04 jul 2020

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"¿Por qué las escuelas no invitan a un pintor a hablar de su profesión?"

Carme Escales

Andrés Salado.

Andrés Salado. / MICHAL NOVAK

Estudió piano, violín y flauta barroca, y se acabó especializando en percusión, antes de formarse en dirección orquestal. Ha dirigido gran parte de las principales orquestas españolas, como la Orquesta Nacional de España, la Sinfónica de RTVE, la Simfònica de Barcelona y Nacional de Catalunya, la Real Filharmonía de Galicia, las sinfónicas de Madrid, Bilbao, Tenerife, Navarra Euskadi, Extremadura, Baleares y Valencia, entre otras. Y en otros países, lo ha hecho en orquestas como la Nacional de México, la Sinfónica de Yucatán, la de Oporto Casa da Musica o la Salzburg Chamber Soloist. Obtuvo el premio Princesa de Girona de Artes y Letras 2016. Salado es director artístico y titular de la Joven Orquesta de Extremadura y de la Orquesta Opus 23. El 10 de noviembre estrenará 'El Amor Brujo' con la Fura dels Baus en el Palau de les Arts de Valencia (del 10 al 16) (www.andressalado.com).

-A sus 34 años, ¿siente el éxito? Si éxito significa que la gente me conozca, no soy muy consciente de ello. Cada experiencia musical es tan compleja, que se vive de una manera muy solitaria. Avanzas a base de superar baches. El éxito no viene nunca al día siguiente, yo lo vivo experimentando la satisfacción a medio y largo plazo, cuando te llaman para repetir en un teatro o con una gran orquesta. Al final, el éxito es la reafirmación de lo que estoy haciendo.

-Pero debe haber días o momentos de felicidad especiales, que ponen de relieve esa reafirmación. El día que difruté de verdad en público de eso que podría identificar como el éxito fue el día de la proclamación del premio Princesa de Girona. Me lo hizo vivir así el recibir el cariño de la gente, primero de los míos, al recibir la noticia, y luego en Girona. Fue muy bonito, me sentía en una burbuja. Para mí fue como ganar un Oscar o un Goya, estaba muy bien montado. ¿El resto? Es más una responsabilidad.

-Un premio así, de todos modos, ¿marca un antes y un después? Sí, porque te abre muchas posibilidades de conocer a gente, tienes muchas oportunidades de crear lazos y conocer a gente. Y, claro, hay orquestas que te llaman por ello. En México, donde trabajo mucho, conocen bien ese premio y la fundación que, además, es una fundación maravillosa. Y también surgen ocasiones de ofrecer conferencias, se crean sinergias nuevas.

-Una orquesta es una pequeña sociedad con muchas personalidades diferentes, es un gran reto. Una orquesta es un fenómeno social, humano, real. Convives con gente, como lo hacemos en un bloque de vecinos o en una familia y cada integrante tiene una responsabilidad. A veces, con voz secundaria, y otras, con la voz cantante. La gente se enfada, claro, es un experimento humano brutal.

-¿Cómo orquestar una sociedad para que se nutra y disfrute más de la música? Acercándola, como ya lo intentamos hacer, con actuaciones o conferencias. En los colegios, recuerdo cuando era pequeño, traían a un policía, a un bombero, a que hablaran de su profesión, pero, ¿por qué no a un pintor con un lienzo, o a un músico? Creo que hay una barrera entre el escenario y el público, y no debería, tocamos para la gente, los músicos tenemos que poner de nuestra parte, acercarnos a las personas. Y aprovechar que los chavales, los niños son verdaderas esponjas.

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