SABRINA SÁNCHEZ, ESCORT

"Trans, sin papeles y sin el idioma, no tenía nada que hacer"

Esta activista transfeminista afincada en Barcelona, licenciada en Comunicación en su México natal, es la portavoz del Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa

Sabrina Sánchez, en la calle de Rogent de Barcelona, la semana pasada.

Sabrina Sánchez, en la calle de Rogent de Barcelona, la semana pasada. / FERRAN NADEU

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Sabrina creció en un colegio bilingüe gracias al esfuerzo de sus padres, miembros de la entonces aún existente clase media mexicana y estudió Comunicación en la UAM, "la mejor universidad de México", señala orgullosa la portavoz del Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa. 

Hizo el tránsito -de chico a chica- en la facultad, arropada por sus amigas, que la animaron a dar el paso. "Yo era de esas que decía que no quería ser la típica 'trans' prostituta. Quería llevar una vida 'normal'", explica. Empezó a trabajar en una redacción, donde tuvo la primer contacto con las vulneraciones cotidianas que sufren las mujeres (no solo las 'trans'). "Siempre he tenido un buen culo, y el jefe se quiso sobrepasar", recuerda. Cuando, además de encajar su negativa, descubrió que era 'trans', le hizo la vida imposible hasta que abandonó la redacción y el país.

La España de Zapatero

Eran los tiempos de Zapatero y desde México veían España como un ejemplo de libertad, así que decidió migrar. Se instaló primero en Girona, donde en seguida se dio cuenta de que "sin papeles, 'trans' y sin el idioma no tenía nada que hacer". Conocía ya desde México a 'trans' que ejercían la prostitución en Barcelona y, en un primer momento porque necesitaba comer, siguió sus consejos y lo probó. "Mi primer cliente fue muy amable. Había tenido relaciones mucho peores antes ¡y gratis!", confiesa con humor. Asesorada por esas compañeras, estableció una tarifa justa desde el primer momento. "Si empiezas cobrando poco, cuesta mucho subir", revela. Se hizo un nombre en el mundo de las escorts y se mudó a Barcelona, donde trabaja en su casa y "solo de día, para no tener problemas". Cobra entre 50 y 150 euros, en función del servicio.

Trabaja también en otras ciudades, las que visita para participar en congresos internacionales. 

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"La gente no tiene ganas ni de follar"

"Cada vez me planteo más trabajar fuera. Aquí, desde lo del 1 de octubre se ha vivido un bajón. También se notó tras el atentado de la Rambla. Vivimos, como diría Spinoza, momentos de pasiones tristes, en los que la gente no tiene ganas ni de follar", señala la reconocida activista. Como tal, ha sido una de las participantes en el grupo motor del programa Carolines, recientemente presentado por el Ayuntamiento de Barcelona. "Lo revolucionario de Carolines es que escucha y da herramientas a las mujeres para que mejoren sus condiciones de vida, de la vida que ellas decidan llevar. No las obliga a dejar la prostitución", concluye.