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La plaga de los narcopisos azota también el centro de Madrid

Los afectados de Lavapiés llevan 4 años luchando contra un fenómeno que trastoca su vida cotidiana

Los vecinos han logrado desolajar hasta ahora 29 narcokupaciones pero aún tienen censadas otras 55

Manuel Vilaseró

Narcopiso de la calle Olivar. Los narcokupas han sacado un colchón en el balcón y otros objetos, probablemente afectados por una de las frecuentes plagas de chinches

Narcopiso de la calle Olivar. Los narcokupas han sacado un colchón en el balcón y otros objetos, probablemente afectados por una de las frecuentes plagas de chinches / DAVID CASTRO

Los narcopisos no son un fenómeno exclusivo del Raval barcelonés. El barrio madrileño de Lavapiés, lo más parecido  al ‘Chino’ que hay en la capital de España, sufre la misma plaga desde hace más de cuatro años. La batalla abierta por los vecinos directamente afectados ha cosechado ya varios éxitos desde entonces, pero cada vez que logran una victoria, los 'narcokupas' consiguen en pocos días recolocarse en otra finca con asombrosa facilidad. Mientras la mayor parte de las administraciones e incluso las asociaciones de vecinos tradicionales se encogen de hombros, los pequeños delitos y la inseguridad se extienden por el barrio.

En un 'excel' actualizado constantemente, Begoña, presidenta de la Plataforma del Barrio de Lavapiés, lleva el registro de su actividad desde que empezó, en el 2013: sobre 98 narcopisos detectados, ya se han logrado cerrar 29. De estos, 9 están tapiados y los 20 restantes alquilados o vendidos. Pero el problema sigue vivo como mínimo en 55 pisos que ahora mismo son el objetivo de la plataforma.

Narcosalas y puntos de venta

Como ocurre en el Raval, los pisos son utilizados indistintamente como narcosalas y punto de venta, sobre todo de heroína y crack, y, en menor medida, de cocaína y marihuana. "Son 'drugstores' de la droga abiertos 24 horas los 365 días del año. El telefonillo suena a todas horas", certifica un vecino, al que llamaremos Pepe porque prefiere mantener el anonimato. Él sufre cada día en sus carnes la inquietud de toparse con las decenas de heroinómanos que acuden a la ‘tienda’ de su escalera.

"No sabes qué es peor. Si toparte con ellos cuando suben y están con el mono o cuando ya se han pinchado. Cuando suben para conseguir el dinero necesario para la dosis. Y cuando bajan no saben ni lo que hacen", apunta otra vecina a la que llamaremos Sofía, que convivió con un narcopiso en su escalera de la plaza de Lavapiés durante nueve meses en los que "dormía a base de orfidales" y que ahora destina muchas horas a ayudar a las nuevas víctimas del fenómeno.

Un local usado como narcopiso y tapiado después de que la policía lo desalojara / PLATAFORMA BARRIO LAVAPIÉS

Sofía recuerda cómo una vez tuvo que subir a la carrera hasta su casa perseguida por un toxicómano que intentaba robarle. Aún no sabe cómo consiguió abrir y cerrar tan rápido para poder darle con la puerta en las narices. En la misma finca, una anciana de 85 años vio mientras cocinaba que un hombre intentaba entrar por la ventana del patio interior para robarle. A una chica le entraron en su piso mientras estaba de viaje y las reparaciones le costaron 20.000. Hay que sufrir la suciedad, malos olores, vómitos, sangre, jeringuillas, han habido incendios, enganches a la luz de los vecinos... Los que están de alquiler y pueden permitírselo se acaban marchando. 

Frecuentes peleas

Las peleas entre ‘narcos’ , a gritos y golpes, es otra de las condenas que deben de soportar. Unos rumanos con residencia 'narcokupa' en la calle del Olivar, rompieron el marco de la puerta para entrar después de que sus colegas no les franquearan al paso. Recientemente, en otra finca, echaron a uno a la calle desde un balcón y frente a un portal hubo un apuñalamiento.

Una de las pautas conocidas por la policía es que alrededor de cada narcopiso la delincuencia se multiplica. Sobre todo multiplican los tirones y los robos al descuido protagonizados por los ‘clientes’ más adictos. 

Miedo y amenazas

Si usamos nombres supuestos es porque casi nadie se atreve a dar la cara en público. Muchos de los vecinos  están amenazados. Los ‘narcos’, que también dispensan la droga apostados en muchas de las esquinas del barrio,  conocen a la perfección quienes son sus vecinos y no se andan con chiquitas. "Te das cuenta de que te siguen con la mirada en la calle, para que veas que saben quién eres",  cuenta Pepe, que lamenta "tener que vivir así" en su propio barrio.

En la puerta de la vivienda de Sofía alguien ha dibujado esta semana un inquietante interrogante. Uno de los casos de amenazas más insólitos es el que sufre un vecino al que los ‘narcos’ le obligan a prestarle el teléfono móvil para hacer sus llamadas. Como el narcopiso está encima de la casa del chantajeado, si este no se presta a hacer lo que le piden, inundan el suelo para provocarle filtraciones en su casa, como puede comprobarse en el vídeo.

Filtraciones causadas por los narcokupas en la casa del vecino de abajo en la calle Olivar. / PLATAFORMA BARRIO DE LAVAPIÉS

Las pautas de la 'narcokupación' son siempre las mismas. Las mafias, formadas sobre todo por subsaharianos y en menor medida marroquís, rumanos y españoles, tienen un gran control sobre los pisos que están vacíos y el mejor momento en que pueden hacerse con ellos. El narcopiso de la finca de Pepe llevaba diez años vacío. Los narcos aprovecharon el mes de agosto para tomar posesión. “Cuando volvimos de vacaciones en septiembre nos encontramos con el problema”. No sabe cómo, pero se hicieron con las llaves del portal. Su vida y la de sus hijos es un infierno desde entonces.