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EL FUTURO EN LA POBLACIÓN

Frágil equilibrio en Ripoll

La población se divide entre los recelosos con la comunidad islámica y una mayoría con voluntad de blindar vínculos

"Hay que vencer el miedo que tenemos sin caer en la trampa de quienes nos quieren dividir", dice una concejala

Víctor Vargas Llamas

Preparativos para la manifestación de este sábado en Ripoll.

Preparativos para la manifestación de este sábado en Ripoll. / JOAN CASTRO / ICONNA

Ripoll es hoy un puzle de más de 10.500 piezas, tantas como habitantes, que por vez primera en su historia reciente afronta la amenaza de acabar desarmado. Apenas han saltado un puñado de piezas, pero lo han hecho de una forma tan abrupta e imprevisible que han puesto en jaque el laborioso ensamblaje de pedacitos de lo más variado, una aleación de mestizaje que tras años de esforzada dedicación acabó conformando un paisaje homogéneo, un todo. Los ataques de Barcelona y Cambrils han supuesto un duro manotazo sobre el tapete que amenaza con alterar la armonía, el equilibrio cromático y de sensibilidades de la capital del Ripollès.

Lo puede atestiguar Merche, cuya figura bien hubiera podido simbolizar semanas atrás la serena mezcolanza de la localidad por su condición de autóctona criada en un entorno de tradición católica a la vez que casada con un magrebí y convertida a la fe musulmana. Desde los atentados, esta mujer está recibiendo insultos y desprecios por parte de algunos de los clientes del local donde trabaja. "¿Qué haces con ellos? ¿Eres una de ellos?", le sueltan a veces a Merche -cuyo nombre es figurado en este relato- con agresividad, según explica gente de su entorno. Son minoría, pero hacen suficiente daño para que esté valorando "seriamente" la posibilidad de coger la baja "por la tremenda angustia que arrastra".

Una mujer autóctona convertida al islam recibe insultos desde que se perpetraron los ataques

En el extremo opuesto, el de la conciliación y la voluntad de atemperar los ánimos, velando por que el puzle se recomponga, anda el grueso de la población. Uno de los ejemplos lo representan las empresas del gremio cárnico de Ripoll, que están ultimando un protocolo para evitar situaciones de acoso a los empleados de origen magrebí, habituales en el sector. "Nos han garantizado que seguirán contratando a trabajadores  musulmanes", detalla un miembro del comité de empresa de una de estas firmas. Pero, otra vez, el reverso de la moneda. A la veterana dueña de un establecimiento del municipio ya le han confesado propietarios de otros negocios que "no piensan contratar a ningún familiar" de los miembros de la célula, alguno incluso a quienquiera que profese el islam. Lo dice ella, que ha tenido empleados magrebís "con un rendimiento excelente" y que no va a incorporar elementos de intolerancia a su proceso de selección de personal. "Como me temía, ya están aquí las represalias. Estoy segura de que la familia de los chavales, que también son víctimas de todo esto, no tendrán más remedio que marcharse de aquí", dice.

Excepcionalidad

Frágil equilibrio sobre el que se sostiene Ripoll durante este trance, en el que está en juego su futuro modelo de coexistencia. "Aquí ha habido una ruptura, había una confianza y una seguridad que se han fundido. El terrorismo hace daño a cualquiera, pero el hecho de que quienes lo hayan hecho sean gente que estudiaba con unos, que trabajan con otros o eran vecinos de rellano ha hecho muchísimo daño ", dice Maria Dolors Vilalta, concejala de Convivencia de Ripoll.

Una exprofesora de dos de los yihadistas propone impulsar actividades en común 

La situación es de "excepcionalidad, más que en el resto de Catalunya", revela Vilalta. De ahí que el 'No tinc por' de la manifestación de este sábado en Barcelona no sea el lema que mejor define los retos de los lugareños. "Para nuestra marcha hemos optado por 'Ripoll per la pau. Un pas endavant' porque aquí hay que vencer el miedo que sí tenemos ahora. Tenemos que dar un plus para rehacer la convivencia, y solo será posible con el esfuerzo de todos ", expone la dirigente. "Esto pasa en una ciudad grande y queda más diluido e impersonalizado, pero este es un pueblo pequeño y la situación es más difícil de sobrellevar. Para salir de esta, la gente debe expresar lo que lleva dentro, pero con 'seny', para evitar caer en la trampa de quienes esperan que se rompa nuestra unidad", agrega Vilalta.

Desafío 

El desafío a la unidad ya está aquí. Se palpa en el ambiente, se detecta en algunas conversaciones, se constata con acciones como los adhesivos xenófobos con los que ha amanecido la mezquita donde se reúne la Comunidad Islámica Anour. 'Prou islamització', se podía leer en las pegatinas, algunas de las cuales han retirado "los mismos Mossos", según uno de los fieles. Otros vecinos de la localidad han denunciado la existencia de inscripciones en las que se reclamaba 'Catalunya pels catalans'.  Samira, una musulmana que acude a comprar a una carnicería del paseo de Sant Joan, reitera la buena relación que mantiene con muchos vecinos. "Mi familia va a sus casas y ellos vienen a la nuestra. A comer, a que los niños jueguen... Pero ahora hay gente que ya no confía en nosotros. Deben saber que seguimos siendo los de siempre, que estamos aquí para trabajar, criar a nuestros hijos y que tengan un buen futuro", sostiene.

El dueño del establecimiento pide "paz" para todos, niega que haya bajado la clientela entre la población autóctona desde los ataques y hace una encendida defensa de las bondades del islam. "Busquen entre el Corán algún versículo en el que se pida matar a otros. Quienes han hecho esto no son musulmanes, son cabrones", afirma con vehemencia. En la calle, hay acercamientos de todo tipo entre magrebís y autóctonos. Desde el colegueo de dos chavales en la barra de un bar hasta tímidas aproximaciones entre desconocidos. Un hombre mayor con túnica indica a un forastero cómo llegar al ayuntamiento. Le acompaña unos pasos y cuando el chaval se orienta, el anciano le sonríe ampliamente y le da palmadas en el hombro, como si necesitara empatizar. Unas callejuelas más allá, niños de toda condición se lo pasan teta encaramados a un castillo inflable. A su alrededor, al menos por un rato, los padres bajan la guardia, olvidan los recelos.

Hay gente que ya no confía en nosotros. Pero deben saber que somos los de siempre", dice una musulmana

Esos espacios en común, cotidianos, como los que se pueden encontrar en las escuelas y las actividades extraescolares, son probablemente la senda a seguir para retomar la fórmula de la convivencia y la confianza, según considera Eva Farrés, directora del colegio Tomàs Raguer, y antigua profesora de Moussa Oukabir y Said Aallaa, ambos abatidos en Cambrils. "Se trata de impulsar actividades como las parejas lingüísticas, que no sean específicas para los que han venido de fuera, sino donde quepamos todos -expone Farrés-. Tenemos que conseguir que desaparezca cualquier rastro del 'ellos y el nosotros'". Un objetivo. Un puzle. 10.500 piezas.