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PRÁCTICAS DE RIESGO ADOLESCENTE

Nihilistas ante el teclado

Los jugadores extremos de la Ballena azul "son la punta del icéberg del desencanto y el sufrimiento juvenil", según los expertos

Víctor Vargas Llamas

Diálogo en internet sobre el juego Ballena azul.

Diálogo en internet sobre el juego Ballena azul. / 123RF / NATALIA PEREVOZCHIKOVA

Decir adiós a todo una vida por delante y hacerlo por voluntad propia. El tabú que rodea la mera mención del suicido y la frustración que impacta a quienes sobreviven a la víctima se disparan cuando quien adopta la drástica decisión ni ha inaugurado la edad adulta. ¿Qué lleva a agotar la esperanza casi sin tiempo de haber vivido? "En muchas culturas, la adolescencia se considera una especie de muerte y renacimiento, físico o simbólico. En relación con el suicidio, se circunscribe a un planteamiento que ensambla con un sacrificio por un ideal o a una dimensión nihilista; una disyuntiva que, trasladada al contexto actual, se correspondería con los suicidas yihadistas con los jugadores que pasan todos los límites en la Ballena azul, respectivamente", destaca Carles Feixa, profesor de Antropología social en la UB.

Pero para que llegue la consecuencia debe subyacer una causa. Jaume Funes, psicólogo social, refrenda un aumento de la tasa de suicidio juvenil al tiempo que descarta que el incremento guarde proporción con mayores registros de desequilibrio mental. "Es la reacción de alguien que no encuentra la salida al dolor o la frustración. Alguien que desespera porque no puede llegar al ideal que su entorno ha marcado para ellos o por el vacío de no encontrar encaje en el mundo", destaca.

Vulnerabilidad

Es también la respuesta precoz a un "desencanto vital", en palabras del psicólogo juvenil Sergi Banús, que constata el "desconocimiento de la cultura del esfuerzo" entre las nuevas generaciones. "Hay chavales que lo tienen todo y se encuentran sin alicientes. Todo ello en una etapa tan vulnerable y con la amplificación de las sensaciones por el efecto de la revolución hormonal que experimentan. Se rebelan entonces contra la vida y se ven reflejados en redes sociales con grupos con necesidades similares". dice Banús. Un punto de encuentro para chavales separados por cientos, quizás miles de kilómetros, de muy variada extracción, pero que comparten una misma pulsión

Y entonces aparecen opciones como la Ballena azul, "un juego con apariencia de manipulación", en el que solo unos pocos franquean el límite, captando la atención de los medios, "pese a ser solo la punta del iceberg", dice Feixa. "Es la consecuencia del sufrimiento y el desencanto cotidiano de los adolescentes. Nunca ha habido una juventud tan preparada y a la vez tan desprovista de futuro", describe el antropólogo. 

"Hemos construido una realidad en la que los jovenes rehuyen el mundo adulto, porque lo identifican con preocupación y control. Van cambiando de red social cuando sus padres les rastrean el paso. En mis sesiones detecto que los chavales no tendrían problemas en hacerse un mundo más transparente si los adultos mostráramos confianza y empatía en vez de intrusismo y fisgoneo", subraya Funes.

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