un motor económico para el municipio

Aitona, el Japón rosado de Catalunya

Las visitas guiadas a los campos de melocotoneros del pueblo se han convertido en un gran gancho turístico

Un visitante fotografía los campos floridos de Aitona.

Un visitante fotografía los campos floridos de Aitona. / ADRIÁN ROPERO / DEFOTO

3
Se lee en minutos
ESTHER CELMA / AITONA

“Ohhhh”, exclama más de uno al ver la delicada cascada de flores caer al suelo tras frotar con la mano la rama de un melocotonero. La rama pierde el colorido y recupera su aspecto leñoso, aunque las flores supervivientes la salpican de rosado y blanco. En ese instante, se hace añicos una imagen estéticamente pura, la de la voluntad de una naturaleza que derrocha medios para perpetuarse, ajena a su propia belleza y a toda lógica humana.

Pero la lógica, por descontado, existe. La que rige la mano que ha mecido la rama es la de Miquel Bosch, tres facetas en una: concejal de Agricultura de Aitona (Segrià), payés y un guía más entre sus convecinos agricultores de Fruiturisme, la oferta pionera de convertir el paisaje de este valle del Jerte catalán en un gancho turístico que no para de atraer público. Este fin de semana, están confirmadas cerca de 700 personas. Es la primera de sus seis ediciones en las que apuestan por grupos grandes y calculan multiplicar los casi 2.000 visitantes del año pasado.

CURSOS DE GUÍA

“Hicimos un curso de guía en la Universitat de Lleida, pero las explicaciones surgen sobre la marcha”, señala Bosch, acompañado de otro agricultor, Agustí Sampietro, caminando con el grupo entre frutales en flor. Se entusiasman explicando que Aitona produce, ella sola, 100 millones de kilos de melocotones.

Bosch explota unas 25 hectáreas de melocotoneros de las 8.000 que cultiva este pueblo y por eso sabe explicar con autoridad a un grupo de escolares del colegio Sant Jaume de les Heures de Lleida por qué ha arrancado flores de la rama  y esos “ohhh” de auténtica pena al verlo.

Demasiada floración significa melocotones pequeños, de poca calidad, al estar demasiado repartido el vigor del árbol. Por eso, con paciencia infinita, los payeses obligan a aferrarse al árbol a las mejores flores, las que se convertirán entre mayo y junio en melocotones dorados y carnosos. Pero no tan sabrosos como podrían y deberían.

LA LÓGICA DEL MERCADO

Otra vez manda la implacable lógica del mercado. La misma que protege a la fruta de plagas, desdeña la fruta madurada al punto, dulce y jugosa. Se convertirá en zumos porque no soportaría todo el proceso de envasado para ser transportada, la mayoría exportada a miles de kilómetros de este paisaje que ha seducido incluso al cónsul del Japón, habituado a los cerezos en flor, en sus dos visitas a Aitona.

Las explicaciones de Bosch dan un toque de realidad a las hileras infinitas de árboles de colores. Para el visitante, es un bellísimo y efímero espectáculo, y para el pueblo, todo un motor económico. Con apenas 2.500 habitantes, en verano doblará su población para recolectar melocotones, nectarinas, paraguayos en sus decenas, cientos de variedades, que se despliegan a los ojos inexpertos del turista, incapaz de distinguir las diferencias, tan claras como el agua para Bosch, que explica ahora por qué renunciamos a la mejor fruta.

UN PRECIO "VERGONZOSO"

Noticias relacionadas

Las cajas de melocotones se apilan en palés y, cuando ya están a punto de cargarse en camiones, el comprador palpa uno solo al azar. Si se hunde, aunque sea un poquito bajo su dedo, desdeña la carga entera porque llegaría mal a su destino.

Los escolares lo entienden a la primera. Sus preguntas son prácticas, como, por ejemplo, cómo reconocer las nectarinas con pelos de las lisas entre tantas variedades. Dos parejas de jubilados de  Barcelona que se han acoplado al grupo escolar abren bien los ojos y parece que olfateen el aire. “Es fantástico”, acierta a Eduardo Polío, de 70 años, Tanto como “vergonzoso” que el kilo de melocotón -engendrado en estas flores que se peinan a mano, en estos árboles podados a medida de los temporeros que vendrán, con trampas naturales para insectos, controlados y regados con esmero- no pase de los 30 céntimos