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Arrestado hace un mes por los Mossos

El estafador que seducía a las mujeres

Francisco Gómez fingía ser piloto de aerolíneas o sargento de Salvamento Marítimo

Se desconoce la cifra real de víctimas de un embaucador que ya ha sido detenido en 16 ocasiones

GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

Francisco Gómez en una fotografía que envió a una de sus víctimas. 

Francisco Gómez en una fotografía que envió a una de sus víctimas. 

Francisco Gómez (David Barceló para sus víctimas) es un estafador hiperactivo. Y en los últimos años ha desplegado su talento para el embaucamiento en Catalunya. Seduce a las mujeres para quedarse con su dinero. Lo hace fabricando mentiras que clava en el corazón. Carla, una de las engañadas, retrata al personaje con pinceladas de dos escenas reales que hablan por sí solas. Son estas:

En la primera, Carla y David estaban sentados en la terraza de una cafetería. Junto a ellos había un niño con síndrome de Down. David deslizó esta frase: "Yo dono todo el dinero que dan los beneficios de las empresas de mi padre a una asociación dedicada a esta enfermedad". En la segunda, David, tras saber que Carla había intentado sin éxito ser madre en solitario a través de la reproducción asistida, le promete que con él podrá tener hijos sin necesidad de la fecundación artificial. "Tendrás dos, y estarás embarazada antes de Navidad”. A Carla, al recordar esto último, se le escapa alguna lágrima.

UN ESTAFADOR DE ALTOS VUELOS

David Barceló usó el mismo nombre pero otro apellido en el País Vasco. Entonces no se hizo pasar por sargento de Salvamento Marítimo destinado en Galicia, como fingía ser en Barcelona. Entonces simulaba ser piloto de una compañía aérea. A algunas de las mujeres que engatusó incluso las citaba en el aeropuerto. Venían a buscarlo y salía de la terminal con el uniforme de piloto, con la gorra bajo el brazo. Fue desenmascarado por Silvio, un hombre a quien intentó robarle más de 30.000 euros. Aunque su especialidad han sido siempre las mujeres, "tomaba el pelo a todo el que se le acercara porque no tiene amigos", aclara Silvio. "Yo le he visto romper un matrimonio persiguiendo sin descanso a la mujer hasta convencerla de que tenía que dejar a su marido. El objetivo era aislarla para estafarla cuando recibiera la mitad del patrimonio conyugal", explica.

En junio del 2010 fue condenado en San Sebastián por estafar medio millón de euros a diez personas con otras tantas trampas. El 'Diario Vasco' publicó ese día su nombre real, Francisco Gómez Manzanares (Vitoria, 1974), en una noticia acertadamente titulada ‘Un estafador de altos vuelos’. En el 2008 ya había sido juzgado en Ourense por liar a otra mujer a la que convenció para montar una agencia de viajes. Desde 1994, Francisco ha sido detenido en 16 ocasiones por estafas cometidas en Vitoria, Eibar, Soraluze, Barcelona, Madrid o Zaragoza. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas víctimas ha dejado en el camino. 

LA TRAMPA

Francisco no tiene trabajo. "Pero deberían darle una medalla por ser el más currante". La frase es de Silvio, que destaca la atracción enfermiza de un hombre por el dinero. Gracias a las ficciones laborales en el cuerpo de submarinistas de Salvamento o en la flota de vuelos comerciales, podía simultanear numerosas relaciones sentimentales. Justificaba sus largas ausencias escudándose en las obligaciones del supuesto trabajo. Pero siempre estaba con las otras.

El cortejo de Francisco se basa en confundirlas diciendo "todo lo que quieren oír las mujeres", explica Esther, otra de sus víctimas. "No paraba de hablar de su madre, y de su sobrina, y de que a él no le gustaban los rollos de una noche porque buscaba algo serio". Mide más de 180 cm, tiene los ojos azules y “no es feo”. Si a eso se le suma un rendimiento sexual aceptable y una jerga incesante que abotarga cualquier mente, la combinación casi siempre resulta ganadora.

Mientras ellas creen que han encontrado pareja, él propone viajes e inversiones para comprar un piso a medias. "Tenía dos móviles, ambos de prepago, y nunca me dejaba acercarme a ellos", recuerda Carla. Siempre pagaba en efectivo, le gustaba llevar un fajo grotesco de billetes de 50 euros. Toda la documentación que podía delatarlo la guardaba en una cartuchera que mantenía celosamente atada a su cintura.

EL FIN

Si las mujeres se interesaban por la marcha de los negocios en los que habían invertido, sacaba su lado "más agresivo". "Ya veo tu interés, solo puto dinero. Dinero. Dinero. Dinero. Dinero. Tú de sentimientos una mierda". Esta fue la respuesta que le dio a Carla a través de una discusión por whatsapp, que todavía conserva, desencadenada al preguntarle por el ático que, en teoría, acababa de comprar con su dinero. "Es un manipulador, una mala persona", asegura.

Captura del móvil de Carla

Carla descubrió finalmente el engaño gracias a un error que cometió Francisco. Era socio de una tienda de ropa y en el tiquet de compra se imprimió su nombre real. Carla lo metió en Google y apareció la noticia del 'Diario Vasco'. Al enterarse, se mostró distante con él pero no se atrevió a contarle por qué. Francisco se lo olió y puso en marcha su plan de fuga. Ella lo denunció, sin resultados, ante los Mossos. "Al final hundía psicológicamente a las mujeres para desorientarlas y escapar sin ser denunciado", explica Silvio.

Un cabo de los Mossos d’Esquadra en Sant Feliu de Llobregat, al ver a Esther temblando tras presentar su denuncia, comprendió enseguida el peligro que tenía Francisco en libertad. Junto a dos agentes de la Unidad de Investigación Básica se puso a seguir su rastro y lograron detenerlo el 11 de marzo. 

Francisco ha ingresado preventivamente en prisión por estafar a cinco mujeres en Catalunya. Esther, Carla y Silvio -tres personas reales ocultas tras tres nombres tan falsos como toda la vida del estafador al que siguen temiendo- han querido hablar con este diario para averiguar si existen más víctimas. También para evitar que las haya en el futuro, cuando pise de nuevo la calle e invente por completo una vida con el objetivo de destrozar las que hagan falta.