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TECNOLOGÍAS DE SEGURIDAD

Cuando el dron es el enemigo

Las fuerzas de seguridad experimentan nuevos métodos para neutralizar los aparatos en manos de 'los malos'

Interceptadores de frecuencia, drones-bala, aparatos con redes y aguilas son algunos de los sistemas empleados

Manuel Vilaseró

Un dron sobrevuela la Universitat Autònoma de Barcelona.

Un dron sobrevuela la Universitat Autònoma de Barcelona. / NÚRIA PUENTES

A nadie se le escapa que el dron puede ser un arma letal en según que manos caiga. Ya es conocido el uso que le da el ISIS en la guerra de Siria. Tras introducir pequeñas modificaciones a drones de vigilancia, los ‘yihadistas’ los cargaron con artefactos explosivos, como granadas de 40 milímetros, convirtiéndolos  en pequeñas bombas volantes teledirigidas. El siguiente paso que intentará el grupo armado es utilizarlos en atentados en Occidente. Al menos así lo vaticinan expertos como Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). El terrorista que atentó contra una discoteca la noche de año nuevo en Estambul tenía un dron en su domicilio.

"No hay nada más fácil hoy en día que estrellar un dron contra una multitud o un dificio público. Puede ir cargado de explosivos o armas químicas", advierte Javier Rubio del Pino, el presidente de la primera Asociación Catalana de Empresarios y Propietarios de Drones (Acepdron). Si atacaran en ‘enjambre’ como han hecho ya en el frente sirio el peligro se multiplicaría exponencialmente. 

Detectores e inhibidores

No es de extrañar que una de las principales objetivos de los cuerpos de seguridad en todo el mundo sea encontrar los dispositivos que puedan desactivar esta amenaza. El sistema más desarrollado por ahora y que se ha demostrado más efectivo es el que intercepta las  frecuencias en las que operan los aparatos. Van desde el simple inhibidor que impide el contacto con el ‘piloto’ hasta el que es capaz de tomar el control del ‘dron malo’ y localizar la posición del piloto. La persencia del aparato es detectada a través de sistemas de radar convencional, cámaras o tecnología microfónica, que 'escucha' la huella sonora que dejan los drones a su paso.

Las tropas españoles que operan en Irak ya preparan un escudo de este tipo aprovechando la tecnología israelí y estadounidense desarrollada para escenarios de guerra. En España las empresas punteras de seguridad privada también venden este servicio. Prosegur protege ya varias infraestructuras críticas , como térmicas y nucleares y ha sido contratada para grandes eventos. "No solo de posibles atentados sino de los que quieren robar imágenes, por ejemplo, en bodas de famosos", explica su director de Tecnología, Jose Caride, quien asegura, después de cruzar los dedos, que aún no han tenido que interceptar ningún ataque. Es bastante fácil localizar las frecuencias porque casi todos los drones operan en las mismas bandas.   

Existen también en el mercado drones de pequeño tamaño que pueden ser lanzados contra sus ‘cóngeneres’ para derribarlos. Esto genera el riesgo de dañar a alguien en la caída y desde luego no sirve cuando la aeronave va cargada de explosivos.

'Cazadrones' 

Para salvar estos inconvenientes Japón se ha decantado por los drones ‘cazadrones’ que atrapan a sus enemigos con una red. Desde el pasado año una escuadra de diez drones patrulla por la zonas más sensibles de Tokio: el Parlamento, la residencia del primer ministro o el Palacio Imperial. “Los ataques terroristas con drones cargados de explosivos son una realidad. Esperamos defender la nación en el peor escenario posible”, explicó la policía municipal cuando se presentaron.

Las imágenes del Departamento de Policía Metropolitana de Tokyo muestran a un dron de un metro de diámetro de cuyos pies cuelga una red rectangular de dos por tres metros colocándose sobre otro que queda irremediablemente atrapado antes de ser grácilmente devuelto al suelo.

Ninguno de estos métodos supera en singularidad el que ha puesto a prueba  la policía holandesa, que ha entrenado a aguilas para que vean a los drones como presas. Una vez cazados, se las recompensa con una pieza de carne. El experimento ha puesto de relieve dos inconvenientes no menores: los daños que causan las aspas en las rapaces y el alto coste de los drones empleados en los entrenamientos.

Si ningún método es satisfactorio siempre queda recurrir a otro, genuinamente americano. Armarse con una buena escopeta y descerrajarle un tiro. Es lo que ha ocurrido ya en varias ciudadas estadounidenses cuando alguien vecino ha osado utilizar el dron para espiar al de al lado. 

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