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Entre competencias e incumbencias

Las administraciones que quieran pueden estar presentes de muchas maneras en la manifestación del sábado 18

Joan Subirats

Manifestación en Barcelona a favor de los refugiados, el pasado mes de septiembre.

Manifestación en Barcelona a favor de los refugiados, el pasado mes de septiembre. / RICARD CUGAT

Hace ya muchos años oí al entonces alcalde de Vitoria, José Ángel Cuerda, afirmar con rotundidad que en temas de dignidad y justicia social, “donde acaban mis competencias empiezan mis incumbencias”. Evidentemente hacía referencia al desequilibrio existente entre estar en primera línea como alcalde y como responsable de la Administración más cercana a los problemas, y la escasez no solo de recursos sino también de prerrogativas legales para hacerles frente.

El acto del pasado sábado, 'Volem acollir', más allá de su indudable impacto, se convirtió en un debate sobre responsabilidades y sensibilidades cutáneas. La frase de Jordi Évole en la que pedía ir más allá de la estricta observancia de las prerrogativas legales de cada esfera de gobierno, acabó derivando en un capítulo más del ya clásico “Madrid no nos deja”.

En el tema de los refugiados no se trata solo de descubrir a quién le toca el marrón de gestionar y acoger a los que huyen de la muerte y de una existencia miserable, sino de que cada uno haga lo que pueda para contribuir a las cosas mejoren y logremos establecer parámetros de dignidad sostenible en cuantos más sitios mejor. Muchas veces el problema es la voluntad de protagonismo de los gobiernos que confunden tener competencias con el “dejarme solo”. Es bastante más sencillo y legalmente posible acompañar a quienes hacen cosas, emprenden acciones y toman iniciativas desde los espacios de ciudadanía organizada, y en ese acompañamiento (que implica recursos, espacios, difusión, ayudas) no es preciso disponer de habilitación legal específica.

Los gobiernos y las administraciones que quieran pueden estar presentes de muchas maneras distintas en la manifestación del sábado 18 en Barcelona. Para ello necesitan sentir las incumbencias, más que disponer de las competencias.