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Los ataques terroristas, contados a los hijos

Padres y madres relatan cómo explicaron el 17-A a niños y adolescentes

Los progenitores de los más pequeños optaron por contar la verdad sin profundizar en el porqué, mientras que los de chavales pusieron énfasis en prevenir la islamofobia

Júlia Albacar / Barcelona

Félix Donoso y Marisa Cera, con sus hijas Judit y Ester. / NÚRIA PUENTES

Félix Donoso y Marisa Cera, con sus hijas Judit y Ester.
Herme y Verónica, con sus hijos Enric y Marc.
Maite y Paco con su hijo Pau.

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A menudo padres y madres han de contestar preguntas de difícil respuesta que les plantean sus hijos. Qué sucedió, cómo o qué hay detrás de los atentados de Barcelona y Cambrils son algunas de ellas. Hay quien podría pensar que los pequeños no entienden qué es un acto terrorista, pero como acostumbra a decirse, los niños son esponjas. Quizá no comprendan el trasfondo y la intención de un atentado, pero el dolor y el miedo son sentimientos que no atienden a edades.

"Nos vieron muy expectantes delante de la televisión, a la espera de novedades, y cuando nos preguntaron qué estaba pasando, primero no supimos qué responder", explica Herme Cordero, padre de Marc y Enric, de 9 y 5 años. "Al final optamos por contarles la verdad: que gente muy mala había atropellado a unas personas en Barcelona". 

Más nervios vivieron en casa de Marisa Cera, madre de Judit, de 7 años y de Ester, de 3. "Mi marido estaba reunido a tres calles de la Rambla y no respondía al teléfono -explica Cera-. Ester ni se enteró, pero Judit me vio nerviosa y empezó a preguntar, por lo que le expliqué que una persona había atropellado a gente". 

Tranquilidad

Quizá más difícil de responder sea el porqué. Olga Marsan, madre de Martina, de 7 años y Carlota, de 5, cuenta que cuando las niñas les preguntaron el motivo del atropello masivo les explicaron que se debía a un conflicto global y que los atentados eran consecuencia de este mismo conflicto. "Sobre todo intentamos decirles que estuvieran tranquilas, que te puede tocar pero que es muy difícil, que también puede caerte una maceta a la cabeza", añade Marsan.

Otra opción fue la de Cordero, quien optó por no ahondar en los motivos. "Les explicamos que ni los mismos terroristas sabían por qué lo hacían. No quisimos entrar en el fondo porque sabíamos que no lo entenderían". Tampoco Cera abordó el porqué del atentado: "Les dije simplemente que no sabía qué le había pasado por la cabeza a esa persona".

Evidentemente, la explicación de lo sucedido, o las reflexiones que la acompañan, son muy distintas según la edad del menor. Y también las reacciones son distintas entre niños y adolescentes. Paco Andreu, padre de un chico de 14 años, dice: "Pau no tenía miedo, estaba indignado". En cambio, Cordero comenta: "Cuando preguntaron si había muerto alguien, les respondimos que sí y se quedaron callados, haciendo su propia reflexión".

La escuela, clave

En donde sí coinciden todos es en que la escuela es uno de los factores clave para la comprensión de lo sucedido. Albert C., padre de Laia, de 12 años y de Albert, de 11, apunta que "el tema se debe comentar de forma didáctica, en el sentido de que aprendan a evitar la discriminación". Marsans comenta que "en clase ya hablaron del avión estrellado de German Wings, lo que me pareció muy acertado", y confía en el criterio de los profesores. "Estoy convencida de que transmitirán la mejor actitud posible", señala.

Sin embargo, pese a que muchos padres hagan esfuerzos para que no se pierdan los valores de tolerancia y respeto, es muy difícil que los menores no estén expuestos a discursos de odio y racismo. "Aunque son pequeños, a veces oyen cosas en casa que después repiten en la escuela, donde se mezclan todos con todos -comenta Cera-. Y hay mensajes que son muy hirientes para algunos".

Preparados

Albert C. apunta que la mejor solución para abordar estos discursos racistas es que los niños "han de aprender a ser críticos y a saber filtrar todas estas actitudes". E incide especialmente en la importancia del entorno familiar: "Si se les hace saber que pueden encontrarse con estos mensajes discriminatorios están más preparados para argumentar en contra".

Cada niño es distinto. Donde hay algunos que siguen con atención cada detalle de lo sucedido, hay otros que no muestran interés. Sin embargo, no se debe olvidar que entre las 14 víctimas mortales del atentado de Barcelona hay dos que tenían tres y siete años, y que muy posiblemente murieron sin saber por qué.