Las peticiones de extranjeros en busca de refugio en Barcelona se duplican

La llegada de refugiados no se detiene, aunque no sean los del cupo de la UE

La Generalitat y el ayuntamiento culpan al Gobierno de no cumplir con la acogida

Atención a refugiados en la oficina del SAIER, cerca de la plaza de Espanya de Barcelona.

Atención a refugiados en la oficina del SAIER, cerca de la plaza de Espanya de Barcelona. / CARLOS MONTAÑÉS

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TONI SUST / BARCELONA

Los refugiados llegan y no llegan. No llega el grueso de los que esperaba España en función de los acuerdos con la Unión Europea, pero cada día, de un modo u otro, en patera o en avión, víctimas de la violencia, de la homofobia, de la vulnerabilidad económica, o miembros de la clase media y media-alta en sus países de origen, llegan extranjeros que por algún motivo escapan de ellos. El número se incrementa y los expertos auguran que la curva seguirá siendo ascendente: dicen que el siglo XXI será el siglo de los refugiados.

Es algo que vive de primera mano el Servicio de Atención a Inmigrantes, Emigrantes y Refugiados (SAIER) del Ayuntamiento de Barcelona, que de enero a mayo del 2017 ha recibido 1.917 peticiones de ayuda de extranjeros que han dejado su país. En todo el 2016 fueron 2.292 las que llamaron a esa puerta. Si en el resto de este año se mantienen las cifras, las peticiones se habrán casi duplicado respecto del 2016. Si se observa solo el caso de los menores, de los 156 atendidos en el 2016 se ha pasado a 357 en los primeros cinco meses de este año.

VENEZOLANOS

Se trata de personas que buscan refugio, aunque no todos son solicitantes de asilo. Algunos ya cuentan con recursos (por tener familiares en la ciudad, por su condición económica) y otros ni lo piden por considerar que no tienen opciones de lograrlo. O esperan para hacerlo: tienen dos años de plazo. En el mejor de los casos, verán reconocido su estatus de refugiado. Por nacionalidades, como ha sucedido últimamente, el colectivo más numeroso que se ha desplazado a Barcelona es el de los venezolanos, con un incremento del 156% de representantes de un país marcado actualmente por la inestabilidad política.

INCUMPLIMIENTO

En función de los acuerdos comunitarios, España tenía que acoger un cupo de 17.337 refugiados sirios, eritreos y afganos. Solo han llegado 1.304. El plazo se agota en 100 días y nada apunta a que se cumpla lo comprometido.

De los 1.304, 128 refugiados llegaron a Catalunya: 117 a Barcelona y 11 a Lleida. Este dato lo aporta el director de Oxfam Intermón en Catalunya, Francesc Mateu, que recalca que deducirlo ha sido complicadísimo por falta de datos oficiales al respecto.

“Es culpa del Gobierno”, proclama Mateu sobre el hecho de que no hayan llegado los 17.000 foráneos. Para zanjar toda duda de que el problema sea logístico, recuerda que, en el 2015, 398.000 extranjeros entraron legalmente en España. “Es una cuestión de voluntad política”, subraya, al responder por qué no se ha cumplido el plan. “Lo único que se me ocurre es que tengan miedo de perder elecciones. No es un problema solo de España. También ha sucedido en Francia e Inglaterra. Creo que es un tema de miedo. Pero no de miedo de la gente, sino de miedo a los resultados electorales”. "El desplazamiento de la población será el reto de este siglo. Si no podemos ocuparnos de la punta del iceberg, no seremos capaces de responder a un reto serio”, advierte.

LA FACTURA MUNICIPAL

“Hay un problema de percepción pública, la gente piensa que no estamos haciendo nada”, afirma Ignasi Calbó, coordinador del plan Barcelona Ciutat Refugi del consistorio, que retrata la paradoja: “No están llegando los refugiados que debían llegar por las cuotas de reasentamiento, pero, por otro lado, hay un aumento enorme de gente que pide asilo”.

Casi con las mismas palabras que Mateu, avisa: "El refugio es una realidad en aumento y será el gran tema del siglo XXI". Entre los que acuden al SAIER, relata, igual puede estar una familia venezolana de clase media-alta que una persona que huye de las maras centroamericanas o del hambre en África, lo que obliga a adaptar la atención según los casos.

"Nos sentimos muy solos", dice Calbó sobre el papel de los ayuntamientos, que acaban siendo los que reciben en la puerta a los refugiados. “Tenemos que hablar con el Estado del alojamiento de los que llegan: nos estamos dejando mucho dinero en pensiones que tendría que pagar el Gobierno. Llevaremos la factura al ministerio”. En estos momentos, dice, la figura del refugiado está presente en los servicios sociales, cuando antes pasaba desapercibido, por lo minoritario. 

UN CAMBIO EN LA GESTIÓN

Oriol Amorós, secretario de Igualtat, Migracions i Ciutadania de la Generalitat, considera “evidente” que no existe voluntad por parte del Gobierno central para cumplir con la acogida prevista. En su opinión, hay dos trabas importantes que atañen al Ejecutivo central: la falta de voluntad de acoger y la "excesiva centralización" de la gestión. “Creemos que se debería ir a un modelo descentralizado, que las decisiones del día a día las tomen los ayuntamientos, coordinados por la Generalitat”.

Amorós recuerda que Canadá ha acogido a 40.000 sirios colaborando con ACNUR, por lo que no ve explicación a que España no pueda hacerlo. Si Mateu apelaba al número de extranjeros que llegan a España para demostrar que la cifra prevista de refugiados era sostenible, el secretario de Migracions subraya que cada año 100.000 personas entran y salen de Catalunya. No era una cuestión de número.

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TRABAS A LA AGRUPACIÓN FAMILIAR

Oxfam Intermón, que este lunes afirmó que sopesa denunciar al Gobierno por incumplir el acuerdo con la UE, ha denunciado que este no pone solo trabas a la acogida a refugiados, sino también a su agrupación familiar: En el 2015, los gobiernos europeos concedieron 78.772 visados por este concepto, una cifra que se considera muy reducida. En el mismo periodo, España concedió 327.