a los menores, "pasé más de un año sin verlos. No me concedían visitas", explica. A los pequeños les dijeron: "Ha habido problemas con la mamá y es mejor que estéis separados. Pronto os volveréis a ver". Este "pronto" se ha convertido en una separación de 26 meses.

"Eran unos niños alegres y los han vuelto tristes", señala la madre

La Administración, para retirar a estos menores del hogar familiar, se basó en informes, que alegaban que los pequeños estaban "en una grave situación de desprotección". Sin embargo, el juzgado de Primera Instancia número 15, echó por tierra esta afirmación al estar basada "en unos presupuestos falsos que llevaron a una errónea estimación de la concurrencia de los factores de riesgo y desamparo de los menores".

El magistrado calificó de "negligente" la actuación de los profesionales y obligó a la DGAIA y al Institut Catalán de Acogimiento y Adopción, dependientes de la Conselleria d'Afers Socials, a devolverlos de "inmediato".  Y Beatriz se presentó en el centro donde vivía su hijo para que se lo devolvieran. Sin embargo, y en presencia de los Mossos d’Esquadra, el director del equipamiento mostró una carta de la Generalitat denegando la entrega. Ya entonces la niña estaba fugada. Afers Socials recurrió el falló, pero la Audiencia de Barcelona acaba de desestimar el recurso y Beatriz, Nieves y Adrián vuelvan a estar juntos.

Un proceso demasiado largo

Unos 7.000 menores están tutelados actualmente en Catalunya por la Generalitat. La retirada de un menor de su familia se dicta mediante una resolución administrativa sin que participe ningún juez, tan solo interviene cuando los progenitores quieren recuperar a sus hijos. A partir de aquí los niños ingresan en alguno de los centros de protección públicos o privados.

La dirección general d’Atenció a la Infància i Adolescència  (DGAIA) afirma que hay menos de 300 casos en los que se ha iniciado "un procedimiento judicial por oposición a la medida". Muchas familias, sin embargo, no realizan este trámite por "desconocimiento del procedimiento administrativo que otorga un plazo de 10 días para la fase de audiencia y alegaciones", aseguran abogados que defienden estas causas.

A la mayoría de los afectados se les pasa este periodo de tiempo y tienen que ir directamente a la vía judicial. Entonces, la recuperación del menor se alarga un promedio de un año, afirman los letrados. "Eso con suerte y, siempre y cuando la Conselleria de Treball, Afers Socials i Famìlies no recurra la sentencia", añaden, como le ha sucedido a Beatriz Ortigosa y a otras tantos progenitores. En ocasiones el procedimiento se alarga hasta el punto que se acaba rompiendo el vínculo familiar. 

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