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Hyperloop, la novedad de un viejo sueño

La idea de transportar mercancías y personas en cápsulas por un tubo no es nueva, pero Elon Musk la ha potenciado en los últimos años

NACHO HERRERO / VALÈNCIA

El Hyperloop de la UPV, atracción de futuro. / MIGUEL LORENZO / UPV VÍDEO

El Hyperloop de la UPV, atracción de futuro.
Imagen virtual del Hyperloop diseñado por la Universidad Politécnica de Valencia.

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Cuando el multimillonario sudafricano Elon Musk habló por primera vez del Hyperloop en julio del 2012, lo presentó como “el quinto medio de transporte” y casi todo el mundo pensó que era algo absolutamente revolucionario, pero no era exactamente así. La idea de transportar mercancías y personas en cápsulas por un tubo por medio de aire comprimido, succión o en condiciones cercanas al vacío no es precisamente nueva, tiene algo más de dos siglos y, en parte, ya se hizo realidad. De hecho, sigue funcionando. Basta con entrar a casi cualquier supermercado y ver cómo desde las cajas se envía el dinero recaudado metido en unas cápsulas a otro punto de la instalación mediante unos tubos.

En su primera versión fue obra del ingeniero escocés William Murdoch, aunque otros ya habían hecho aproximaciones teóricas. En unas décadas llegaron los primeros prototipos de los llamados trenes atmosféricos, principalmente en Inglaterra y Estados Unidos, pero los altos costes hicieron que se abandonara progresivamente la idea, hasta casi caer en el olvido. Pero cuando en el PandoDaily 2012, un evento organizado por una web de tecnología, Musk retomó la idea, todo arrancó de nuevo tras casi un siglo hibernando en el tubo del olvido.

Musk tiene el perfil y el currículo perfectos para impulsar de nuevo este proyecto. Por un lado porque es físico y empresario y por otro, y esto es especialmente importante, porque es el creador de PayPal, el sistema de pago en línea más extendido del mundo, y de Tesla, el primer coche eléctrico que parece que será mayoritario. Dos grandes avales para atraer conocimiento y, sobre todo, inversiones.

En aquella primera exposición, todo parecía relativamente sencillo. Un tubo casi al vacío, una cápsula que podría viajar a unos 1.000 kilómetros por hora con poco gasto energético y una infraestructura tampoco demasiado cara. Como gancho final dejó la idea de viajar entre Las Vegas y San Francisco en apenas media hora. Durante unos meses ingenieros de Tesla y de Space X, otra empresa de Musk que se dedica al transporte aeroespacial, trabajaron en el proyecto pero en el verano del 2013 se cambió el enfoque y se abrió el proyecto a aportaciones externas. Pasaba a ser de código abierto y las empresas del sudafricano convocaron el concurso de prototipos e ideas en el que está inmerso el equipo de la Universitat Politècnica de València.

Con el apetecible cebo lanzado en el 2012, la idea era atraer a algunos de los mejores expertos, o futuros mejores expertos, en todos los campos implicados y sin tener que pagarles. Otra genialidad en aras de las anhelada eficacia, porque lo más difícil ya no es solucionar los problemas técnicos que aún quedan por solventar sino lograr que sea un proyecto viable. Es decir, rentable.

Emiratos Árabes, Finlandia y Holanda ya estudian cómo implantar una red de transporte mediante estas cápsulas

UNA EMPRESA YA LO 'VENDE'

Aprovechando esta iniciativa de código abierto, se han creado ya varias empresas que quieren empezar a comercializarlo y entre todas ellas destaca Hyperloop One. Impulsada por el inversor iraní Shervon Pishevar, amigo personal de Musk, algunas informaciones apuntan a que habría recaudado ya unos cien millones de dólares para desarrollar un prototipo real.

En noviembre, la compañía anunció un acuerdo con la agencia de transporte de Dubái para el estudio de una red de transporte con estas cápsulas en los Emiratos Árabes. Finlandia y Holanda también se lo estarían planteando y esta misma semana la empresa ha confirmado que ha iniciado conversaciones con el gobierno de la India. Esta compañía ha convocado su propio concurso, que también cuenta con un equipo español entre sus semifinalistas. Su proyecto, uno de los 34 elegidos entre más de 2.000, propone unir Madrid y Tánger y salvaría el Estrecho de Gibraltar con un túnel 'flotante'.

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