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La selectividad se impone a la reválida

32.000 jóvenes catalanes inician este martes y hasta el jueves las pruebas de acceso a la universidad

Los exámenes serán casi idénticos a los de años anteriores, a pesar de lo previsto inicialmente en la LOMCE

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Facultad de biología de la Universitat de Barcelona. / JULIO CARBÓ

Un año después de que el Ministerio de Educación asegurase que se terminaban los exámenes de selectividad, este martes regresa una nueva convocatoria de la selectividad. Algo más de 32.000 jóvenes catalanes se someterán esta semana durante tres días -hasta el jueves- a las pruebas de acceso a la universidad (PAU), que serán casi idénticas a las que se venían realizando en los últimos años, en contra de lo previsto inicialmente en la ley orgánica para la mejora de la calidad educativa (LOMCE). En Catalunya, ni siquiera cambian de nombre, pese a que el Ministerio de Educación las ha rebautizado como EBAU, o evaluación de bachillerato para el acceso a la universidad.

La primera prueba del martes ha sido la de Lengua Castellana, obligatoria para todos los estudiantes. A media mañana le ha tocado el turno a la Lengua Catalana, que este año, tras el cambio de normas de ortografía del Institut d'Estudis Catalans (IEC), estará sujeto a una doble corrección, tanto si se mantienen como si desaparecen los acentos diacríticos. Por la tarde, será la hora de las asignaturas de fase específica: Dibujo Técnico, Química, Literatura Castellana, Análisis Musical y Economía de la Empresa.

La principal novedad de la selectividad de este año es que al final nada cambia. Después de varios meses de negociaciones, de tiras y aflojas y de rectificaciones, el Gobierno del PP, presionado por las comunidades autónomas, las protestas estudiantiles y los rectores de las universidades, accedió el pasado noviembre a dejar las cosas prácticamente como estaban. Las pruebas ya no tendrán el carácter de reválida que les había atribuido la LOMCE y que tanta polémica había originado. Los estudiantes que concurren a esta selectividad no se juegan, por tanto, el título de bachillerato, como pretendía José Ignacio Wert, el exministro de Educación que ideó la reforma educativa.

A efectos prácticos, la única diferencia con las pruebas de años anteriores es que la asignatura de modalidad de la que cada estudiante se examina en función del bachillerato que haya cursado es, esta vez, la misma para todo el mundo. Hasta ahora, se podía elegir entre 21 materias distintas.

Así las cosas, en la denominada fase general, los alumnos harán una prueba de Lengua Catalana, otra de Lengua Castellana, otra más de Lengua Extranjera y una cuarta, a escoger, entre Historia e Historia de la Filosofía. Además, quienes hayan hecho el bachillerato científico-tecnológico tendrán que realizar obligatoriamente la prueba de Matemáticas; los del bachillerato humanístico, la de Latín; los del bachillerato social, la de Matemáticas aplicadas a las ciencias sociales, y los del artístico, la de Historia del Arte o Fundamentos de las Artes.

En la fase específica, que es la que da la posibilidad de subir la nota final hasta los 14 puntos, los estudiantes pueden examinarse de tres materias de modalidad entre las 21 asignaturas optativas que hay en bachillerato: con la nota ponderada de las dos mejores calificaciones se calculará la nota de admisión a la carrera elegida.

EXÁMENES POR COMPETENCIAS

En contra también de lo que se dijo, los exámenes no serán tipo test, sino que mantendrán una estructura idéntica a la de ediciones enteriores. Es más, según insiste la Generalitat, en Catalunya la tendencia es que las pruebas sean cada vez más competenciales. "Ya se hacen de esta forma, por ejemplo, en Biología", ha recordado el secretario de Universitats, Arcadi Navarro, que ha indicado que, como ya ocurre en primaria y en secundaria, este cambio de enfoque hace "que se estudie de forma diferente, que las clases se impartan de una forma distinta y que los alumnos salgan mejor preparados".

La intención de los organizadores de la selectividad es que "haya más asignaturas por competencias cara al 2018", ha dicho Navarro en declaraciones a Europa Press. No es labor sencilla, ha advertido el secretario de Universitats, ya que la elaboración y redacción de un examen competencial requiere de un proceso mucho más laborioso que uno convencional. También su corrección es más lenta. Con todo, ha subrayado que los pedagogos coinciden en la conveniencia de potenciar "la evaluación de las competencias que la de la mera memoria" y ese es el modelo que se quiere implantar en Catalunya. 

Los actuales exámenes memorísticos han llegado a un nivel tal de éxito que la tasa de aprobados no deja de crecer, hasta superar los últimos años el 97% de los alumnos presentados.

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