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Guarderías que educan también a las familias

Las docentes de guarderías de barrios desfavorecidos dedican buena parte de su actividad a guiar a los padres de sus alumnos

Muchos de los menores que llegan a estos centros presentan signos de infraestimulación

María Jesús Ibáñez / Barcelona

Guarderías que educan también a las familias

NÚRIA PUENTES

Unas madres toman café con galletas (alguna prefiere las magdalenas) en un coqueto espacio habilitado para las familias en la escuela infantil Aqüeducte de Barcelona. Hablan poco, quizá porque todavía no se conocen demasiado, pero Ilu, la educadora social, no se rinde en su intento por entablar conversación. Les pregunta, sobre todo, por sus hijos. "Es una iniciativa que ponemos en marcha desde hace ya un tiempo: invitamos a los padres que vienen a traer a sus hijos a quedarse un rato más con nosotros, a que entren de vez en cuando dentro del aula para ver cómo están los niños y a compartir experiencias entre ellos", explica Elena Ràfols, la directora del centro educativo de Ciutat Meridiana, situado en plena montaña de Collserola, casi en el límite con Montcada i Reixach.

El café y la charla matinales forman parte del proyecto que tiene en marcha este parvulario municipal para implicar, lo máximo posible, a los padres, las madres "y a los abuelos y los hermanos mayores" de sus alumnos. "Ellos son la referencia de los niños y es importante que también estén bien", subraya la directora. El año pasado la experiencia permitió organizar talleres de repostería y otras actividades de intercambio cultural, agrega Ràfols, que valora muy positivamente los resultados.

La del Aqüeducte es una de las dos escuelas infantiles elegidas por el Ayuntamiento de Barcelona para preparar su plan de actuación a partir del próximo curso para las guarderías de alta complejidad de la ciudad. El trabajo que el centro hace con las familias es ingente. "No hay más remedio, aquí hay que ayudar", agrega Puri Barrera, que trabaja como educadora complementaria en el centro.

"Queremos habilitar un espacio de acompañamiento familiar, para que los adultos conozcan otras maneras de relacionarse con sus hijos", prosigue la directora. La guardería, que este curso tiene matriculados 90 alumnos de entre 0 y 3 años, no tiene espacio suficiente, pero la idea es que, cuando se disponga de él, mayores y pequeños puedan estar dentro del aula juntos con los educadores. De este modo, a base de compartir y de observar, los padres podrán ver, por ejemplo, cómo estimular a un niño a hacer series y colecciones de objetos. "Cuando un pequeño se pone a colocar piezas en fila, a buscar relaciones entre esas piezas, está iniciándose en las prematemáticas", explica Ràfols.

Trabajar las emociones

Con todo, lo más importante, destaca la directora, "será el trabajo con las emociones, porque nos encontramos con familias que viven situaciones humanas tan complicadas, que el cuidado y la educación de los hijos deja de ser una prioridad". Además, en los últimos años, los responsables de la guardería han observado cómo crece el número de hombres que acompañan a sus hijos a la escuela, "porque ellos están en paro y es la madre la que trabaja fuera de casa", señala Puri Barrera. En demasiadas ocasiones, a veces por cuestiones culturales, ellos no saben qué hacer con sus niños, simplemente porque nunca pensaron que iban a tener que cuidarlos. También para ellos será el espacio de acompañamiento familiar.

"Pues yo voy a empezar a estudiar catalán", explica con timide Boushara, la madre de Nora, una preciosidad de apenas unos meses que es el sexto retoño de la mujer. "¡Claro que sí! ¡Lo has de hacer!", le animan la educadora y otra mamá que acuna a su bebé ante una taza de té.

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